El Athletic ha comunicado al Eibar que en los próximos días negociará el fichaje de Joseba del Olmo, un extremo izquierdo de 27 años que ha sido el jugador más importante de los azulgranas. Las fuentes de la junta rojiblanca consultadas por EL CORREO dan por hecho que el capítulo de fichajes se cerrará con tres incorporaciones: el ya contratado Toquero, Yuri Berchiche, que puede regresar desde el Tottenham, y Del Olmo. Jaime Barriuso, presidente de los azulgranas, ya conoce que la directiva bilbaína esperará al final de la temporada, el domingo en Gijón, para abrir los contactos.
El extremo tenía ayer razones para ser un hombre feliz. Después de un final de campaña mediocre y sin fuelle, el Eibar amarró el domingo la permanencia a costa de ganar al Numancia. «Sentimos que nos hemos quitado un peso de encima. Algún compañero dijo en el vestuario que es como cuando te sacas el carnet de conducir».
A la hora de hablar del Athletic, admite sentir una sensación de desconcierto. Desde que este periódico reveló en noviembre que Joaquín Caparrós le había incluido en la lista de futuribles, es constante objeto de preguntas sobre el asunto. «Mis amigos y hasta mis aitas quieren saber algo y no sé qué contestarles. Sé lo que se dice en los periódicos. Ya hasta me he hecho ilusiones, es inevitable, aunque yo no quiero volverme loco».
Pase lo que pase, Del Olmo está feliz. Llegar al Athletic cuando él pensaba que en el Lutxana, entonces en Regional Preferente, había tocado techo con 17 años es una gran satisfacción. «Mi carrera se ha basado en subir escalones. Poder ir al Athletic sería alcanzar la cima de una montaña enorme. Más arriba del Athletic no hay nada».
Después de probar sin éxito con equipos inferiores rojiblancos, fue reclutado por el padre de su hoy compañero en el Eibar Ander Alaña para los infantiles del Lutxana. Con 17 años le citaron para hacer la pretemporada con el equipo del barrio baracaldés. «Para mí era el copón. Pensaba que era imposible quedarme, pero lo hice». Dos campañas después firmó por el Arenas y comenzó su escalada, con paso por el Lemona antes de firmar por el Barakaldo.
«Para mí era lo más grande, el equipo de mi pueblo y con una gran historia. El primer año casi entramos en el 'play-off', pero el segundo casi descendimos. Metí el gol de la permanencia en Anoeta ante el Sanse. Me habían hablado de renovar». Pero de repente aquella tarde de alivio donostiarra vio como los máximos responsables del club se escabullían. «Estaba en el vestuario de Anoeta encantado. Entra en míster ('Rocky' Liceranzu), y ni caso. Entra el presidente (Roberto Gijón), y ni caso; entra otro directivo, y nada. Pensé 'pues parece que no me van a renovar'». Así fue.
Firmó por el Sestao, recién ascendido a Segunda B. Por primera vez en su carrera tuvo la sensación de que no avanzaba hacia la cima, sino de regreso al campo base. «Fue un palo. Del Barakaldo tuve que salir por una ventana. El Sestao parecía un paso atrás, pero fue el mayor paso hacia adelante de mi vida». Allí sintió por primera vez el honor y la confirmación de que no era uno más. «Fui con galones, que era lo que me transmitía el míster, Carlos Pouso».
Luego el Eibar. Aterrizó con expectativas modestas. «Llegué con la idea de jugar un minuto en Segunda A, me conformaba con debutar. Pero hice una pretemporada en la que comía la hierba del campo. Pensaba 'pero si estoy como un avión', pero no tenía muchas esperanzas de jugar. Les veía a los otros y decía '¿que pinto aquí yo que vengo del Lutxana?' No me olvidaré del primer partido en Ferrol. Estaba en la alineación y pensé 'el minuto que dabas por bueno ya lo tienes'. A los 17 minutos metí un gol y pensé '¿esto que es?' En cada momento de mi carrera he tenido la sensación de que toco techo».
«Mira el contrato»
Del Olmo cuesta 300.000 euros, la cantidad fijada en su cláusula de rescisión. Como daba por bueno jugar apenas un minuto, ni reparó en la indemnización firmada. Fue en marzo cuando se enteró. «El Eibar había dicho que era de 1,2 millones y mi aita me dijo '¿es tanto? Mira el contrato'. Lo hice y ponía 300.000».
El Eibar, según indicó ayer su presidente, Jaime Barriuso, no negociará. «Es una cláusula asequible que no se puede bajar». Clubes de Segunda como el Cádiz y el Tenerife han reparado en él. El Athletic puede estar tranquilo. El dirigente azulgrana da prioridad a Ibaigane.
Convencido de que puede vivir del fúbol ha decidido privilegiar el deporte a su carrera profesional. Licenciado en Económicas, trabajaba hasta hace cuarenta días como comercial de la empresa metalúrgica Vinco, de Larrabetzu. «Cuando fiché por el Eibar les dije que lo dejaba, aunque me suponía perder dinero porque entre lo que me daba el Sestao más el sueldo era más de lo que gano en el Eibar. Al final me dieron media jornada y facilidades, pero he acabado agotado. No podía más. Les dije que lo dejaba y pensaban que era porque iba a fichar por otro equipo, aunque se lo negué». Es probable que el tiempo les dé la razón pronto.