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Óscar de Marcos reconoce con humor que su manera de correr le ha costado más de una broma de amigos y compañeros
9 de marzo de 2011
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JON AGIRIANO | .-

Hace demasiados años, escuché decir a un viejo aficionado rojiblanco que a él, para detectar a un buen futbolista, le bastaba con verle correr. (Lo dijo, por supuesto, con la pompa y la prosodia que la afirmación merecía. Uno no dice esas cosas de cualquier manera, como diría que se ha fundido la bombilla del pasillo o que el grifo gotea). En un primer momento, pensé que se trataba de una 'boutade', como la de esos taurinos de campanillas que aseguran que a un buen torero se le descubre en el paseíllo. Ahora bien, la tentación era muy grande y a los pocos días terminé queriendo emularle. De este modo, durante algún tiempo, intenté comprobar si yo también podía disfrutar de semejante poder de detección. Los fracasos, sin embargo, se sucedieron.

Efectivamente, había jugadores a los que la clase se les adivinaba con verles dar unos pocos pasos sobre el césped. Uno veía correr a Cruyff, a Beckenbauer o a Txetxu Rojo, y no podía tener ninguna duda de su talento porque éste parecía flotar sobre ellos como la aureola de un santo. De la misma manera, uno observaba correr a Carrete, el legendario lateral derecho del Oviedo y luego del Valencia, y creía estar viendo a uno de los hermanos Dalton -a Joe, en concreto- saliendo a toda pastilla de un banco recién atracado. Sus rivales también tenían la sensación de que les perseguía un tipo furioso y con mucha prisa. O qué decir de Ballesteros, por citar a un futbolista en activo. Ves al central del Levante pegarse una carrerita y te entran ganas de darle la coraza de legionario romano, el escudo y el 'pilum'.

Había, sin embargo, otro tipo de extraordinarios jugadores que hacían saltar por los aires las predicciones. Recuerdo al gran Luiz Pereira, zambo y cadencioso, a Manolo Sarabia, con sus piernas de alambre y su zancada de cigüeña, incluso a Michel Platini, con su tranco corto y su chepita. Nada parecía poder esperarse de ellos y, sin embargo, resultaban deslumbrantes. De manera que no tardé en abandonar mis pretensiones y me resigné a tener que ver mucho más que la forma de correr para detectar a un buen futbolista. Ahora bien, de aquella experiencia me quedó, ya para siempre, una debilidad: en lo primero que me fijo de un jugador es en su forma de correr.

Por esta razón, reconozco que mi primera impresión de Óscar de Marcos no fue, precisamente, muy halagüeña. Todo lo contrario. Diría que fue más bien penosa. Tengo entendido de que el propio jugador de Laguardia reconoce con humor que su manera de correr le ha costado más de una broma de amigos y compañeros. Y no es de extrañar. En carrera, recuerda a una gallina muy asustada o a una corista huyendo despavorida del 'saloom', perseguida de nuevo por Joe Dalton. Las maneras de Óscar De Marcos delatarían, por tanto, a un futbolista cualquier cosa menos valiente y decidido. Pues bien, la impresión no puede ser más engañosa. El delantero alavés está demostrando una solidez mental y una ambición admirables. Contra el Valencia, como lateral derecho, demostró que no se conforma con cumplir el expediente, que lo suyo no es pasar desapercibido, ni mimetizarse en el paisaje. Contra el Sevilla, esta vez de delantero, volvió a aprovechar su oportunidad.

Está claro que De Marcos quiere ser jugador del Athletic y que no se arruga ante los imponderables. Otros en su lugar habrían bajado los brazos o al menos mostrarían claros signos de debilidad. Y es que hablamos de un futbolista que, de tener un papel protagonista en sus primeros partidos con el Athletic, acabó cayendo en lo más hondo del armario de Caparrós; ya saben, ese lugar tenebroso del que uno puede salir sin saber si es diestro o zurdo. Fuera de la mayoría de las convocatorias junto a otros jóvenes defenestrados, utilizado como parche de relleno en los entrenamientos, obligado a hacer méritos como futuro lateral derecho, es decir, con unas perspectivas de jugar semejantes a la que tenían los suplentes de Iribar, pocos daban un euro por De Marcos. Él, sin embargo, nunca perdió la fe. Lesionado Toquero, es probable que ante Getafe y Villarreal tenga dos nuevas oportunidades. Seguro que se desvive por aprovecharlas, corriendo a su manera.

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