EL ANÁLISIS/ Un invitado inesperado |
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ANDONI AYARZA
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Todo estaba preparado en una 'Catedral' que levantaba el telón a una jornada tremendamente emotiva. Y así fue. Los pelos se pusieron como escarpias cuando entre el clamor popular 'Gurpe' atravesó el pasillo de honor que le dispensaron los peñistas. Sólo faltaba la guinda.
Por desgracia tardaron muy poco los bermellones -ayer zainos- en comenzar a amargar la fiesta a los 'leones'. Habían transcurrido tan sólo dos minutos de juego cuando Güiza, tras magistral asistencia del venezolano Arango, ganaba la espalda a la defensa, realizaba un control de alta escuela y superaba a Armando en su salida.
Afortunadamente reaccionó el Athletic con prontitud y, tras varias acciones de mérito sin premio, era Llorente quien de cabeza y a la salida de un córner ponía la igualada en el marcador. Fueron los mejores momentos del equipo. Especialmente por una banda izquierda donde las triangulaciones entre Del Horno y Gabilondo pusieron pimienta al ataque de los de Caparrós.
Pero enfrente los isleños seguían dejando muestras de la abundante clase que atesoran muchos de sus futbolistas. Aun con todo ni unos ni otros consiguieron volver a alterar un marcador que repartía justicia al descanso.
Tras la reanudación, los de Manzano fueron llevando poco a poco el partido a su terreno. Restando ritmo e intensidad al choque fueron apostando por la posesión pausada del esférico para clavar la puntilla en alguna acción aislada. Una posesión que, por otro lado, entre los cambios realizados y el cansancio acumulado, el Athletic prácticamente había entregado. Y así ocurrió. Mediada esta segunda mitad el saque de esquina de Ibagaza encontraba las cabezas de Valero, primero, y de Güiza, después, para certificar ese instinto matador que siempre acompaña a los goleadores.
A partir de ahí, y aunque bien es verdad que el Athletic tuvo una triple ocasión en el último suspiro, el devenir del partido para los nuestros fue más bien un quiero y no puedo ante un equipo con oficio que gastó la pólvora justa para llevarse los tres puntos.
A título personal me quedo con dos nombres propios, nuestros dos 'Fernandos', Amorebieta y Llorente. El central, en la línea de toda la temporada, estuvo imperial, especialmente en la primera mitad; y el ariete, a un gran nivel durante todo el encuentro. Poderoso en el juego aéreo, sensacional en el juego de espaldas, aguantando, asistiendo..., en definitiva, evidenciando una progresión que nos garantiza muchas tardes de gloria de cara al futuro.
En fin, así se esfumó una tarde programada para el festejo en la que finalmente un invitado inesperado, Dani Güiza, fue quien apagó las velas de nuestra tarta de bienvenida. Pero que nadie se rasgue las vestiduras. La revancha ya llama a la puerta y el velatorio 'pimentonero' del próximo miércoles se antoja un escenario ideal para pescar en río revuelto y volver a pensar que todavía es posible.
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