EL ANÁLISIS/ Una mala versión |
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ANDONI AYARZA
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Sería impropio buscar apósitos a la derrota de ayer en Riazor. Pero del mismo modo tampoco sería justo aceptar el contundente resultado final como fiel reflejo de los argumentos de unos y otros sobre el césped gallego.
En un partido de dominio alterno y escasa calidad nada hacía prever que el marcador tuviese un excesivo trabajo. Todo transcurría con relativa tranquilidad para la portería de Armando hasta que una falta lateral ejecutada por Sergio ponía en acción al triple eje defensivo de los de Lotina -Pablo Amo, Lopo y Coloccini- y abría el cofre para los coruñeses. Posiblemente los blanquiazules encontraban un premio exagerado para sus méritos, pero de igual manera el Athletic pagaba un comportamiento poco ambicioso, con un fútbol control, sin ritmo ni intensidad, que para nada engancha ni a su parroquia ni a los propios futbolistas.
Y es cierto que fueron los de Caparrós quienes gozaron de la primera gran ocasión del partido tras disparo de David López. E incluso que, a renglón seguido del acierto del argentino, Llorente erraba en el uno contra uno frente a Aouate y mandaba al limbo la posibilidad de la igualada; pero tampoco lo es menos que el equipo deambulaba a años luz de aquel conjunto competitivo, e incluso brillante por momentos, que nos había enganchado al sueño tras partidos como los disputados frente al Almería, el Betis el Getafe o el Espanyol. Y así, con el sabor de la injusticia, pero también de la decepción, nos bebimos el descanso.
Afortunadamente, los primeros minutos de la reanudación dejaron atisbos para la reacción. Javi Martínez firmaba el primer aviso e Iraola certificaba el propósito de enmienda de un equipo que parecía buscar la portería del guardameta israelí con ahínco. Pero todo terminó en el minuto 18. Daudén Ibáñez, loco por la música cada vez que pita al Athletic, señalaba como penalti una discutible entrada de Amorebieta sobre Riki, y Sergio grababa el epitafio al partido. Curiosamente minutos antes el colegiado turolense había obviado la segunda amarilla sobre Lopo, circunstancia que hubiese dejado a los blanquiazules en inferioridad numérica. En fin, sin que sirva de excusa, pero en este particular caso quizá lo más positivo resida en que a algunos les persigue ya de cerca la jubilación.
Y así se esfumó un encuentro en el que Filipe, con el tercer gol, no hizo sino dibujar una diferencia que no fue tal sobre el campo. En fin, ayer el equipo nos obligó a recoger cuerda de la cometa; pero que nadie la tire. La séptima posición sigue en el aire y mientras haya vida hay esperanza. Y en el horizonte ya espera un Valencia enganchado al drama. Eso sí, si el futuro nos tiene reservada una buena noticia, seguro que será por un camino muy diferente al que ayer escogió el equipo.
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