EL ANÁLISIS/ Domingo de ilusión |
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ANDONI AYARZA
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FRIVOLIDAD. El Pato regateó a Etxeberria y Llorente.
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Hacía mucho tiempo que el equipo no envolvía a la gente con su juego como lo hizo ayer en el 'Botxo'. De salida, un equipo con ocho canteranos en sus filas y otros tres futbolistas -Orbaiz, Javi Martínez y Etxebe-, que por la edad con la que llegaron al Athletic bien podrían serlo, disfrutaron del orgulloso recibimiento de una 'Catedral' mojada por la lluvia y el sentimiento.
Y entre los ocho canteranos, tres nombres propios pintaban la actualidad en la antesala del partido. Tras el triste 'affaire' bético, Dani Aranzubia regresaba a la portería de los rojiblancos; Asier del Horno, por su parte, mantenía la titularidad tras el triunfo en el Ruiz de Lopera y Ustaritz formaba en el eje de la zaga junto a Amorebieta. Los tres compartieron el mérito colectivo de un equipo que rayó a gran nivel. Especial mención para el de Fuenmayor, que volvió a sentirse futbolista y lo que es más importante, determinante para el bien de su equipo.
Si generoso fue el recibimiento de San Mamés a los suyos, no le fue a la zaga el comportamiento colectivo de éstos en la primera mitad. En la línea de los mejores momentos de toda la temporada, el 'once' de Caparrós desplegó presión, intensidad, concentración, velocidad, pasión y buen juego. Fútbol del que nos hace disfrutar, aliñado de todo lo anterior, y con la guinda del gol. Eso sí, una guinda que se hizo esperar en exceso, ya que antes del certero remate del 'gallo' de Elgoibar el equipo mereció mejor suerte tras acciones de Orbaiz -agradecido timonel del equipo-, Susaeta -espléndido en la primera mitad- y Llorente -desacertado de cara al gol pero sensacional durante todo el partido-.
Afortunadamente, la gasolina de los rojiblancos, a diferencia de otros encuentros, no se esfumó con la ventaja del gol y siguieron mirando la portería de los ayer 'limonados' getafenses. Y debió llegar un segundo que hubiese hecho mayor justicia a los méritos de unos y otros, pero finalmente nada alteró el simultáneo y los veintidós protagonistas se bebieron un merecido descanso con la ventaja mínima en el marcador para los leones.
No cambió el color en la reanudación. Llorente volvió a toparse contra el infortunio tras dos acciones consecutivas en la que pudo poner el epitafio al partido, pero, desgraciadamente, no fue así, y los de Laudrup, que sólo habían mostrado peligro esporádicamente en los primeros cuarenta y cinco minutos, tuvieron la igualada en las botas de Casquero y Uche. También encontraron su oportunidad Yeste e Iraola, pero el destino parecía escrito con el gol de Etxeberria. Y aunque todavía hubo tiempo en el descuento para el sobresalto del disparo de Albín, así lo certificó el pitido final de Ramírez Domínguez.
En fin, en el horizonte rojiblanco ya espera el Nuevo Colombino onubense. Y el Athletic partirá con el deseo de seguir creciendo en tierras del decano. Que nadie despegue los pies del suelo pero este conjunto, aparcada la ansiedad y enterrado el miedo, parece sin duda alguna otro. Así lo dibujaba el rostro de una afición que, con el susto por el tremendo choque de Garmendia con el Pato y con el telón del día a punto de echarse, se llevó la alegría como compañera de alcoba en un precioso Domingo de ilusión.
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