La Real explota como nadie los señuelos. Sus atacantes sumen a los rivales en un desconcierto absoluto con un movimiento constante. No paran. No hay nada establecido cuando el equipo de Montanier tiene la pelota. A falta de una referencia estática, los encargados de trasladar el peligro pululan sin cesar por todo el frente ofensivo y los defensores pierden sus marcas, dudan sobre a quién deben perseguir.
Esa inabarcable variedad que en cada jugada ofrecen los delanteros se traduce en un abrumador reparto de goles y asistencias. De hecho, los seis jugadores ofensivos más empleados acumulan ya 30 goles y 15 asistencias. No le ha sido fácil al equipo guipuzcoano hacer encajar a todas las piezas, que por sí solas parecen anárquicas, pero que se entienden con la mirada, a la carrera. En cierto modo, la demora es lógica. No resulta sencillo organizar un desorden. Pero sólo de esa forma puede exprimirse al mejor Carlos Vela, que ya ha firmado diez tantos y cinco pases definitivos y ha provocado la mayor parte de las ocho expulsiones consecutivas que han padecido los adversarios de la Real. El mexicano disfruta del fútbol al máximo cuando encuentra un hueco para conducir la pelota o un espacio para burlar al rival. Pero si él fuera el único futbolista con licencia para salirse del guión, su capacidad de sorpresa desaparecería. Así que todos lo hacen.
Xabi Prieto pone la pausa para interpretar la jugada. Con talento a raudales, el centrocampista ha visto modificado su rol. De ser la referencia en el costado, ha pasado a una posición más centrada, lo que ha menguado su incidencia en el último pase, pero no en el remate -suma cuatro goles-. Sobre el donostiarra gravitan el indomable Griezmann y el vertical 'Chory' Castro, que forman un envidiable trío de zurdos con Vela. Entre los tres, de hecho, acumulan 19 dianas y 9 asistencias. Las alternativas de la Real, sin embargo, no acaban en esos cuatro jugadores de clase. Agirretxe, el ariete más puro de la plantilla, parece haber encontrado de nuevo la pólvora, lo mismo que Ifrán.
Pero la labor ofensiva no recae tan sólo en los atacantes. Los centrales tratan de dar sentido al fútbol desde el inicio y los centrocampistas, sobre todo Illarramendi y Pardo, combinan hasta invadir al adversario. Los laterales, Carlos Martínez y De la Bella suben con asiduidad. La premisa es desplegar un fútbol alegre, en el que divertirse parece obligatorio. Cuando los blanquiazules disfrutan, el juego fluye.
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