
Luis de la Fuente, entrenador del filial, había considerado el partido de ayer como de «trascendencia vital». Por eso, los tres puntos rescatados por los cachorros en el encuentro aplazado por la ciclogénesis ante el Celta B alivian ligeramente las heridas del filial. Era de ese tipo de partidos en los que lo importante no es la manera en que se consigue la victoria. Lo que imperaba era obtenerla fuera como fuera. Y el Bilbao Athletic suspiró con el pitido final al bastarle el tanto de Mentxaka en la primera mitad. Aunque para darse la ducha con satisfacción plena, los jóvenes jugadores bilbaínos sufrieron de lo lindo ante un rival que bien se podía haber llevado un empate, o también el triunfo como hicieron los locales. Ahora, el filial, que no ganaba desde enero, pasa a la duodécima plaza quedando a tres puntos del puesto de promoción a Tercera que ocupaba hasta ayer y con la inminente visita al Lemona a la vuelta de la esquina. Estos puntos reconstituyentes sirven para hacer desaparecer algún nubarrón, aunque el Bilbao Athletic deberá mejorar mucho para observar el cielo despejado.
Ni el concurso de Iker Muniain y Ander Iturraspe, que aparecieron en el once inicial de los cachorros, sirvió para darle otro aire a un equipo desnortado. Muniain se ofreció y lo intentó sin suerte, salvo en la jugada del gol que él se encargó de inventar. Iturraspe estuvo bastante apagado en un partido también muy deslucido.
El Bilbao Athletic debía evitar que los gallegos, como hizo el pasado sábado el Izarra, se adelantaran en el marcador. Casi lo hicieron, pero ningún jugador celeste cazó un balón muerto a dos metros de la portería nada más comenzar el choque. Tampoco acertó poco después Adrien Goñi en un uno contra uno con el portero visitante, que le adivinó la intención. Pero para error el del delantero del Celta Oriol, al que tras desmarcarse muy bien, recibir un pase medido y driblar a Iago Herrerín, solo le quedaba empujar a la red. Se confió y mandó el balón al poste. Los cachorros respiraron. Seguían vivos. Y más aún, poco después, cuando Iker Muniain le ganó la partida a su defensor -pocas veces más lo hizo- y puso un inteligente centro en el área pequeña que Mentxaka remató a gol. De ahí hasta el descanso, la contienda se oscureció. Los cachorros se dedicaron a guardar la ropa y el Celta B se nubló al tener que cambiar su táctica del contragolpe.
El Bilbao Athletic eludió alegrías en la segunda mitad. El marcador le favorecía. Así que sólo Adrien Goñi pudo llevar la tranquilidad a su equipo en una mísera ocasión creada en los segundos 45 minutos.
Por su lado, el cuadro gallego acarició el empate en tres jugadas: una la despejó a corner Iago, el larguero repelió luego un centro chut y, casi al final, Pillado cruzó a milímetros del poste cuando ya se temía lo peor. Así que, con el ansiado final, más de un jugador cachorro dobló su cuerpo como pensando de la que se habían librado. Fue una victoria muy sufrida y reparadora, de trascendencia vital.
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