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CANAL ATHLETIC. Laudrup ha contagiado el estilo ofensivo. / EFE
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Antes de que terminase la pasada temporada, el Real Madrid le 'birló' al Getafe a Bernd Schuster. Ángel Torres, presidente del club, asumió a regañadientes la marcha del alemán -'tocado' por los blancos en plena competición liguera- y miró hacia el norte. Oteó el horizonte y se detuvo en Dinamarca. El hombre que había elegido para dirigir su nuevo proyecto deportivo vivía y trabajaba allí. Hubo acuerdo. Michael Laudrup hizo las maletas y se hizo cargo de uno de los modestos de la categoría, 'molón' y con proyección de futuro, pero limitado en el presupuesto y jugadores en comparación con el resto de los conjuntos que batallan en la Liga. Con la contratación del nórdico, la junta directiva del 'Geta' apostó por el fútbol y renunció a la táctica del 'ladrillazo'; es decir, ganar a costa de jugar mal. Nada de resultadistas. Lo cierto es que la aventura empezó mal, muy mal, pero ahora el equipo maravilla a los estetas del balompié tras meterse en la final de la Copa y seguir vivo en la UEFA, donde se medirá en cuartos al poderoso Bayern de Múnich.
Lo dicho, el Getafe de Laudrup estaba hecho una piltrafa en el arranque liguero. Daba tumbos, no acababa de asumir el estilo de un hombre que llegó del frío para tratar bien a la pelota y penaba en los últimos puestos de la tabla clasificatoria. El equipo se convirtió en un 'saco de golpes' para todo aquel que quisiera sumar puntos sin sudar en exceso. Tanto es así que hubo que esperar hasta la octava jornada para que los getafenses se anotaran su primera victoria -ganaron 2-0 al Murcia en casa- y se dieran cuenta de que en sus botas, al margen de los kilómetros, también había calidad. Ángel Torres capeó el temporal, amarró a Laudrup al banquillo e hizo de parapeto para blindarle ante las críticas, un acto de fe que ahora da sus frutos tanto en España como en Europa.
Después de un par de meses de incertidumbre, el Getafe empezó a carburar. A pesar de los malos resultados en Liga, Laudrup jamás renunció a su ideario y apostó con convicción por un fútbol estético y a la vez práctico. En su etapa de jugador -estuvo en la Juventus, Real Madrid y Barcelona, entre otros-, entendió el juego como un acto de belleza y efectividad, una mezcla perfecta desde el punto de vista de la plasticidad y rentabilidad, que le convirtió en un auténtico caballero sobre el 'verde'. Ya como entrenador, siguió siendo fiel a sus principios. El 'Geta' tardó en asimilar sus conceptos, -«nos pide que toquemos mucho», argumentó uno de sus jugadores en los tiempos de crisis-, pero ahora la máquina anda engrasada y bien surtida de carbón. El próximo rival del Athletic (domingo, 21 horas, Canal Plus) apuesta por el ataque, presiona arriba hasta la extenuación y se fía de su técnico, de su estilo, de su forma de entender el fútbol.
Vocación ofensiva
Si algo caracteriza al Getafe es su clara vocación ofensiva. Laudrup ha variado el sistema en más de una ocasión -ha usado el 'rombo' y también el 4-4-1-1-, aunque jamás ha renunciado al ataque. En las semifinales de la Copa contra el Racing, al que eliminó el miércoles tras empatar a uno en Santander y se plantó en la final por segundo año consecutivo, ha llegado a poner hasta cinco futbolistas con gol -Granero, Pablo Hernández, Casquero, De la Red y Manu del Moral-. «Escuchas a gente que dice que prefiere jugar mal y ganar. ¿Pero uno no puede salir a jugar mal!», subrayó el danés. Fidelidad a unos principios.
Así que Laudrup ha logrado que el Getafe ataque con fe y, además, que presione muy cerca del área rival. Al igual que Johan Cruyff en su etapa del Barça, salvando las distancias, sus postulados son claros: jugar bien al fútbol, circulación rápida de la pelota, tratar el cuero con criterio y ocupar y llegar a los espacios en el momento exacto. Es por eso por lo que los madrileños no pueden -y no saben- salir a defenderse. Si se les ocurre especular con el marcador y encerrarse atrás, sufren por desconocimiento de la situación planteada. Están diseñados para atacar. Un modesto con la actitud de un grande que, hoy por hoy, todavía aspira a dos títulos. Lo hará mejor o peor, eso sí, pero fiel a su estilo.
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