EL ANÁLISIS/ El regreso del león |
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PATXI ALONSO
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FORTALEZA. Gurpegui está a punto de salir del túnel. / EL CORREO
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Cuando aún estamos celebrando los goles de Javi Martínez, Llorente, Iraola y Aduriz (definitivamente, la solución estaba en casa), otra buena noticia llama a nuestra puerta. Las alegrías, como las penas, nunca vienen solas. El equipo saldó una cuenta pendiente con la mejor afición del mundo. Y esta semana vuelve Carlos Gurpegui. Por la puerta grande. De titular y en el Bernabéu. La travesía del desierto llega a su fin. Para el Athletic y para el navarro.
El poeta mejicano Amado Nervo proclamaba con sorna que la suerte es como la policía: siempre llega tarde. Lo cierto es que en esta sociedad no existe lo justo, sino lo que prevalece y lo que sucumbe. Nuestro Club ha sobrevivido más de cien años. Gurpegui ha resistido dos. Quienes esperaban disfrutar del perverso espectáculo de un derrumbe colectivo y personal tendrán que hurgar en otro lado. Este cuento va a tener un final feliz. La calabaza se transforma en carroza. El Athletic golea. Gurpegui regresa. Dios existe. Y va a ser de Bilbao, oyes.
Dice un proverbio ruso que caer está permitido pero levantarse es obligatorio. Los chinos, maestros en estas citas, lo llevan más lejos y afirman que, si te caes siete veces, debes levantarte ocho. Está claro que ni rusos ni chinos conocen cómo se las gastan los nativos de Andosilla. La capacidad de este hombre para ponerle el pecho a los dardos venenosos que le han lanzado durante estos años no deja de asombrarnos. Se ha levantado más veces que Schwarzenegger en la secuencia final de 'Terminator'. Como aquel paisano que se paseaba por su pueblo en mangas de camisa en pleno invierno ante la admiración de sus vecinos. Creían que no tenía frío. Pero lo que no tenía era abrigo. La procesión iba por dentro. Aguantaba como sólo son capaces de hacerlo quienes tienen la conciencia tranquila. El maestro de periodistas y gran humanista Richard Kapuscinsky afirmaba que un hombre no empuña un hacha para proteger su cartera, sino su dignidad. Ese hombre es Gurpegui.
Más allá de los claroscuros que ofrece la sustancia del conflicto, Gurpegui se ha ganado nuestra admiración por la entereza con la que ha lidiado los juicios sumarísimos dictados por los fundamentalistas de la actualidad. Vuelvo al periodista polaco cuando nos recuerda que, para informar sobre algo, debemos esforzarnos por tener un conocimiento directo, físico, emotivo, olfativo, sin filtros protectores, sobre aquello de lo que hablamos. Pues bien, conocer a este navarro de mirada transparente equivale a creer en él. Abrumado en ocasiones por la prudencia ávida de nuestras consultas, imagino en estas horas al bueno de Carlos sintiendo el cansancio extraño pero excitante del corredor de fondo a pocos metros de la meta.
Al menos, Gurpegui no ha estado solo. A falta de abrigo, un capote de solidaridad se ha cernido sobre él en estos meses. Sus compañeros y la afición rojiblanca le han arropado, recordándonos que el fútbol puede ser ese soñado reino de la lealtad humana ejercido al aire libre. Camisetas, pulseras, actos solidarios, homenajes El Athletic, también en esto, es diferente. Acabo con unos versos de la poetisa argentina María Elena Walsh que me vienen a la mente en estas horas de alegría. 'Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, y sin embargo aquí estoy, resucitando'. Vuelve el Athletic. Vuelve Gurpegui. Bienvenidos a casa.
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