El Athletic se pierde en la niebla |
La autoexpulsión de Fran Yeste condena a la derrota a su equipo ante un rival asequible | Los rojiblancos tienen los mismos puntos (22) que el Murcia, el primer conjunto en descenso
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J. ORTIZ DE LAZCANO
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CANAL ATHLETIC. La expulsión de Yeste condenó a la derrota al Athletic. /El Correo
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Fran Yeste quiso jugar a hacerse el listo y acabó como el gran perjudicado. Miguel Flaño tenía una tarjeta amarilla y el basauritarra quiso provocarle para que se fuera a la calle. Disputaban en el centro del campo por un asunto tan banal como desde dónde lanzaba una falta Osasuna. El central tiró la pelota contra él y el zurdo optó por la chiquillada de la tarde. Puso su cabeza contra la de Flaño, quien en cuanto notó el roce desplegó sus mejores dotes de actor. Se fue al suelo en una escenificación tan convincente que es propia de una noche estelar en el Arriaga.
Es verdad que exageró, pero también que Yeste cometió el grave error de darle esa opción y que le perdió el temperamento. Dicho todo esto hay que recordar que, como insiste el propio Caparrós a sus jugadores, el fútbol es un juego de listos. Y en la pelea, Miguel Flaño se quedó con ese papel.
El desenlace fue que una jugada en la que intentó forzar una tarjeta para Flaño el que acabó en la calle fue él. Lo que hizo es exactamente lo que no puede hacer un jugador con 29 años y tanta experiencia a cuestas. Caparrós resumió a la perfección lo que había sucedido. «Ha sido una jugada muy infantil».
Este incidente del minuto 61 tuvo unas consecuencias funestas. Arruinó el porvenir del Athletic, que parece empeñado en torturarse adrede. A partir de ahí llegó una desgracia tras otra. Poco después de la roja, Dady lanzó una falta que golpeó en la chepa de Amorebieta para desviarla a gol. Apenas dos minutos después, Vela sentenció en un contragolpe con un disparo que entró por el palo que debe tener cubierto el portero, el corto.
Un partido vital
El Athletic había tirado así un partido que puede ser determinante para el desarrollo de la temporada. En medio de una cerrada niebla, se borró en el Reyno de Navarra. Los jugadores no sólo tuvieron problemas para ver la pelota, sino también para leer el partido y su situación en la clasificación.
Osasuna era ayer un rival asequible y sólo gracias a que el Athletic le allanó el camino hacia el triunfo pudo llevarse tres puntos que le colocan ahora por encima, con el 'goal-average' además a favor. En el otro vestuario, lamentan que de nuevo vuelven a quedar al borde del abismo, con los mismos puntos que el Murcia, en descenso, y el Barça asomando por la puerta de San Mamés.
Osasuna llegó en descenso al partido. Como siempre, es un equipo que se aplica en el trabajo con contundencia, pero al que le falta dinamita arriba. La marcha de Soldado, Milosevic, Webó, David López, Valdo y Raúl García, todos ellos jugadores con gol, ha causado un terrible efecto en la tropa de 'Cuco' Ziganda.
Los navarros no cejaron nunca, pero adelante eran unos angelitos. Todo su dominio en la primera parte apenas se tradujo en el penalti que reclamó Juanfran por zancadilla de Amorebieta y en un disparo lejano del mexicano Vela detenido por Aranzubia. Osasuna tiene razón en quejarse del árbitro en la jugada de Juanfran, pero el Athletic tiene también motivos para protestar. A los nueve minutos, Miguel Flaño empujó en el área a Aduriz cuando buscaba una falta lateral lanzada por Yeste.
Pero el Athletic es un equipo que está sometido al mismo problema que el navarro. Tiene determinación y capacidad para mantenerse organizado, pero su juego se convirtió ayer en un ejercicio pesadísimo, con pases insustanciales y nada de mordiente arriba. El partido se cerró para los rojiblancos sin más noticias arriba que un disparo lejano de Javi Martínez en la primera parte y un tanto anulado a Ocio en el minuto 92 cuando todo estaba ya dicho.
El equipo se contagió de las pocas ideas del Osasuna. En un error que luego se reveló capital, los rojiblancos parecieron dar por bueno el empate, como si lo suyo fuera cumplir el trámite y reservar fuerzas para el intenso calendario que le aguarda, con dos partidos ante el Racing, Barcelona y Zaragoza en los próximos quince días.
También es verdad que la expulsión de Yeste por sí sóla no justifica lo que vino a continuación. Tomemos el ejemplo de lo que le sucedió al Espanyol el pasado miércoles en la Copa. Jugó una hora con uno menos por la roja, también con teatro por medio, a Luis García y sólo cedió un gol al final.
El Athletic sin embargo se descompuso al instante. Ocho minutos después de la expulsión ya había encajado dos goles y el partido quedaba sentenciado.
No hizo Yeste ningún bien para sacar algo positivo en Pamplona, desde luego. Pero al equipo hay que pedirle algo más de coraje de determinación para aguantar una situación como ésta. Parece como si los jugadores esperaran a sufrir un contratiempo para encontrar una justificación a las desgracias posteriores. Desde la roja dio una penosa sensación de impotencia.
Lo cierto es que de nada valió a Joaquín Caparrós apostar por el mejor de sus equipos, en una confirmación de que su prioridad es la Liga. El Athletic se perdió en medio de la niebla y conoce de nuevo el agrio sabor de sentirse al borde del abismo, en el puesto 15, con los mismos puntos que el Murcia, el equipo que abre los puestos de descenso.
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