«Debutó con nueve años y sin ficha» |
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R. B.
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COMIENZOS. Carlos Gurpegui, primero por la izquierda (de pie), con el River Ega. / AGUSTÍN UREÑA
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Agustín Ureña trabaja con los recuerdos. Cada vez que escucha el nombre de Carlos Gurpegui, el pasado regresa en forma de imágenes que inmortalizan una época. Los partidillos, el debut, la marcha al Lizarra, luego al Athletic... Reciclado al balonmano por 'culpa' de su hija, el primer entrenador del gladiador de Andosilla se derrite cuando habla de su pupilo; es más, confiesa que su mujer «quería un hijo como Carlos». Tuvieron una niña. «'Gurpe' era un portento. Su hermano Pedro le sacaba dos cabezas, pero no podía con él. Éste le pegaba unas patadas... Qué carácter».
Gurpegui jugaba en las categorías inferiores del River Ega. Cuando debutó a los nueve años «no tenía ficha», por lo que Ureña tuvo que pedir permiso para que le dejaran jugar. Se lo concedieron. «Hizo un partido fantástico. Le dieron tantos golpes que se le hinchó un tobillo y le tuve que sacar. Me costó Dios y ayuda cambiarle porque no quería salir. Tenía un pundonor que no había visto en mi vida». Conforme pasaba el tiempo, el 'míster' le usaba tanto para un roto como para un descosido. «De delantero, media punta, centrocampista... Daba igual, se adaptaba a todo. Atacaba y bajaba, era incansable, todo ganas y hambre de ganar».
Fuera del terreno de juego, rememora Ureña, «Carlos era un chinche. No se callaba y había que retenerle. Pero siempre ha sido un chaval estupendo, que ha contado con el apoyo de sus padres». Cuando se enteró de que había dado positivo por nandrolona, el hombre se llevó uno de los mayores disgustos de su vida. «Si en aquel momento me pinchan, no me sale sangre. Fue un palo». Ahora, tras dos años de silencio, se alegra de su renacer futbolístico. Hasta le tiembla la voz. «Tenemos ganas de verle sonreír otra vez».
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