Susaeta mantiene la esperanza |
Un disparo de fe del eibarrés evita la derrota de un Athletic en el que Aranzubia fue pitado tras su error en el gol del Espanyol
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J. ORTIZ DE LAZCANO
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CANAL ATHLETIC. Jonathan Soriano bate a Dani Aranzubia. /El Correo
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No hay manera. La incapacidad para ganar en casa persigue al Athletic. Joaquín Caparrós no consigue remediar el asunto y su equipo espera el sábado al Sevilla con apenas dos triunfos en su campo, uno en Liga y otro en Copa.
Lo cierto es que al Athletic le cuesta competir ante sus aficionados. Parece incapaz de salir del empate a uno, resultado que ha repetido en ocho ocasiones como local. Anoche, ninguno de los dos equipos mereció el triunfo en un partido falto de juego y de algunos de los mejores futbolistas de los dos equipos, con muchos cambios en sus alineaciones. Al Espanyol le bastó con estar bien organizado y jugar al 'tran-tran' para mantener a raya a un Athletic con más corazón que ideas.
Ausentes buena parte de las figuras, el protagonismo del Athletic fue asumido por Susaeta, un jugador de técnica exquisita, desaparecido de la titularidad en los dos últimos meses y que anoche volvió a maravillar. El interior derecho apareció para protagonizar el partido y anotar el tanto que mantiene en pie la ilusión del Athletic de avanzar en un torneo que a sus hinchas suena como a música celestial, pero en el que no se llevan más que cornetazos en las dos últimas décadas.
Se comportó Susaeta como un futbolista con criterio y carácter. La mayor parte del peligro de los rojiblancos llegó de sus botas. Es un jugador descarado que maneja el balón con soltura. Anoche fue el único entre los suyos capaz de entrar en el área con la pelota controlada. Además, tiene atrevimiento a la hora de rematar, como hizo con aquella pelota que le cayó del cielo en la primera parte y que convirtió en una volea inesperada que Lafuente ni vio.
Fue el aviso de lo que vendría después. Con el Athletic contra las cuerdas, se encontró otra pelota en el borde del área. Disparó con convicción y mostró que en estas circunstancias la fe es más fuerte incluso que un correcto golpeo. La pelota salió con bote, lo que hizo inútil la estirada de Lafuente, muy bien en su regreso a San Mamés.
Un regalo
Este tanto permite al Athletic reengancharse a la Copa. El equipo estaba a punto de dimitir del torneo tras el gol de Jonathan. Fue una jugada en la que Aranzubia mostró una vez más la falta de confianza que tiene en las salidas. Un balón largo de Luis García puso al borde del área al joven atacante barcelonés. El portero del Athletic, con los pies temblándole, le dejó controlar y se echó al suelo. Jonathan aceptó el regalo para marcar sin oposición. En descargo del riojano hay que decir que se trataba de un balón complicado, pero la hinchada sancionó unánime que la culpa era suya. A partir de ese momento, cada vez que tocó el balón fue silbado de forma contundente.
El Espanyol había sido hasta entonces un equipo con aspecto de aceptar de forma conformista el empate. Pero su gol le dio alas y, de repente, con el 0-1 puso lo que no había tenido hasta entonces, entusiasmo por atacar. Fueron los peores momentos del Athletic. Por suerte, los catalanes perdonaron claras oportunidades y el Athletic pudo empatar gracias a Susaeta.
Con un rival acurrucado atrás en el arranque, la pelota quedó a merced del Athletic, que fue incapaz de jugarla con sentido. Dos marginados hasta ahora, Muñoz y Tiko, se encontraron de repente con la misión de construir el juego. El partido deja distintas sensaciones con ellos. Mientras el primero tuvo problemas para jugar en corto, aunque no en largo, el segundo cuajó una brillante actuación que reabre el debate sobre su escasa participación hasta el momento.
En la primera parte pareció que el encuentro iba a romper a favor del Athletic, sobre todo después de que Susaeta encontrara el punto débil del Espanyol en la marca de David García. Pero las sacudidas del eibarrés fueron mal interpretadas por los atacantes, puesto en el que Garmendia y Aduriz estuvieron desafortunados.
Por lo demás, el Athletic repitió uno a uno los errores de siempre. Su juego es difícil de descifrar desde el punto de vista de la calidad. Todo es emoción y arreones a la espera de que aparezca un jugador como Susaeta que dé sentido al fútbol. Atrás es demasiado vulnerable y adelante tiene la pólvora mojada. 1 1
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