
Hay momentos en la vida en los que la sangre puede con la razón. Son instantes, fragmentos de una milésima de segundo en los que a uno se le hace de noche. Apagón y desconexión de la lógica. Cuando regresa la luz ya es tarde. Sólo queda el lamento, el perdón y la promesa de que no volverá a suceder. Pablo Orbaiz, una de las voces más autorizadas en el vestuario del Athletic, capitán y, por consiguiente, embajador de una serie de valores centenarios, reincidió el pasado sábado en San Mamés. De forma extraña, inexplicable, que no encaja con un jugador noble y reflexivo ni tampoco con el gran momento del equipo. La agresión a David Cortés llegó apenas un mes después de la expulsión en Villarreal.
Nadie se explica la patada de Orbaiz. Quizás ni él mismo, imposible de localizar ayer, refugiado en la comprensión de los suyos. Tardará en olvidar el minuto 37 ante el Getafe, momento del apagón. Después de recibir una dura entrada se fue al suelo y respondió con rabia, argumento de los desesperados. Y él no lo está. Las cosas le van bien. Es un fijo en el esquema de Joaquín Caparrós, titular indiscutible; acaba de renovar con el Athletic; el equipo juega por meterse en Europa; y, poco antes de la agresión, había marcado un bonito gol. Agarró por los pelos a Marco Rubén en Villarreal -dos partidos de suspensión- y el sábado, cinco semanas después, golpeó incomprensiblemente a Cortés y deslució un poco más el brazalete del capitán.
«No es algo propio de Pablo»
El entorno del jugador reconoce que el navarro está muy afectado. Cuesta hallar razones que justifiquen una acción injustificable. Iñaki Saez, ex seleccionador de España y hombre que impulsó la carrera de Orbaiz, vio las imágenes y lamentó el despropósito del navarro. Ya con la cabeza fría opina que la agresión fue una «reacción a una entrada dura, que le dolió. Le vio de cerca -a Cortés- y le dio. No es algo propio de Pablo, un jugador noble y tranquilo. Debería haberse controlado». El técnico bilbaíno entiende que el futbolista «sintió miedo porque, en aquel instante, creyó que le habían lesionado de gravedad. Puede pasarle a cualquiera. Aun así -concluye- lo que hizo está fuera de lugar. Una lástima».
La agresión de Orbaiz le dejó «triste» a Txetxu Rojo. «Nunca había hecho nada parecido. No es de esos. Cuando le echaron en Villarreal ya me pareció raro y lo del sábado... Creo que fue algo instintivo, pero es complicado saberlo». El ex técnico y ex jugador del Athletic detecta algunos síntomas de nerviosismo en el equipo que han podido contagiar al navarro. «Hubo varios detalles como las entradas de Amorebieta, Javi Martínez y Gurpegui -el primero se salvó de ver la segunda amarilla, el de Aiegi estampó a un rival contra las vallas y el de Andosilla le propinó una duro pisotón a Casquero- y futbolistas tan comedidos como Iraola y Llorente no paran de protestarlo todo». Quizás a los rojiblancos les cuesta jugar con las revoluciones a tope.
Andoni Ayarza, ex defensa rojiblanco, considera que «fue una reacción inmediata y en caliente. No pensó y se equivocó. Si llega a pensarlo durante sólo un instante no hubiera agredido a Cortés. Ese tipo de comportamiento no es normal en Pablo». Dos expulsiones en apenas algo más de un mes. Inexplicables, injustificables. Y menos con el brazalete de capitán. Orbaiz, todavía con la mente en el minuto 37, en el suelo, dolorido, lo sabe.
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