1959. Casablanca. Mohamed V organiza uno de sus habituales partidos de exhibición. El monarca, amante confeso del balompié, se encarga de poner en liza a un equipo puntero para hacer las delicias del pueblo marroquí. Es el Ceuta. El equipo occidentalizado más cercano. El que recibía como misión divertir al prójimo en sucesivas rondas de amistosos por tierras alauís. La amistad del presidente del equipo ceutí con el antiguo sultán era la clave de aquella entente. Cuatro vizcaínos formaban parte de esa escuadra: José Luis Santamarina, Víctor Aurre, Bitoren Bilbao y Sabino Uriarte. Eran los vascos predilectos del emperador, los que trataban con él incluso después de los duelos y colaboraban en la expansión futbolística promulgada por Mohamed V. Al rey le salió bien la jugada y años después dio nombre al estadio donde hoy juega el Athletic la final de la Morocco Summer Cup.
Cuenta Santamarina que la organización de los torneos se desgañitaba en atenciones con los invitados. Les trataban como estrellas, con agasajos por doquier. «Nos llegaron a invitar al palacio real para cenar», relata el actual presidente del Comité de Entrenadores de la Federación Vasca de Fútbol (FVF). Allí, en la residencia veraniega del soberano, nunca se sentaban solos a la mesa. Les acompañaban las «más de veinte mujeres» del regente. Sí, sus esposas. Y es que la poligamia era algo habitual por aquella época en el reino africano, donde casi medio siglo después aún tiene su repercusión en la sociedad.
De los ostentosos palacios que visitó en el norte de África, el afamado goleador del Sestao Sport -por quien el Ceuta pagó un traspaso- todavía guarda algunas imágenes en sus retinas. Estampas de puro lujo. Como la indumentaria del propio monarca. Mohamed V tenía 50 años y un amplio fondo de armario. Se vestía, literalmente, de los pies a cabeza. Sin joyas, pero con la ropa a juego. «Siempre llevaba una túnica y el gorro típico de allí en la cabeza -el fez-», describe el ex futbolista.
Amante del balompié
Entre sus esposas -«casi siempre ataviadas con el tradicional velo islámico»- destacaba Lalla Abla bint Tahar, la madre del heredero y porterior sucesor Hassan II. Máximo gobernante del país hasta su muerte, en 1961, era el padre del actual mandatario: Mohamed VI. Durante su mandato empezaron a proliferar por el país los mausoleos y plazas en honor al hombre que acogía por todo lo alto a los vascos. Hasta el majestuoso campo de fútbol de Casablanca fue bautizado con el sobrenombre que utilizó cuando accedió al trono Mohammed ben Yúsef. Santamarina y compañía se quedaron sin conocer las nuevas instalaciones: «Nosotros no jugamos ahí, sino en otro estadio más modesto que existía antiguamente. Cuando lo vi el otro día por la tele me sorprendió. Parece inmenso».
Nada más finalizar los amistosos, el monarca siempre hacía entrega al ganador de un trofeo. «Se sentaba en un palco al que debíamos subir a por la copa, como si se tratara de una competición importante», relata el ex jugador. Se había convertido en tradición.
Más arriba, era costumbre importar jugadores de Euskadi para militar en el Atlético Ceuta, nacido de la fusión con un club local y el Atlético Tetuán. Hasta el entrenador, Juan Ramón, tenía sangre vasca. «Era de Erandio», recuerda José Luis Santamarina. Jugaban en la equivalente a la Segunda B, donde se convirtieron en unos temidos rivales. «Entonces se creía que los del norte teníamos más casta y por eso nos fichaban». Llegaron a medirse al Athletic de Carmelo y Koldo Aguirre en la temporada 1959-60. No fue un encuentro oficial, sino un amistoso «organizado cuando el equipo rojiblanco estaba en Andalucía para disputar algún partido de Liga». Y ganaron los 'leones'.