El susto de Garmendia |
Un choque entre el rojiblanco y el portero del Getafe dejó grogui al de Basauri y llevó la incertidumbre a San Mamés
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JUAN PABLO MARTÍN
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BRUTAL. El rostro de Garmendia impactó con el de Abbondanzieri.
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Corría el minuto 85 de encuentro. Caparrós ordenó el cambio. Se había producido una falta en la banda izquierda de ataque del Athletic y, antes de botarla, Yeste dejó su sitio en el campo a Garmendia. El chaval salió con ganas. Como no estaba el zurdo de Basauri le tocó sacar la falta a Orbaiz. La pegó al centro del área. Allí llegó el recién salido.
El balón estaba en el aire, repartido. A por él fueron el portero del Getafe, el Pato Abbondanzieri, y Garmendia. Sin mala intención. Cada uno a lo suyo. Fue cuestión de segundos. El guardameta llegó antes con los puños. Despejó la pelota. Garmendia trató de rematar, giró la cabeza, pero lo que se encontró fue la cara del cancerbero. El choque fue brutal. Cada uno cayó para atrás. Groguis.
Nada más tocar el suelo, el jugador del Athletic trató de levantarse. Estaba desorientado. Sus ojos eran una clara evidencia. El portero se echó las manos a su rostro. Sus muestras de dolor contrastaban con las de Garmendia, que, aturdido, ni siquiera se quejó. Recuperó la verticalidad a los pocos segundos. Los jugadores que les rodeaban se dieron cuenta de la situación y advirtieron al banquillo y al árbitro. Mientras tanto, Garmendia trató de volver a su campo como si no hubiera pasado nada. Sus compañeros se lo impidieron. Tenía el rostro serio. Como si no estuviera en el campo. Como si no supiera dónde estaba. Su pómulo comenzó a dar muestras del golpe con una hinchazón.
Maldecir su suerte
Los servicios médicos pidieron una camilla nada más llegar a la altura del lugar donde caminaba Garmendia. Fueron momentos de tensión. El jugador quería volver a su posición de forma insistente. No quería tumbarse. Llegó la camilla. Sus compañeros le instaron a que se dejara llevar. Se resistía. Los médicos hicieron los mismo. Incluso tuvieron que cogerle en brazos entre dos jugadores para ponerle en posición horizontal. El de Basauri no respondía a los consejos. Estaba desorientado.
Tras conseguir colocarle en la camilla, Joxean Lekue, jefe de los servicios médicos del Athletic, comenzó a tranquilizarle. Lo llevaron a la banda, parecía que el jugador comenzaba a reaccionar. Poco después, los sanitarios optaron por llevarle a los vestuarios y llamar a una ambulancia para su traslado a un centro sanitario. El público le despidió con una ovación. Mientras alcanzaba el túnel se vio cómo el jugador maldecía su mala suerte. Apenas había estado un par de minutos sobre el campo. Lo peor parece que había pasado. Ya era consciente de su situación.
Al término del partido Garmendia fue trasladado a Basurto. El parte médico emitido por el club señalaba que el atacante había sufrido un golpe en la cabeza, pero que había mostrado una mejora desde el encontronazo. «Se le efectuará un TAC», rezaba el comunicado. El jugador abandonó por su propio pie San Mamés. «Tampoco ha sido para tanto», señaló el de Basauri nada más salir. Las imágenes expresaron lo contrario. El susto fue morrocotudo.
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