
Marcelo Bielsa exhibió ayer la versión más amable de su carácter. La parte soleada de su personalidad, que llena los vacíos a su paso y atrae por su singularidad. La simpatía y la agudeza como llaves maestras para abrir las puertas de su nueva casa. Los corazones llegarán después, cuando se enciendan los focos. 'Ongi Etorri', decía una pancarta en Lezama. Le gustan las pancartas. Como aquella que leyó una vez en Argentina. «'Vine por ti, hazlo por mí'», recitó de memoria. «Somos una expresión de los que más se ilusionan», argumentó en referencia a la afición. A que con los sentimientos no se juega. El caso es que el rosarino dejó destellos de genialidad y de su fino sentido del humor durante su primera intervención como entrenador del Athletic, con un discurso medido y carente de tópicos. Los lugares comunes no le gustan. Demasiada gente en tan poco espacio.
El técnico argentino tardó en hacerse visible. Apareció en una pantalla de vídeo el último día de la campaña electoral y luego regresó al silencio, donde disfruta con el ruido del fútbol. Su ausencia ha puesto de los nervios a más de un aficionado, que ayer pudo comprobar por fin que Bielsa es un tipo de carne y hueso. Después de la sesión matinal, el 'profesor' -sobrenombre por el que se le conoce al otro lado del Atlántico- compareció en la sala de prensa de Lezama. Más periodistas que sillas. Medio centenar de informadores pendientes del 'Loco'. De sus primeras impresiones en Bilbao, en la 'fábrica' rojiblanca, donde cohabitaron bajo la lluvia unas 2.000 personas. «Sólo puedo expresar mi gratitud por este recibimiento», fueron las primeras palabras del rosarino, quien habló de la «conciencia de la responsabilidad» para responder a los anhelos de la grada. «El único modo de retribuir el afecto es conseguir unos resultados que satisfagan las expectativas de la afición».
Apareció en la sala escoltado por Gabriel Aravena, su asistente personal, prácticamente su sombra durante los tres años y medio que comandó a la selección de Chile. «No piensen que este hombre tiene una función, oficia de amigo», comentó entre risas. Relajado, de buen humor, generó un ambiente distendido y atendió a todo el mundo. Explicó que Luis Bonini será el preparador físico y que Claudio Vivas hará de su segundo, mientras que Pablo Quiroga y Diego Reyes se encargarán de la parcela técnico-táctica. Un equipo de trabajo diseñado con la convicción de que un Athletic mejor es posible. «No nos ponemos límites», subrayó Bielsa, aunque evitó lanzar purpurina al aire. Aconsejó prudencia, pero sin renunciar a los sueños. «La ilusión es un lugar insustituible para los entrenadores». Desde ayer, habita en él.
Vestía de chándal. Las gafas colgando del cuello. Sonriente. No hacía falta ser un adivino para darse cuenta de que estaba a gusto. Ilusionado con el nuevo proyecto. Le encanta esa palabra. Ilusión. La emplea mucho y con respeto. Da sentido a la pasión, el ingrediente fundamental del fútbol. Quizás por eso ensalzó la naturaleza «romántica» del Athletic, que llegó antes que el Inter. «Tenía un compromiso verbal que me impedía valorar otras posibilidades», explicó de esta manera su decisión de rechazar al conjunto italiano. Había dado su palabra a Josu Urrutia, y con eso bastaba. «No estoy haciendo una comparación entre las dos instituciones porque sería una imprudencia por mi parte», acotó.
«Sentido señorial»
Las preguntas se sucedían y el rosarino se tomaba su tiempo antes de responder. Medía las palabras y administraba los silencios. Ni un paso en falso. «¿Por qué ha elegido al Athletic?», escuchó. «Pertenezco a una institución -Newell's Old Boys- que en los años ochenta y noventa también se nutría de los jugadores formados exclusivamente en las divisiones inferiores. Me informaba y leía sobre el Athletic. Aprendí palabras como fidelizar o convenido, que desconocía. Tenía la sensación de que conocía al club. Hay cosas como su sentido romántico y señorial que me resultaron atractivas», trató de pisar con cuidado el terreno emocional. «Sin demagogia». No le gusta. Tampoco las promesas recurrentes que abundan en el fútbol. «La mayoría de las presunciones fracasan», advirtió.
Lo que no admite dudas es el sello que quiere imprimir al Athletic. En los últimos meses se ha hablado mucho del 'estilo Bielsa' y quién mejor que el portador nominal del anunciado para aclarar su ideario. «¿Me pregunta qué quiero que pase? Prefiero el protagonismo a la especulación; el campo rival al propio; la posesión del balón a la recuperación; el reglamento como un recurso para que el juego sea mejor y no para tratar de obtener ventaja; y, en la medida que se pueda, participación de todas las líneas en el desarrollo del juego». Aspira a la construcción de un bloque equilibrado que domine al rival y lleve el peso del partido. «El fútbol son intenciones y también neutralizar proyectos antagónicos», precisó.
Descartes y refuerzos
Bielsa felicitó al equipo por la clasificación de la pasada temporada y se declaró satisfecho con la composición del actual plantel, aunque se cuidó mucho de cerrar puertas a eventuales incorporaciones. «Es difícil asegurar que no va a llegar nadie. No descarto nada, pero no estoy pensando en nombres propios o en posiciones determinadas». En este punto señaló que le gustaría contar con una plantilla de 25 futbolistas y echar mano de tres o cuatro juveniles. De hecho, Guillermo Fernández, Enric Saborit, Kepa Arrizabalaga e Íñigo Ruiz de Galarreta partieron ayer rumbo a Oliva. Quizás allí esté su oportunidad.
El Athletic se encuentra ante una temporada apasionante. Liga, Copa, Europa. Tres competiciones y un sólo deseo. Crecer y mejorar. ¿Hasta dónde puede llegar el equipo? ¿Tiene techo? ¿Puede aspirar a la 'Champions'? Bielsa se lo toma con tranquilidad, con filosofía. «Hay un grupo de dos intocables (Real Madrid y Barcelona) y otros dos menos difíciles de alcanzar (Valencia y Villarreal). Después del cuarto o el quinto estaría el Athletic, pero eso es en teoría. Haber acabado sextos -elogió a Caparrós por lograr la fortaleza espiritual y unión grupal- no quiere decir que no podamos terminar octavos o terceros. Tenemos afán de competición y no ponemos límites a la pretensión».
Transmitió su confianza en la plantilla y en su capacidad de cumplir con los objetivos marcados antes de que el balón eche a rodar. «De ahí en adelante siento la obligación de ganar. No hay excusas para que no sea así». Tendrá a sus órdenes a dos campeones del mundo y a cuatro campeones de Europa sub'21. «Trataré de no empeorarles, o al menos dejarles como están», bromeó.
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