«Nunca me he sentido solo» |
El futbolista navarro abre el baúl de los recuerdos el día de su regreso a San Mamés tras dos años de sanción
|
|
ROBERT BASIC r.basic@diario-elcorreo.com
|
|
|
|
|
|
 |
CAMINO A SAN MAMÉS. Carlos Gurpegui posa con los \u0027uniformes\u0027 del Athletic en Lezama. / FOTOS: BORJA AGUDO
|
-Estando en el túnel del Bernabéu, tras dos años de espera, ¿hacia dónde viajaron sus pensamientos?
-Al campo. Era un momento de estar concentrado y de olvidarme de estos últimos dos años en los que he estado sin competir.
-Cuando saltó al césped, ¿se acordó de algo? ¿De alguien?
-De mi familia. Después de tanto tiempo estaba otra vez donde merecía estar y quería demostrar que, a pesar de los dos años de sanción, podía estar a un nivel aceptable.
-Sus padres estuvieron allí.
-Al principio no querían ir porque era Madrid, un campo contrario, para no escuchar cosas desagradables. Pero según pasaban los días las ganas iban en aumento y, al final, estuvieron allí. Nunca me han dejado solo, ni mis padres ni la afición. Nunca me he sentido solo. Siempre ha habido mucho apoyo. Desde el campo pude leer una pancarta que decía: 'Nunca caminaste solo. Ahora tampoco'. Me llevé una alegría al verlo allí, en el Bernabéu.
Los amigos de Carlos Gurpegui dicen que es un chaval reservado, que no muestra sus sentimientos. «Se guarda para sí mismo tanto lo bueno como lo malo». Almacenar penas le ha hecho madurar. La entrevista tiene lugar en un despacho de las instalaciones de Lezama. El de Andosilla no deja de sonreír. Respira libertad y le gusta cómo huele. Tiene ganas de hablar de fútbol, pero responde a todo y, en cierto modo, desnuda un alma que deja entrever las cicatrices.
En las distancias cortas se muestra relajado, amable y cálido. Cuando habla mira a los ojos. Confiesa que ha sufrido «un montón», que sus mejillas se volvieron saladas más de una noche. Una sanción de dos años por dopaje le ha hecho contemplar la vida de otra manera, calibrar el verdadero significado de la amistad. Hoy regresa a San Mamés como jugador, 730 días después, para disfrutar de un día mágico que quedará grabado en su memoria. Con la grabadora en marcha, empiezan a brotar los recuerdos...
-Todo comenzó en la temporada 2002-2003, en un hotel de Zamudio. Vino Jupp Heynckes y le dijo que tenía que ir a Lezama. ¿Intuyó que pasaba algo malo?
-¿Qué va! Era mi primer año, habíamos jugado un par de partidos y pensé que me iban a poner un vídeo para ver mis actuaciones, cosas que tengo que mejorar... Pero cuando llegué a Lezama...
-Le estaban esperando en un despacho Andoni Zubizarreta (entonces director deportivo) y Sabino Padilla (jefe de los servicios médicos).
-Sí, no sé si había más gente del club. Me empezaron a explicar lo que había pasado y yo no sabía por dónde cogerlo.
-Cuando le comunicaron su positivo por nandrolona, ¿qué sintió?
-No sabía ni lo que era y tampoco lo que iba a pasar conmigo. Tuve la preocupación lógica de lo que conlleva un positivo, aunque no tenía ni idea de lo que me iban a hacer.
-¿Qué hizo después? ¿Llamó a sus padres? ¿A su novia?
-Sí. El propio Athletic llamó a mis padres para contarles lo que había pasado. Les dijeron que no se preocuparan, que se iban a buscar soluciones. Recuerdo que poco después fui a casa y me encontré allí con mi novia y con Aduriz y Murillo, que por aquel entonces vivían conmigo. Tampoco podía decirles nada porque el club me pidió que fuera discreto, pero ellos me vieron bastante mal. Les dije que tuvieran paciencia, que esperaran un poco, que les contaría todo.
-En más de una ocasión confesó sus noches pasadas por lágrimas.
-Hubo una época de locura. Al principio podía jugar, luego no y después otra vez sí... Me volví loco. Me decía a mí mismo: 'Joder, ¿y qué va a pasar la semana que viene?'. '¿Y la siguiente?' Además, era un recién llegado al primer equipo y me asaltaban las dudas. Me preguntaba si todo aquello iba a acabar conmigo y, también, cómo iba a reaccionar la gente.
-¿En algún momento pensó en abandonar? ¿Alejarse del fútbol?
-Sí, sobre todo en los momentos jodidos. Piensas 'mira, me voy a mi casa, he vivido todo esto y ya está'.
-Quizás hubiera sido lo más fácil.
-Sí, irme al pueblo y trabajar con mi padre. Pero eso hubiera dado la razón a la gente que me ha machacado. Opté por tirar para adelante y creo que he salido bastante bien.
-Siempre ha dicho que sus padres lo han pasado peor que usted.
-Es verdad. Les animaba por una razón muy sencilla: quería que me vieran con una cara alegre, no triste y preocupado. Ellos estaban -y están- en Andosilla, un pueblo pequeño en el que resulta muy difícil lanzar a un jugador a Primera. En mi casa nunca se ha pensado que podía llegar hasta donde he llegado. Era un sueño y por causas ajenas estuvo a punto de partirse.
-Una y otra vez se refugiaba en Andosilla. ¿Qué encontraba allí?
-Sobre todo mucha tranquilidad. Era ir al pueblo y olvidarme de todo lo que estaba pasando, de lo que iba a pasar. Quería estar con mi familia, con mis amigos, hablar. Andosilla era una vía de escape.
-Cuando definitivamente le dijeron que iba a cumplir dos años de sanción, el mundo se le vino encima. Entonces lanzó una frase que aún se recuerda: «Volveré siendo mejor». ¿Fue un acto de fe o de rabia?
-No lo sé. Recuerdo que al principio estaba muy mal porque eran dos años de sanción... Tampoco sabía cómo iba a pasar el tiempo y cómo estaría al final. Entonces sacas lo que llevas dentro, te dices a ti mismo 'voy a entrenar a tope y mejorar las cosas que tengo que mejorar. Voy a ser un jugador más maduro'. Y me salió la frase.
-¿Llegó a odiar?
-Creo que sí. Ha habido gente que me ha hecho tanto daño... Mi carrera ha quedado muy perjudicada y espero que, a partir de la temporada que viene, sea simplemente un jugador normal, que forma parte de un equipo y juega o no en función de lo que diga el entrenador.
-¿Guarda rencor a alguien?
-No, perdono pero no olvido. No puedo olvidar lo que me han hecho. Es inevitable. He estado seis años pasándolas canutas, y sobre todo estos dos últimos.
-Siempre ha proclamado su inocencia, pero hay una sentencia firme que dice que usted consumió nandrolona.
-Nunca lo he hecho. No he consumido nada y creo que desde el club tampoco se me dio nada como para dar positivo. Si hubiera sabido que los médicos me estaban dando algo que podía derivar en un positivo, lo hubiera denunciado.
«Soy más maduro»
-Ahora que todo ha pasado, ¿teme que pueda dar positivo otra vez?
-Siempre está la posibilidad, pero no pienso en ello. El día que me toque (el control) ya veré cómo lo encajo. De todas formas, no quiero preocuparme ahora de esas cosas.
-¿En qué le han cambiado estos dos años de sanción?
-Soy más maduro. Antes, a la hora de jugar, había momentos en los que igual no arrancaba. Pero ahora confío más en mí mismo.
-Siempre ha contado con el apoyo del club.
-Si algo ha habido a lo largo de estos años tan complicados, en los que se han ido presidentes, entrenadores, ha sido una maravillosa unidad en torno a mi persona. Lo que me ha hecho venir a Lezama a entrenarme a diario ha sido el apoyo que me estaba dando la gente. Sin ese cariño me hubiera venido abajo.
-La afición se ha volcado con usted desde el primer momento.
-Nunca olvidaré lo que han hecho por mí. Mi familia iba a San Mamés y veía cómo me animaban. Y no sólo en el campo, sino también por la calle.
-¿Le ha apoyado algún jugador rival?
-No, no me ha llamado nadie.
-¿Lo esperaba?
-Tampoco. No creo que haya habido muchos que hayan dicho algo a mi favor.
-¿Cómo es posible afrontar una sanción de dos años y no perderse ni un solo entrenamiento, trabajando al cien por cien?
-Muchas veces me he preguntado lo mismo. La gente me dice: '¿Pero eres consciente de lo que has hecho?' Es la educación que me han dado y, además, tengo un compromiso con el Athletic, equipo que ha cambiado mi vida. Y luego está la gente. No quiero defraudar a nadie y sólo entrenándome a tope se puede lograr que la afición se sienta orgullosa de mí.
-¿Está en deuda con el Athletic?
-Por supuesto. Vine con 17 años y no sé si podré devolver algún día todo lo que me ha dado el Athletic. Es un club grande, enorme, por el que han pasado jugadores de altísimo nivel... Formar parte de su historia es lo más grande que hay.
-Cuando salte esta tarde al césped de San Mamés habrá 40.000 personas coreando su nombre, formando un mosaico con la inscripción 'Ongi etorri'. Al ver todo eso, ¿habrá merecido la pena aguantar?
-Sin duda. Tampoco creo que me merezca tanto. He hecho lo que tenía que hacer. De verdad, no sé si merezco todo eso.
-El día de su regreso a San Mamés, pida un deseo.
-Disfrutar del fútbol.
|
|
|
|
|