¿Por qué se van? |
La profesionalización del fútbol ha abierto una grieta en el búnker de Lezama hasta alcanzar a algunas promesas del Athletic, que se han marchado con buenos contratos
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IVÁN ORIO
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CANAL ATHLETIC. Unos niños con camisetas rojiblancas observan un entrenamiento del primer equipo en las instalaciones de Lezama. / EL CORREO
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La globalización del fútbol comienza a llegar en pequeñas dosis a Lezama. Se había extendido en la masa social del Athletic la percepción de que la factoría rojiblanca era un búnker inexpugnable, una especie de mapa invisible a los ojos de agentes y captadores de otros clubes, que cada vez apuestan más por fichajes profesionales a edades tempranas. Pero era sólo cuestión de tiempo que la internacionalización de este fenómeno, muy común en tierras inglesas, llegara, de momento con cuentagotas, al vivero de un equipo que necesita como nadie nutrirse de la cantera.
Es cierto que todavía son muchas más las promesas que rechazan las propuestas 'externas', a veces muy jugosas, aunque los responsables del fútbol base son conscientes de que es necesario frenar esta situación cuanto antes para que las 'fugas' sean siempre aisladas y no lleguen a convertirse en algo cotidiano. Si esto último ocurriera, las consecuencias a largo plazo podrían ser nefastas para el Athletic, cuya filosofía le cierra numerosas puertas en un mercado que se encarece a un ritmo vertiginoso.
Los últimos casos en salir a la luz pública han sido los de los juveniles Mikel San José y Yuri Berchiche. El primero, un fino central de Villava (Navarra), se ha ido al Liverpool, que le pagará 400.000 euros por tres temporadas. Su salto a Anfield ha generado conmoción en Lezama, ya que los técnicos tenían intención de ascenderle la próxima temporada desde el juvenil División de Honor al Bilbao Athletic sin pasar por el Basconia, el habitual escalón intermedio. El defensa acaba de ser preconvocado por la selección sub'19 junto a Javi Martínez para disputar el Europeo de Austria entre el 14 y el 28 de julio. Otro futbolista con clase, aunque indisciplinado, que abandonará la fábrica de talentos es Yuri Berchiche, un juvenil polivalente de Zarautz con una importante proyección que ha aceptado una oferta del Tottenham. También se ha marchado el cadete de Hernani Íñigo Rodríguez, que la próxima campaña jugará en la Real Sociedad.
El paradigma del club proteccionista de lo suyo y con una política agresiva de fichajes en viveros ajenos es el Arsenal. Para blindarse a las 'intromisiones', sus responsables obligan a las promesas a decidir a los 15 años si quieren dedicarse al fútbol profesional o si, por el contrario, prefieren dejarlo y optan por la formación académica. Si eligen el deporte como modo de vida, deben firmar un contrato cuya única diferencia con el de las 'estrellas' de los 'gunners' es la cuantía económica. Además de atar a sus potenciales figuras, ha tejido una red de ojeadores que llega a todos los rincones en los que suenan tambores de talento.
En las filas del Barça todavía escuece la operación que terminó con el entonces juvenil Cesc en el club londinense. El tiempo ha acabado por dar la razón a los captadores del Arsenal, defensores a ultranza de las inversiones a largo plazo. El catalán es ahora un fijo en las alineaciones del equipo inglés y disputó el Mundial de Alemania. Un ejemplo aún más claro de esta política es la contratación del francés de 16 años del Southampton Theo Walcott, por el que los londinenses pagaron nada más y nada menos que 12,5 millones de euros.
No tanto por presupuesto, sino más bien por una metodología de trabajo basada en la progresión y el intento de transmitir la cultura del esfuerzo, alejada del éxito inmediato, el Athletic no puede responder con contraofertas potentes a las proposiciones foráneas. La profesionalización de los jugadores jóvenes no entra en los planes de un club que aboga por una cantera comprometida desde el punto de vista 'sentimental', no monetario.
Incentivar la que podría llamarse 'pedagogía de club' se ha convertido por tanto en uno de los principales objetivos de los técnicos de las categorías inferiores, indefensos ante el golpe de talonario en un negocio imparable. Sin embargo, también al ejercer esta labor formativa encuentran dos serias dificultades: la ausencia de referentes claros en la primera plantilla que puedan servir de ejemplo a las promesas y, también, el desarraigo de jugadores de otras provincias y comunidades autónomas que no han mamado el sentimiento Athletic desde la cuna.
La recompensa
Para explicar ambos condicionantes hay que olvidarse un tanto de razonamientos deportivos y recurrir a otros de índole sociológico e incluso emocional. La ausencia de títulos en las dos últimas décadas y la pérdida de influencia en una Liga en la que en las temporadas 2005-2006 y 2006-2007 el único objetivo ha sido la permanencia ha podido minar el ánimo y también las expectativas de los canteranos.
La tarea diaria de convencerles de su pertenencia al 'mundo rojiblanco' y de que su esfuerzo será finalmente recompensado resulta sencilla en el caso de los futbolistas cuya afición al Athletic se ha transmitido durante generaciones. Pero la cosa se complica con los jugadores 'pescados' en otros territorios, sobre todo en un momento en el que las estrellas del fútbol del torneo doméstico, la mayoría de ellas en los equipos llamados 'grandes', tienen un impresionante poder de atracción.
Todo ello ocurre, además, en un contexto social que bombardea al adolescente con la cultura del triunfo inmediato. El problema puede ser peliagudo y en Lezama no ocultan que las 'fugas' no sólo tienen un impacto en el vivero rojiblanco como estructura propiamente dicha, sino que también afectan a nivel personal a los compañeros que se quedan. Pueden surgir algunas dudas sobre su valía cuando comprueban que los clubes se han fijado en otras promesas y no en ellos. También en este caso el trabajo psicológico es fundamental. Pedagogía frente a negocio. Difícil combinación.
i.orio@diario-elcorreo.com
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