
Los hinchas del Athletic reciben con recelo cada penalti que le pitan a su equipo. Tienen motivos para ello. Los antecedentes les hacen colocarse en lo peor. Es un trago verse en la línea de los once metros. El balance no puede ser más desolador, sobre todo en la Liga, en donde este equipo ha desperdiciado el 56% de las penas máximas que ha tenido a favor, cuatro de siete, una estadística inquietante. Son más un problema que una solución.
Este equipo que sueña con la Liga de Campeones, pierde gran parte de sus opciones desde los penaltis. En un ejercicio de fútbol ficción, ha cedido cuatro puntos por fallos desde ahí. Se perdió uno ante el Valencia, con una parada de César a David López en el último minuto del partido. Se dejó escapar otro en Villarreal en las mismas circunstancias por la intervención de Diego López ante Iraola. Y, para agravar la crisis, anoche se quedaron dos en Gijón por la mano que metió Juan Pablo a la pena máxima lanzada por Gabilondo. El único que no hay que lamentar es el de Javi Martínez en Xerez.
El Athletic acumula jugadores que pasan por el punto de penalti sin que se ponga fin a la sangría. Gabilondo fue anoche el séptimo en verse en este trance. Por delante habían fallado Javi Martínez, Iraola, David López y Llorente. El único que no ha errado ha sido Joseba Etxeberria, que anotó en Madeira. Desde Ernesto Valverde, el equipo nunca se ha sentido tan fuerte en su carrera hacia Europa como este año. Pero está visto que siempre quedan cabos sueltos. Y estos son los penaltis, algo evidente.
Joaquín Caparrós insistió anoche en que el asunto se trabaja en Lezama, aunque resulta evidente que no encuentra remedio al problema. En sus dos primeras campañas, decretó la autogestión. Eran los jugadores quienes decidían en el campo quién disparaba. Pero el sistema no funcionó. Desde la retirada de Aitor Larrazabal, el último gran especialista rojiblanco, en 2002-03 el balance es muy pobre, 24 anotados y 16 fallados.
Cambios esta temporada
Caparrós decidió dar una vuelta de tuerca al asunto esta campaña. Ahora elige a tres posibles lanzadores. Antes de cada partido comunica su lista inmediatamente después de dar la alineación y, a la hora de la verdad, los señalados eligen a quién toca... Ayer estaba en ella Gabilondo. Parecía una apuesta segura. Como ensalzó Caparrós anoche, «tiene un gran golpeo de balón». Sin embargo, lanzó mal. Para empezar, telegrafió el destino. Los zurdos en muchas ocasiones buscan ese lado del portero. Es lo que hizo, pero es que además lo pegó muy suave. No sólo Juan Pablo, bastantes porteros lo habrían parado.
El vestuario admite que éste es un lastre que no puede continuar. «Desde el punto de penalti se nos han ido muchos puntos. Podíamos estar más arriba», lamentó Gurpegui. Orbaiz, en su papel de capitán y de jugador sereno, pidió «apoyar a quien toma la decisión de tirarlos y no volverse locos con esta jugada». Caparrós abundó en esta tesis. «Son gajes del juego», esquivó antes de comenzar a pensar en soluciones a este problema. A nadie extrañe ver en el próximo penalti a Mikel San José como lanzador.
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