El último mito rojiblanco |
Guerrero deja el Athletic después de un cuarto de siglo en el club y siete meses de desencuentros con la junta de García Macua, su rival en las pasadas elecciones
|
|
JON AGIRIANO
|
|
|
|
|
|
 |
CANAL ATHLETIC. Guerrero celebra su gol cien con el Athletic. / EL CORREO
|
| Noticias relacionadas |
· Sus datos
Nombre: Julen Guerrero López.
Nacimiento: Portugalete (Vizcaya).
Fecha de nacimiento: 7-1-1974.
Edad: 32 años.
Posición: media punta.
Debut con el Athletic: 6-9-1992 (Athletic 2-Cádiz 1).
Partidos con el Athletic: 430.
Goles marcados con el Athletic: 116.
Partidos jugados de Liga: 372.
Goles marcados en Liga: 101.
Partidos jugados en Copa: 41.
Goles marcados en Copa: 11.
Partidos en Liga de Campeones: 8.
Goles en Liga de Campeones: 2.
Partidos con la selección: 39.
Goles con la selección: 13. |
La relación se ha roto. O eso parece, ya que en el comunicado que ayer firmaron la junta directiva del Athletic y el propio Julen Guerrero se dejan «las puertas abiertas a cualquier tipo de colaboración futura»; un matiz que resulta difícil de interpretar. Lo mismo es una coletilla sin importancia que un aviso a navegantes. La impresión, en cualquier caso, es que ninguna de las dos partes en litigio -porque esto ha sido un largo litigio desde el mismo día en que Fernando García Macua llegó a la presidencia del Athletic y se preguntó qué hacer con un ídolo del club al que había visto repartir papeletas del candidato rival en la puerta de Ibaigane- ha querido seguir tensando la cuerda.
Y es que la imagen de ambos comenzaba a deteriorarse. La del presidente, por su falta de energía para solucionar un problema interno que sólo le daba quebraderos de cabeza, dada la enorme popularidad del portugalujo. Y la de Guerrero, por su absurda obsesión en continuar donde sabe que no le quieren. Incluso algunos defensores históricos comenzaban ya a criticar su extraño empecinamiento -¿sería por dinero?- en seguir aferrado a su contrato vitalicio.
Los siete meses de negociaciones entre Macua y Guerrero -algunas de ellas, limitadas a un intercambio de burofaxes, lo cual demuestra la frialdad que las ha presidido- han terminado como era de esperar, por mucho que las peñas, en un gesto de adhesión a un ídolo sin precedentes, hayan presionado a la junta hasta el último minuto. Guerrero tenía que dejar el Athletic -aunque sea para poder volver con dignidad- y lo deja después de un cuarto de siglo en él; toda una vida rojiblanca que debe analizarse con la debida perspectiva. Y es que hablamos de un mito. De uno de los más grandes de la historia del club por mucho que ni haya sido uno de sus diez mejores jugadores de todos los tiempos ni haya ganado ningún título que brindar a la afición.
La importancia de Guerrero no puede entenderse sin recordar el impacto que supuso su irrupción allá por septiembre de 1992, en un partido en San Mamés contra el Cádiz. De repente, en unos años de pesimismo y cruda nostalgia por las glorias pasadas, ya inalcanzables, una afición hambrienta de ilusiones como pocas comenzó a suspirar por un rubiales de 18 años que jugaba con clase y desparpajo y tenía la que es quizás la virtud más difícil de ver en un futbolista: ese innato sentido para el gol, para aparecer en el sitio justo en el momento adecuado.
El chaval no tardó en convertirse en un auténtico ídolo y no ya exclusivo de la afición del Athletic sino de toda España. Se comprobó durante la concentración de la selección española que se preparaba para disputar el Mundial de Estados Unidos. Las quinceañeras sólo tenían ojos para Julen. A sus madres les sucedía algo parecido. Sin duda, era el yerno ideal: un chaval guapo, deportista, modoso y millonario. Analizada esta explosión con la perspectiva que dan los años, todo indica que ni el Athletic ni el propio jugador supieron digerir una aparición tan formidable. Con Guerrero se tomaron, en 1995, al menos dos decisiones totalmente equivocadas que acabaron por perjudicar al club y al futbolista.
La primera fue un contrato casi de por vida, hasta el 2007. En su momento, pareció un acierto absoluto de José María Arrate, un gran tanto. «Volvería a hacerlo», sostenía reciente-mente el ex presidente rojiblanco, recordando que el portugalujo había rechazado ofertas muy superiores a las del Athletic. Superiores en cantidad, no en duración, se entiende. El tiempo, sin embargo, vino a demostrar que un contrato de por por vida acaba siendo una fuente de problemas. Es un yugo para el club y un motivo de presión y responsabilidad excesivas para el jugador. La segunda decisión equivocada fue nombrarle capitán, un título para el que, ni por veteranía ni por carácter, estaba preparado. El caso es que al portugalujo se le cargó de-masiado pronto con una responsabilidad excesiva y se le distanció, por aquello de los agravios comparativos, de buena parte del vestuario. De aquellos polvos vinieron luego algunos lodos.
Durante sus siete primeras temporadas en el Athletic, entre 1992 y 1999, con Julen Guerrero no hubo discusión. Sólo aplausos. Era, sin duda, las estrella del equipo y una de las figuras de la Liga. ¿Qué otro media punta era capaz de marcar 18 goles como hizo Guerrero en la campaña 1993-94 o 15 en la 1996-97? El 8 rojiblanco alcanzó un nivel deportivo excepcional, exprimiendo al máximo sus cualidades. Su categoría era tan indiscutible y su impacto en el equipo tan formidable que sólo pensando en los daños que provocan la ceguera y la desmemoria se puede entender que algunos negaran luego lo evidente: su declive a partir del año 2000, por dar una fecha redonda.
El ocaso del jugador
Se ha hablado mucho de las razones por las cuales un futbolista comienza a decaer a partir de los 26 años. En el caso de Guerrero, se pueden apuntar al menos tres. En primer lugar comenzó a sentir en sus carnes -él más que ninguno- el bajón del juego del equipo a finales de los noventa. Julen no era un 'crack' que podía hacer jugar al conjunto. Necesitaba de sus compañeros para lucirse. Por otro lado, a partir de los 28 o 29 comenzó a perder chispa; una carencia letal para un media punta. Era algo evidente por mucho que él nunca lo reconociera. En su lugar lo hacían, dejándole en el banquillo, los sucesivos entrenadores: Heynckes, el mismo que le hizo debutar, Valverde, Mendilibar, Clemente...A estas dos razones de su declive debe añadirse una tercera: el carácter del jugador.
Individualista y reservado, Julen Guerrero ha vivido en una burbuja. Su actitud profesional ha sido siempre modélica. Tan modélica que llegó a ser obsesiva. Ello provocó, por ejemplo, que nunca aceptara las críticas. Hasta las más justas y objetivas le resultaban imposibles de digerir. Del mismo modo, dejó de disfrutar en el campo. Acuciado por las exigencias que se impuso para estar a la altura de su mito, se tomaba cada partido de su última época como una oportunidad para reivindicarse. Esta ansiedad se convirtió en su peor enemigo y precipitó su final como jugador. Guerrero negoció con Lamikiz su marcha y quedó en Lezama. No tuvo mucho éxito como entrenador del juvenil, pero el peso de su leyenda seguía intacto. Y él era el primer convencido de ello. Así se explica que se presentara a las elecciones en una candidatura, pero se ofreciera a la otra y luego, consumada la derrota de la suya, decidiera quedarse en el club, convencido de que el Athletic y él, con sus 430 partidos y sus 116 goles, no podían separarse.
|
|
|
|
|