El partido pareció impropio de primera división, tanto es así que no parece probable que los dos equipos vuelvan a encontrarse en la próxima temporada. El Almería y el partido fueron dos paquetes estupendos. Y el juego del Athletic, muy vulgar. Pero bueno, acertó a ganar y vuelve a ser quinto, con lo que no parece éste el mejor momento para apuntarse a la cofradía del santo reproche. O tal vez sí, tal vez la crítica un poco ácida es más creíble cuando va separada del cabreo por un mal resultado. Es muy difícil rescatar de ese partido alguna secuencia de quince segundos seguidos con alguna armonía, si acaso ciertos fogonazos más o menos improvisados, ciertos arreones, las manos por alto de Iraizoz, dos remates bravos de Gurpegui, algún toque con sentido de Iturraspe, la brega de Toquero, la sensación de que puede pasar algo, aunque no siempre suceda, cuando Muniain conduce el balón, el zapatazo de Orbaiz&hellip Pero muy poco más.
Después de alegrarnos por el resultado y la clasificación, faltaría más, tal vez convenga preguntarse si algunos jugadores del Athletic no se estarán equivocando. Llorente lleva varios partidos muy flojo, lánguido, queriendo hacerlo todo con las pocas pelotas que le llegan en condiciones, desistiendo en seguida, en cuanto no le salen las cosas, que llevan media docena de partidos sin salirle. Es verdad que no siempre le dan balones sino muchas veces melones, y de eso no cabe responsabilizarle a él ni del todo a quienes se los envían desde las posiciones más inadecuadas para un buen aprovechamiento, pero tampoco se sabe si es primero el huevo o la gallina, si el Athletic no sabe jugar a otra cosa y se limita a enviar balones a ver si hay suerte, o si es la presencia de un Llorente habitualmente mejor que el actual, con sus posibilidades objetivas cuando está bien, quien condiciona el juego del Athletic. Un dilema aliñado con la poca fe en la estética del juego que caracteriza al entrenador Caparrós. No está bien Llorente y no sé si estará pensando en otra cosa. Se puede comprender que un futbolista, un contable o un periodista aspiren a llegar lo más lejos que puedan en sus profesiones, pero no se llega lejos por el camino inadecuado. Después de este partido que tuvo tan poca cosa, tal vez sea el momento de gastar la pólvora de la opinión en dos jugadores importantes, el momento de pedirle a Fernando Llorente, aunque sólo sea por el subjetivo derecho que pudiera darnos haber creído en él cuando no había tanta unanimidad respecto de sus posibilidades, que se piense bien pensado su futuro, si estuviera pensando en otra cosa. Quién no comprendería la ambición de estar en los equipos mejores, jugar la Champions, salir ovacionado de Chamartín o Ansfield, pero tampoco estaría mal calcular las posibilidades de ser suplente en esos equipos, que no van a jugar para él salvo que no les salgan las cosas de otra manera, y entonces la exigencia será máxima y la paciencia mínima, que piense también en la posibilidad de perder las opciones, por suplencia en otro hipotético club, de jugar la próxima Eurocopa, el siguiente Mundial, mientras que sería muy probable continuar entre los seleccionados de seguir en el Athletic, respetado, bien pagado, titular indiscutible, querido por la afición&hellip
Cabe una reflexión similar respecto del otro mundialista, Javi Martínez. Ambos han vuelto de la selección, donde no son titulares y no parece fácil que vayan a serlo habitualmente, se diría que añorando un juego que en realidad no está pensado para ellos, en el que no encajan salvo para parchear determinadas situaciones adversas. El partido de Martínez en Almería fue un desastre, jugó a un ritmo de caballo cartujano, haciendo posturas, condujo el balón alocadamente, se equivocó en el juego y el estilo. Le queda mucho que aprender a Javi Martínez. Puede llegar más lejos, pero nunca por el camino de la suficiencia. Si pensara que por haber jugado algunos minutos en la selección está a la altura de Xavi Hernández, Xabi Alonso, Busquets o Iniesta, si pensara que el Athletic se le queda pequeño, se equivocaría gravemente.
De quedarme con algún jugador del Athletic, lo haría con Orbaiz, que estuvo lento en el primer cuarto de hora, se equivocó en el gol del Almería, pero no se hundió sino que siguió intentando poner orden en aquel correcalles, perseveró y tuvo el acierto de pegar un balonazo extraordinario con el que redimirse y con el que dejarnos un buen recuerdo de un partido infumable, como nos queda aquel pelotazo de Pelé ante Checoeslovaquia, que no entró pero sigue en nuestra memoria más de cuarenta años después. Si el fútbol es algo, son recuerdos compartidos.
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