San Mamés merecía otra despedida |
Los detalles de Susaeta y el trabajo de Llorente fueron casi lo único destacable de un Athletic sin sal y de un partido flojo
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JON AGIRIANO
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No fue la despedida vistosa de la temporada que merecía San Mamés, pero a estas alturas tampoco conviene esperar mucho. Es lo mejor para no llevarse berrinches. Durante la semana, se intentó hinchar la vena del Athletic recordando sus derrotas con el Racing y la necesidad inexcusable de 'vendetta' siciliana, pero cuando llegó el momento la mala sangre de los rojiblancos no apareció por ningún sitio. El equipo de Caparrós, que tras la derrota del Deportivo mantiene pese a todo opciones de Intertoto, jugó ayer un partido flojo ante un Racing que ya está muy justito de fuerzas pero todavía mantiene las costuras y un cierto oficio; por lo menos el suficiente para llevarse un trabajado puntito de San Mamés que puede serle vital en su lucha por la UEFA. El domingo, ante Osasuna, dependerán de sí mismos.
No hubo muchos protagonistas en el partido, cuya segunda parte fue un suplicio para los sentidos, de modo que los pocos que destacaron, para bien o para mal, merecen ser recordados. El primero de todos fue Susaeta, de largo el mejor futbolista sobre el campo. El descanso del miércoles le sentó de maravilla al eibarrés, que ayer saltó al campo con ganas de liarla, algo que el público agradece muchísimo. Y es que, si no existieran futbolistas como Markel Susaeta, habría que inventarlos para que el fútbol no acabase muriendo de 'rigor mortis', de falta de imaginación, de vejez y aburrimiento.
El aficionado observa a Susaeta driblando, haciendo caños y cabriolas, controles orientados y tacones, y es feliz. Y uno le entiende, porque lo cierto es que da gusto ver a esos jugadores que salen al campo como cuando eran niños y salían de casa con una caja de petardos o de bombas fétidas. A armarla, vamos. Pinillos puede dar fe de ello. La pena es que a algunas de las bellas jugadas de Susaeta les faltó la guinda del último pase o los disparos se le fueron por poco -el minuto 22, por centímetros en la mejor ocasión del partido-, pero aún así nadie discute que el joven canterano fue de lo poco sugerente que se vio ayer en San Mamés. De sus compañeros, el único que estuvo a su altura fue Llorente, que se dio una paliza de miedo. El trabajo del delantero de Rincón de Soto como 'target man' rojiblanco comienza a ser extenuante. A rozar el esclavismo. Y es que, como ocurría en los tiempos de Ismael Urzaiz, en muchas ocasiones a uno se le figura que el Athletic, más que uso, hace abuso del delantero grandullón que tiene allá arriba, en territorio enemigo.
Un mal árbitro
Dicho queda que no hubo mucho que ver en el campo -apenas se registraron ocasiones- y lo cierto es que el amigo Velasco Carballo tampoco ayudó a que lo hubiese. El madrileño es uno de esos trencillas rígidos y reglamentistas en grado sumo a los que el juego les trae sin cuidado. A este tipo de árbitros, dúctiles como un bloque de hormigón armado, les da igual interrumpir el partido veinte veces que cuarenta. El fútbol, piensan, no es cosa suya. Lo suyo es aplicar las tablas de la ley y que nadie se pase ni un pelo. Ni un pelo o le empapelo. Ese es su lema. Así las cosas, el fútbol entre el Athletic y el Racing, que tampoco era para echar cohetes, se fue ensombreciendo y espesando, hasta hacerse francamente indigesto, con constantes interrupciones por faltas o faltitas.
No hubo remedio para estos males y la cosa quedó en cero a cero. Ni frío ni calor. La Intertoto sigue siendo un sueño lejano que todavía ilusiona a algunos. No a Yeste, por lo visto, que salió en los minutos finales y volvió a demostrar su templanza y compromiso, ese poso de saber estar y frialdad que da la veteranía. Tanto, que se autoexpulsó con el partido terminado. Un crack, oiga.
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