Todos con Armando |
El portero recibe el calor de la afición en Lezama al entrenarse por primera vez tras el botellazo: «No sé si jugaré ante el Getafe, dependerá del entrenador»
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LUIS ANSORENA
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APLAUDIDO. Armando firma autógrafos en su coche a los más pequeños tras ejercitarse en el gimnasio. / BERNARDO CORRAL
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A Armando Ribeiro siempre le quedará el consuelo de que el botellazo del Ruiz de Lopera sirvió para algo: para que el Comité de Competición diera, de una vez por todas, un paso en firme para alejar a los violentos del fútbol y para darse cuenta de que la afición del equipo de sus amores, el Athletic, empieza a apreciarle. Ayer, en Lezama, acabó de convencerse de que todos están con él cuando una multitud se abalanzó sobre su coche para saludarle a la salida del entrenamiento. Más de uno, incluso, ejerció de periodista: ¿Jugarás el domingo?, le preguntaron repetidamente con curiosidad. «No lo sé -respondió a uno de ellos Armando, ya sólo con un arañazo sobre el pómulo-. Dependerá de lo que diga el míster. Preguntarle a él».
Armando se entrenó ayer por primera vez tras recibir un botellazo que obligó a suspender el Betis-Athletic. Ya habían pasado las 72 horas de reposo absoluto, los tres días de peligro, y como la evolución de su ojo derecho va por buen camino, trabajó en el gimnasio, lejos de las cámaras y los medios de comunicación. Mientras, en el exterior, la primera plantilla se ejercitó durante cerca de 45 minutos aplaudida por una multitud de aficionados. La hinchada se aprovechó de que era día festivo y de que el tiempo estaba de su parte para acercarse a las instalaciones a animar a los 'leones'. Se cantaron los goles, se ovacionaron las ocasiones... El mejor ambiente regresó a Lezama, ahora que el equipo se ha alejado de la parte baja de la tabla.
Al final de la sesión, la plantilla acabó de darse cuenta de que los ánimos de la afición ha ganado enteros tras empezar a ver de lejos los dos últimos cursos de derrumbe. Hoy, si no regresa a Vizcaya la lluvia, la escena se repetirá a partir de las 10.30 horas, momento en el que los rojiblancos empezarán a entrenarse a puerta abierta en Lezama. Ultimarán los detalles del próximo encuentro liguero, ante el Getafe en San Mamés.
Uno de los más aplaudidos a su salida ayer fue Joaquín Caparrós. Animado, el entrenador se bajó de su automóvil para dejarse retratar y firmar todos los autógrafos posibles. El técnico del Athletic no dejó de bromear. Incluso, para tratar de quitarse de encima a más de uno, subrayó: «¿Que se os va a escapar Amorebieta!», les decía con una sonrisa mientras el central regateaba al público a bordo de su todoterreno. También Unai Expósito, Iñaki Muñoz, Andoni Iraola, Aitor Ocio... agradecieron a los 'suyos' el apoyo atendiendo a todos los seguidores que se les acercaron.
El aplauso a Gurpegui
Carlos Gurpegui se marchó de los últimos. Cuando apareció en el aparcamiento reservado a la primera plantilla,la multitud empezó a aplaudir. A poco más de un mes de acabar su sanción por dopaje, el navarro empieza a volverse a sentir futbolista, tras ver los partidos de su equipo desde la grada durante casi dos años. Ya lo dijo el miércoles tras el 'partidillo' ante el Amurrio: «Volver a jugar es la ilusión de mi vida».
Tras 'Gurpe', que es como llaman al centrocampista en el vestuario, salió Armando al volante de un todoterreno. En los asientos traseros, sus dos hijos, Alain e Iban, que miraban con curiosidad cómo su padre firmaba balones, guantes, fotografías, camisetas, banderas... Visto el recibimiento, el meta, que no quiso hacer declaraciones, tiene motivos para hacerse ilusiones sobre una posible renovación que le permita seguir viviendo su «sueño» durante una temporada más. A los 37 años.
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