El rey de Copas ha vuelto. Tres años después, el Athletic regresa a la final de este torneo que siempre ha sentido como suyo, que ha ganado en 24 ocasiones, que hace respirar con pasión a todos los aficionados rojiblancos. En una Liga bipolar, un club de las características del bilbaíno, centenario, con chavales de la tierra, todo pundonor y raza, debe apostar todo a esta competición para conseguir un título a nivel nacional. Para optar a la gloria, que se ha ido construyendo con un juego eléctrico, preciso y que, a ráfagas, recuerda a alguno de los conjuntos que mandan en el fútbol mundial. Espoleada por esa hinchada que sólo siente dos colores, el rojo y el blanco que iluminan la camiseta de su equipo, que ha demostrado una vez más cómo se debe apoyar a los suyos, a los que le ha llevado en volandas al triunfo. Y una afición que estaba en el hotel Meliá tres horas antes del encuentro para dar su aliento a los jugadores. La escuadra de Marcelo Bielsa sólo ha tardado 22 minutos en sentenciar (el marcador ya señalaba tres a cero) a un Mirandés valiente, con descaro y dosis de buen fútbol, pero muy endeble en defensa. Los burgaleses han salido a por todas y han pagado su bravura, la distancia de categoría, ante la gran disposición y la velocidad de un Athletic mayúsculo, que se ha gustado hasta firmar una goleada (6-2) que hacía mucho tiempo que no se veía en Bilbao.
Llegar a la 36º final de la historia ha sido, por tanto, más fácil de la previsto. Había quien creía que el Mirandés, el héroe de este torneo, iba a ser capaz de dar la vuelta a la eliminatoria, tras tumbar a tres Primeras. Pero no. El Athletic quería la final de Copa, revivir aquella atmósfera que se creó hace menos de tres años en el inolvidable duelo de Valencia. Volver a sentir esas sensaciones que más de uno de los actuales miembros de la primera plantilla aún guarda en su memoria y desea recuperar en la gran cita de mayo. Por eso, a pesar de la intensidad del cuadro de Pouso en el arranque del duelo, los bilbaínos rompían con su rapidez, sus combinaciones, la primera línea de presión de los burgaleses y, a partir de ahí, se configuraba una autopista hacia la portería de Nauzet. De esta manera llegó el primero, de Muniain, en el minuto 10. Y poco después el segundo, de Susaeta, en el minuto 14.
Ya estaba. San Mamés rugía como en las grandes noches. Ya lo había hecho al inicio del duelo. El ambiente de ‘La Catedral’ se ha asemejado al de esa semifinal de hace casi tres años contra el Sevilla, o la de triste recuerdo frente al Betis en 2005. “¡Athletic, Athletic!”. La afición, como los jugadores, ansiaba otra final. Da igual que esté cercana la última (aunque del último título han pasado casi tres décadas), y que no se haya producido una travesía del desierto como en la anterior cita de Valencia. Este Athletic ilusiona y los seguidores estiman que no se puede con cualquier cosa. Vamos, que el título no es una quimera, que da igual que el rival en mayo (el 20 o el 25) sea el Valencia o el Barça, porque se puede ganar a ambos.
Para empezar, se ha superado a la sorpresa del torneo del ko en 2012. Es cierto que el peso de la lógica daba casi todas las posibilidades al Athletic, pero hay que eliminar a un cuadro corajudo y que no se rinde (sino que se lo preguntan el Villarreal y al Espanyol). Y los de Marcelo Bielsa lo han hecho esta noche, a pesar de que el Mirandés no se dio por vencido ni con el 2-0. Ni con el 3-0, logrado de cabeza por Aurtenetxe (se ha convertido en un especialista de esta suerte en el segundo palo). Minuto 22. Locura en ‘La Catedral’. Los bilbaínos ya estaban en la final (de la que aún no se sabe sede). Los hinchas ya piensan en ese encuentro decisivo de mayo y hoy seguro que más de uno se dirigirá a una agencia de viajes para reservar hotel, sin saber destino ni fecha.
Aunque eso es lo de menos. Lo importante para los seguidores es estar en la final. Sea en Valencia, en Barcelona o en Madrid. Da igual, porque el Athletic ha transitado con solvencia en la Copa del Rey, y sólo el Mirandés les ha marcado en este torneo. De hecho, antes del descanso, la renta local podía haber sido más amplia. Mucho más. Pero en una ocasión porque Muniain se emborrachó de balón, en otra porque Nauzet ha desviado con habilidad un cabezazo de Amorebieta, y en otra porque Llorente, solo, se ha precipitado en lanzar a puerta, el hecho es que los bilbaínos se fueron al descanso con 3-0. Que ya está bien, sí. Pero la afición, entregada, a por todas, como las grandes noches, quería más.
Aunque pronto ha llegado un pequeño jarro de agua fría. Ese gol de la honra que ha conseguido el Mirandés por medio de Aitor. “Sí se puede”, se ha oído en la garra de los aficionados burgaleses. Es más, poco después, han podido marcar el segundo. No ha sido así, pero sí se ha visto que el Athletic mantiene esos tramos de despiste, en los que se evade del partido y el oponente, a poco que apriete, le puede hacer daño (a falta de cinco minutos para el final, Aitor ha vuelto a acertar). Aunque tras esos lapsus, ha surgido el momento de Fernando Llorente, que ya anotó dos en Miranda. En la vuelta, el primero, de bella factura, con una preciosa y precisa vaselina que ponía el cuarto en el marcador. A continuación, el quinto, en el segundo palo, al estilo de un ariete que ha dejado atrás esos tormentosos problemas de rodilla y ha regresado al césped con potencia, efectividad, y su olfato goleador en un estado impresionante.
Como impresionante ha sido lo vivido nada más acabar el partido en San Mamés. Otra final, la segunda en tres años, que tendrá al Athletic como uno de sus protagonistas. Bilbao y Bizkaia ya se preparan para espolear –como siempre- a los de Bielsa durante los más de tres meses que aún restan para ese encuentro. Antes, hay otras citas: la Europa League (con un posible duelo contra el United en el horizonte) y la Liga, en la que los vizcaínos intentarán acabar entre los cuatro primeros para ir a la Liga de Campeones. Pero lo inmediato es la victoria contra el Mirandés (6-2). “¡Athletic, Athletic!”, “¡Que bote, que bote San Mamés!”. Ya estamos en la final. Bufandas al viento. El rey de Copas vuelve a optar a su título preferido.
Ficha técnica:
Athletic: Iraizoz; Iraola, Javi Martínez, Amorebieta, Aurtenetxe; Iturraspe (San José, min.58), De Marcos, Herrera (Íñigo Pérez, min.74); Susaeta, Llorente y Muniain (David López, min.77).
Mirandés: Nauzet; Garmendia, César Caneda, Aitor Blanco, Raúl García; Mujika, Iribas (Borrell, min.55), Martins (Garro, min.68), Pablo Infante; Alain (Muneta, min.46) y Lambarri.
Goles: 1-0, min.11: Muniain. 2-0, min.14: Susaeta. 3-0, min.22: Aurtenetxe. 3-1, min.57: Aitor Blanco. 4-1, min.71: Llorente. 5-1, min.75: Llorente. 6-1, min.86: Aitor Blanco. 6-2, min.88: César Caneda, en propia puerta.
Árbitro: Undiano Mallenco (Navarro). Mostró tarjeta amarilla al local Amorebieta y al visitante Iribas.
Incidencias: Partido de vuelta de semifinales de la Copa del Rey, disputado en San Mamés ante unos 40.000 espectadores. Entre ellos, cerca de un millar de animosos seguidores visitantes. En los instantes previos al partido, el capitán del Mirandés, Pablo Infante, realizó la tradicional ofrenda floral que llevan a cabo todos los equipos que se miden por primera vez en 'La Catedral' al primer equipo del Athletic.
Todo la información de la final de la copa del rey: ATHLETIC - BARÇA
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