EL ANÁLISIS/ La hora de la unidad |
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JON AGIRIANO
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El Athletic comienza hoy un nuevo ciclo. El club estrena nuevo presidente en la figura de Fernando García Macua, al que no sólo hay que desearle suerte sino también pulso firme, inteligencia, discreción y acierto a la hora de llevar las riendas de una institución que viene de sufrir la peor crisis de su historia. No es fácil la tarea de presidir el Athletic. No lo ha sido nunca y mucho menos ahora, después de dos temporadas críticas. De hecho, el tamaño del reto, unido a las consecuencias indeseables que provoca una exposición pública tan asfixiante como la que supone sentarse a diario en el sillón de Ibaigane, ahuyenta a muchos socios que, por su trayectoria vital, su prestigio profesional y su pasión por los colores rojiblancos, podrían considerarse 'objetivamente presidenciables'. De ahí que, tras pronunciarse ayer en las urnas -y felizmente en un número superior al previsto-, los socios deban afrontar a partir de hoy la que es su primera obligación después de unas elecciones: aceptar el resultado con deportividad, pese al estrecho margen que ha separado esta vez la victoria de la derrota, y apoyar al elegido.
Como es tradicional, durante la campaña los candidatos han adquirido el compromiso de retirarse a sus casas, volver a ser simples socios de infantería y no hacer oposición en caso de derrota. Se dice siempre y se cumple pocas veces. Sobran los ejemplos de polémicas y maniobras desestabilizadoras cuyo origen son los rescoldos de resentimiento y las ansias de venganza que no han terminado de apagarse después de la batalla electoral. Y de todos son conocidos esos personajes que nunca terminan de salir de la trinchera y se enquistan en la piel del club sin más objetivo que minar la credibilidad del presidente de turno moviendo todos los hilos ocultos que tengan a mano.
Hay que confiar en que esta vez no sea así y Fernando García Macua pueda iniciar su andadura en una atmósfera de estabilidad y paz social. Hace unas semanas, Ercoreca se refirió al «bienio negro» que había atravesado el Athletic. Pues bien, no estaría de más recordar, a modo de advertencia, que a los dos años de gobierno del Partido Radical y de la CEDA durante la República -al bienio negro- le siguió poco después una Guerra Civil.
El nuevo dirigente rojiblanco tiene por delante una tarea colosal. Los cuatro próximos años se antojan cruciales para el futuro del Athletic, obligado a una inmediata regeneración en el plano deportivo, a redimensionar su estructura económica y a dar comienzo a un proyecto histórico como es el del nuevo San Mamés. Casi nada. Habrá que confiar en que García Macua supla su inexperiencia con humildad, que es el mejor camino para adquirir la lucidez y el sentido común tan necesarios en su cargo; un cargo de una relevancia tan grande que puede conducir directamente al autismo a las vanidades más inflamables. En este sentido, el nuevo presidente tiene una ventaja de salida: la de que el vencedor de las anteriores elecciones le ha dejado como legado un ejemplo impagable de lo que no debe hacer.
Elegido para pilotar el cambio, García Macua ha adquirido una responsabilidad enorme. Por encima de otras consideraciones, los socios le han convertido en el depositario de un sentimiento casi sagrado. Su obligación, por tanto, será gestionar con eficacia y con estilo, siempre bajo el propósito de ser el presidente de todos. Que las buenas palabras y los mensajes de armonía y concordia que se escuchan siempre al vencedor en la noche electoral no sean esta vez pura palabrería antes de entrar en Ibaigane con la cimitarra y la cachicuerna, dispuesto a cortar cabezas y a destrozar todo lo anterior siguiendo un patrón de conducta que podría resumirse con una frase que algunos deberían haber llevado como lema electoral: los anteriores eran tontos y aquí llego yo, el listo, para arreglarlo. Y es que el Athletic, ante todo, necesita un marco estable de convivencia. En este club, la unidad no sólo debe ser una bonita aspiración. A estas alturas, es una condición 'sine qua non' para la supervivencia. Convendría no olvidarlo tras unas elecciones tan reñidas.
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