AMONESTACIÓN VERBAL/ Sibaritas |
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PATXI HERRANZ
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Dicen que los niños eran vestidos en trajes púrpuras y sus largos cabellos estaban atados con cuerdas de oro, que había canales que llevaban el vino directamente del campo a la ciudad, y que no se dejaba trabajar a los herreros y carpinteros porque el ruido que producían resultaba molesto. Se llamaban sibaritas porque eran de Sibaris, ciudad del golfo de Tarento, que fue en la antigüedad célebre por el refinamiento de sus habitantes. Les hubiese gustado la exquisitez del Athletic ante el Valencia. Hubiesen creado la peña los sibaritas.
Tras la conversión de san Pablo, la de nuestro equipo puede hacer historia, tan solo debemos escoger correctamente la puerta de acceso al laberinto. Una puerta nos lleva directamente a la UEFA, vía intertoto, se me antoja demasiado exigente; para abrirla habría que recoger al menos 3 de las 5 llaves que restan, y esperar a que encajasen en una clasificación blindada. La segunda, no conduce a Europa, pero nos puede dejar entrever un futuro placentero en el que los viajes por el viejo continente estarán asegurados. Dos caminos: el primero un pasatiempo sin soluciones en el final del periódico, el otro un reto que nos ilusiona, el camino de la verdad. Preparar un equipo para el final de esta década que nos pueda aportar algún título, y no confiar la suerte a una eterna partida de póker, que hemos tenido que jugar con garbanzos, porque los talonarios los llevan siempre los mismos, los que simplemente con observar desde una grada saben que tendrán en su hotel, a la vuelta, unos zapatos italianos.
Por mi parte vuelvo a sentirlas piernas, tras la delicatesen del otro día. Reconozco que me preocupaba mas el conseguir una clasificación holgada, que pensar en la Intertoto, pero llegados a este punto parece que sufrimos el suplicio del gourmet, nos colocan exquisitos bocados; un cocido madrileño, una ensaimada, unas clementinas, un Racing al que deseamos desayunarnos, y unos pescaditos fritos para rematar la faena, y por si esto fuese poco, cocinado a fuego lento por un maestro como Don Carlos Gurpegui que reaparece libre de todo pecado, y un artesano del fútbol como Joseba Exeberria, preparado para subirse al podio de la gloria rojiblanca. Esta vez no habrá pasillo, a pesar de que los golosos merengues se ven campeones. Si hemos podido con los de copa, por qué no vamos a poder con los de liga.
No nos exaltemos, que somos de boca fácil. Animemos con fuerza, eso sí, pero como suelen decir en las películas policiacas: cualquier cosa que diga ahora, podrá ser usada en su contra ante un tribunal. Si podemos ganar al Madrid hagámoslo, aunque parezca un accidente. Entonces abriríamos de un puntapié la tercera puerta, la de las grandes esperanzas. La de los placeres epicúreos, la del gozo, la del gusto que da ver a nuestro equipo cuando juega bonito.
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