Derecho a la presidencia |
Perfeccionista hasta el extremo, Macua mamó las leyes y el amor por el Athletic desde la cuna
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IVÁN ORIO
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(Viñeta realizada por Antón)
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Un buen día, así, sin más ni más, Fernando García Macua les soltó a sus amigos que una de sus máximas ilusiones era ser presidente del Athletic. Lejos de convertir su aspiración en un comentario privado, de esos que sólo quedan en cuadrilla, el abogado bilbaíno comenzó a moverse para acercarse al Palacio de Ibaigane. Ya lo intentó hace tres años como miembro de la candidatura encabezada por Juan Pedro Guzmán, pero su plancha cayó derrotada ante la de un emergente Fernando Lamikiz. Aquella experiencia le sirvió para baquetearse y conocer desde dentro lo que se cuece en el fútbol, un mundo que siempre le ha apasionado y que no concibe sin la existencia del club rojiblanco. Aquel 'fracaso' no sólo no le amilanó, sino que le sirvió de resorte para ponerse manos a la obra y configurar un grupo de colaboradores que le permitiera tener una segunda oportunidad, pero esta vez con él al frente de la lista. Hoy, con su anhelo hecho realidad, dará los primeros retoques en su nuevo despacho de la calle Mazarredo para intentar enderezar el rumbo de un equipo desnortado.
Su amor incondicional por el fútbol, y por el deporte en general, empezó a fraguarse en el patio del colegio Jesuitas de Indautxu. No llegó a jugar en el Loyola, el conjunto del centro escolar, pero fue un asiduo de los partidos en los recreos y al finalizar las clases. Era la época en la que los encuentros no tenían un tiempo definido y en la que los niños jugaban hasta que anochecía. Nunca fue excesivamente técnico, pero paliaba sus carencias «con un pundonor a prueba de bombas» que le hacía anotar «bastantes goles». «Ya entonces estaba claro que iba a ser un peleón», evocan sus amigos. Esa inquietud en el campo también se trasladaba a las aulas. Era un alumno «normal» -entiéndase normal como el escolar que no es brillante pero tampoco un desastre-, aunque «algo revoltosillo». «No era de los callados y le gustaba enredar». Y, en general, se le daban algo mejor las Letras que las Ciencias.
Corría el año 1973 y, tras dos temporadas de vacío, el Athletic había ganado la final de la Copa del Rey ante el Castellón por 2-0 con goles de Zubiaga y Arieta II. Bilbao se convirtió otra vez en una fiesta y sus calles se engalanaron para celebrar ese triunfo y el 75 aniversario del nacimiento del club. Macua, el cuarto de cinco hermanos que cumplirá 44 años el próximo miércoles, descubrió el fútbol en el colegio, pero sobre todo lo vivió en casa -su madre rezaba por el Athletic cuando iba a San Mamés-. Mamó el fútbol y las leyes. De su padre, prestigioso abogado de la capital vizcaína, heredó la vocación por el Derecho (al igual que la mayoría de sus hermanos). De su madre, la tenacidad y una intuición desmedida. Y, de ambos, una afición sin condiciones a un equipo, el rojiblanco, que, en el caso del sucesor de Ana Urquijo, se ha convertido en ocasiones en una obsesión casi enfermiza -sobre todo cuando las cosas han pintado muy mal, como en el último año-. «A veces se implica demasiado», admiten en su entorno más cercano.
En la Universidad
El nuevo presidente del Athletic perdió su 'anonimato' del colegio en la Universidad de Deusto, donde cursó la carrera. «El cambio fue radical. Era muy estudioso y brillante. Estaba claro que era lo que le gustaba». Algunos profesores todavía recuerdan su facilidad para la oratoria. Macua era «el rey» en los exámenes orales, un tipo de prueba en la que los estudiantes suelen bloquearse. Nunca dejó de practicar deporte, e incluso formó parte de la plantilla del equipo universitario. Y, cuando no tenía un balón en los pies, se calzaba las botas y se daba un paseo por el monte, otra de sus pasiones. Le gustaba ir solo, como ahora, para despejar la mente y reflexionar... sobre el Athletic. En esas caminatas rememoraba los espectaculares centros desde la izquierda de Argote, su futbolista favorito, los quiebros imposibles de Sarabia, la potencia de Urtubi y la entrega de Goikoetxea. Y 'veía' el pase que recogió Endika de Argote en el Bernabéu para hacer el gol con la espinilla que valió una Copa en 1984 ante el Barcelona de Schuster y Maradona. Él estuvo en aquella final con su cuadrilla.
Recién licenciado, Macua cursó un Master en Madrid para completar su formación académica. Después, regresó a Bilbao y empezó a trabajar en el bufete de su padre, en la calle Rodríguez Arias. Coincidió con él en el despacho, pero no se dedicó a lo mismo. Desde sus inicios, el máximo dirigente del club rojiblanco, socio desde 1980, dirigió sus pasos a la gestión en el sector empresarial, un ámbito por entonces un tanto 'virgen' en el que es necesario combinar la preparación con unas elevadas dosis de intuición. «Autoexigente y metódico» hasta límites insospechados, como coinciden en definirle sus más allegados, el letrado se abrió paso poco a poco en el terreno profesional. Se casó y tiene tres hijos -Javier, Guillermo y Gonzalo-, a quienes también ha transmitido el 'sentimiento Athletic'. Su agenda empezó a llenarse -por supuesto ahora está a rebosar- pero, a pesar de todo, ha sabido compaginar trabajo, familia y aficiones. Le encanta leer, en especial libros de temática histórica.
Macua nunca apaga su móvil y éste no para de sonar -las llamadas perdidas que acumuló durante la hora y media de debate en Bilbovisión fueron incontables-. Sus colaboradores aseguran que las devuelve todas, sea la hora que sea. Habla casi a diario con su socio y empresario Jabyer Fernández, a quien conoció hace muchos años y con el que entabló una gran amistad. Precisamente en esta estrecha vinculación encontraron un filón sus dos adversarios para cuestionar su candidatura. Las críticas se centraron en el presunto interés de una empresa de Fernández en participar en el concurso para la construcción del nuevo San Mamés. Macua nunca ha ocultado esta camaradería con el empresario de Santurtzi, pero hizo pública un acta notarial firmada por ambos que prohíbe a su socio dar cualquier paso para levantar el futuro coliseo rojiblanco si él es presidente. Fernández, eso sí, será uno de los puntales de la nueva Fundación Athletic que quiere crear el abogado.
Viajero infatigable
Perfeccionista hasta el extremo, el nuevo inquilino de Ibaigane se mueve como pez en el agua en su hábitat profesional -casi un centenar de empresarios le arroparon en Bilbao durante la puesta de largo de la citada fundación-. Sus defensores hablan de una suficiencia natural y sus detractores aprecian algunos síntomas de prepotencia, pero nadie cuestiona su capacidad de adaptación y su sutil olfato para el éxito. «Pero sabe delegar». Sus colaboradores más estrechos están convencidos de que Macua va a centrarse exclusivamente en la gestión, «lo que mejor sabe hacer», y que no se inmiscuirá en la labor que desarrollen las personas que ha elegido para afrontar las decisiones en otros terrenos fundamentales -como el deportivo-.
Viajero infatigable por motivos laborales, es habitual verle los lunes en Derio disputando un partido de fútbol con un grupo de ex alumnos. Su trabajo le come muchas horas, pero hace auténticas cabriolas con el reloj para estar siempre cerca de su familia y no renunciar a sus aficiones. «Aunque haya estado todo el día de viaje, no duda en salir a dar una vuelta y tomar algo si le llamas», confirma un amigo. Su máxima pasión, el Athletic, será desde ahora también su trabajo. Una nueva vida en rojo y blanco desde el otro lado de la barrera que será mirada con lupa por unos aficionados defraudados por las dos últimas temporadas. Como él.
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