
El Athletic lleva cinco partidos sin ganar y, más allá de su fútbol, está claro que el cansancio se ha adueñado de las piernas rojiblancas. Joaquín Caparrós niega la mayor, asegura que el equipo «está bien físicamente», pero la realidad y los números dibujan un panorama diferente. La temporada se está haciendo eterna -52 partidos oficiales hasta la fecha- y los propios jugadores reconocen la falta de frescura. No hay más que fijarse en Fernando Llorente para darse cuenta de que está conectado a la respiración asistida. De hecho, la plantilla ya no se entrena, se recupera, y ayer volvió a repetir en un 'spa' de Bilbao para tratar unos músculos castigados por los kilómetros. Las sesiones en Lezama, desde hace mes y medio, consisten en carreras continuas y suaves toques de balón de los titulares, los más castigados, que economizan el esfuerzo con la vista puesta en el compromiso del fin de semana.
La evolución del cansancio es evidente. El Athletic empezó a competir en julio de 2009 -con la primera de las dos eliminatorias previas de la Europa League- y sus prestaciones dibujan una clara tendencia descendente. El físico está muy castigado y hasta los números confirman la progresiva bajada de revoluciones. El equipo ha disputado 36 jornadas de Liga y si éstas se dividen en tres bloques de doce las cifras se resienten según avanza la temporada. En los doce partidos iniciales, el equipo consiguió 20 puntos; en la tanda siguiente, 17; y en la última, donde se supone que hay que estar a tope para aguantar el arreón final, apenas 14; es decir, la fase más floja de todo el campeonato. Justo cuando uno se juega la vida, o Europa.
Llorente fue uno de los primeros en reconocer los síntomas del cansancio. «Tengo unas pequeñas molestias, aunque las llevo controladas. Acabo los partidos bastante cargado. Son muchos encuentros y el cuerpo lo va notando, pero estoy a un buen nivel y a ver si puedo acabar la temporada a un nivel alto». Lo dijo el 8 de abril, cinco días después de la derrota ante el Barcelona (4-1), y desde entonces las muestras de fatiga no han hecho más que acrecentarse. Consecuencia lógica de un calendario sobrecargado que, en el caso del delantero, se agrava por su participación en la Copa Confederaciones celebrada el año pasado en Sudáfrica. Apenas disfrutó de un par de semanas de vacaciones antes de incorporarse al 'stage' de Isla Canela (Huelva).
Reservas de energía
Nada más terminar el partido ante el Málaga, tanto Iraizoz como Iraola hablaron del desgaste físico. El portero asumió con naturalidad que «la temporada se nos está haciendo larga» e Iraola reconoció que «nos faltó frescura al final». Caparrós lo sabe e intenta cargar las pilas de un equipo que compite con las reservas de energía. Cuida a los que más minutos acumulan, les receta suaves carreras continuas y muchas veces les manda al vestuario a mitad del entrenamiento. Casi siempre un par de jugadores se ejercitan al margen del grupo -un día es Llorente, otro Toquero, Koikili, Javi Martínez, Amorebieta...- y las rotaciones alcanzan la práctica totalidad de los futbolistas más utilizados por el técnico utrerano.
El peso de la Liga recae sobre todo en una quincena de jugadores. Hay dos que superan la friolera de 3.000 minutos -Iraola e Iraizoz-; seis se mueven por encima de los 2.000 -Llorente, Susaeta, Amorebieta, Javi Martínez, Gurpegui y Toquero-; y siete rebasan los 1.000 -Gabilondo, San José, Yeste, Orbaiz, Castillo, Koikili y Ustaritz-. La gran mayoría de ellos también han competido en Europa, otros doce partidos en el calendario, por lo que la falta de frescura y lo interminable del curso derivan en un final de temporada de difícil abordaje.
Después del empate ante el Zaragoza, el pasado 18 de abril, Caparrós echó mano el lunes siguiente de diez jugadores del Bilbao Athletic para completar el entrenamiento. Otro gesto más que buscaba economizar el esfuerzo de los más castigados. En más de una ocasión, los titulares han saltado al césped de Lezama en compañía de un preparador físico que ordenaba un ligero trote para soltar las piernas, que acababan en alto en una de las vallas publicitarias del campo.
El Athletic arrancó la Liga como un tiro porque llevaba un mes compitiendo entre los compromisos de Europa y Supercopa. De ahí que en los primeros doce partidos sacó nada menos que seis victorias. En el siguiente bloque, el número de triunfos bajó a cinco y, en el último, cuando se decide la parrilla final, se redujo a tres. Incluso San Mamés, que ha hecho de soporte vital básico durante buena parte del año, se ha visto tomado por equipos como el Zaragoza, Mallorca y Málaga. Los rojiblancos quisieron, pero no pudieron. Al cansancio físico se le une la fatiga mental y quien más quien menos aguarda las vacaciones como el agua de mayo. Por cierto, si el equipo obra el milagro y se clasifica sexto, volvería a jugar la primera previa europea en julio. El día 29. Otro año eterno.
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