Noche de fiesta en San Mamés |
Con una soberbia goleada ante el Valencia que apuntala sus opciones de Europa vía Intertoto, el Athletic y su afición volvieron a disfrutar del fútbol tras dos años de penitencia
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JON AGIRIANO
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GOLEADORES. Llorente e Iraola celebran el tanto del defensa guipuzcoano.
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Hay que echar la vista atrás, hasta los años alegres de Ernesto Valverde en el banquillo rojiblanco, para recordar un partido del Athletic tan divertido y chispeante como el que jugó ayer frente al Valencia. La impresión del 5-1 ante la tropa del condenado Ronald Koeman fue embriagadora para la hinchada bilbaína, que llevaba dos años y medio santiguándose cada vez que entraba a San Mamés y había comenzado a olvidar que el fútbol no tiene que ser obligatoriamente una procesión de penitentes en un valle de lágrimas. No. El fútbol puede ser un espectáculo intenso que uno disfruta con el corazón desbocado y una sonrisa de oreja a oreja. Así se comprobó ayer durante una hora y media de placer futbolístico que se coronó, además, con una soberbia goleada que no se veía por estos lares desde hace nueve años, cuando al Alavés de Mané le cayó el diluvio. Lo cierto es que, técnicamente, la 'manita' fue excesiva para los méritos de los dos equipos -aunque el Athletic fue claramente superior, el Valencia tampoco dio la pena que indicó el marcador-, pero el resultado ahí queda. Para los anales y para que siga engordando esa estadística fatídica que condena al campeón de Copa a perder el partido de Liga que juega después de la final del torneo del KO. Son ya 19 años de derrotas, así que la cosa hay que tomársela en serio. Con menos motivos se han creado terribles maldiciones.
Motivo de orgullo
De largo, lo mejor de la noche fue ver a la gente pellizcándose a la salida de La Catedral. Y es que había algo extraño flotando en el ambiente; una sensación inquietante y perturbadora de estar en otro tiempo, en esa época feliz y perdida -apenas es un rescoldo ya en nuestra memoria- en la que el Athletic era el Athletic y San Mamés, San Mamés. En este sentido, puede decirse que los jugadores de Joaquín Caparrós hicieron ayer algo más que sumar tres puntos que espantan definitivamente a los últimos fantasmas de la permanencia -ésos que aún seguían emboscados en los hipocondriacos irremediables-, y que apuntalan las opciones de regresar a Europa vía Intertoto. Su mayor logro fue hacer que la hinchada se sintiera orgullosa de ellos y pasara un rato magnífico, de ésos que te cambian hasta la visión del mundo durante unas horas.
Los rojiblancos dejaron muy claro desde el pitido inicial que esta vez nadie iba a poder discutirles su actitud y su profesionalidad, como sucedió tras el espumoso partido de Riazor. Los jugadores del Athletic se metieron en faena con esa intensidad británica que tanto gusta a su público. Fue toda una declaración de intenciones. El Valencia entendió que aquello iba a ser una cosa muy seria, para hombres curtidos. Un duelo con aroma a Barón Dandy. Y si algún valencianista despistado tenía alguna duda del fragor que le esperaba se le quitó de inmediato viendo correr y embestir a Javi Martínez, cuya descarga de energía fue descomunal. Lo de este chaval comienza a ser un espectáculo. Tanto que uno siente cierta aprensión imaginando los informes que habrán hecho los espías ingleses que, dicen, estaban ayer en las gradas observando a Amorebieta y a alguna más, se supone. ¿Qué habrán escrito del navarro cuando le vieron jugar, correr, robar y tapar, y se enteraron de que no ha cumplido veinte años la criatura?
Doblete de Llorente
Lo cierto es que en pocas ocasiones se habrán podido hacer unos informes más positivos de los jugadores del Athletic que la noche de ayer. Los cuatro defensas se mantuvieron a un gran nivel todo el partido y por delante hubo mucho donde elegir. Aparte de Javi Martínez, Susaeta fue un incordio por su banda y Joseba Etxeberria fue de menos a más y acabó el partido con matrícula de honor. Llorente, por su parte, salió del campo en medio de una ovación atronadora tras completar un partidazo y firmar dos goles. ¿Cómo es el fútbol!, pensaría el delantero de Rincón de Soto cuando se retiraba a vestuarios bajo un clamor de aplausos y daba el testigo a Aduriz, que acabaría redondeando la goleada con un cabezazo espectacular. Exactamente. ¿Cómo es el fútbol! De divertido, a veces.
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