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El Athletic se deja dos puntos en El Molinón, donde desperdició lo que no está en los escritos
14 de marzo de 2010

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Ambiciosos pero negados
Llorente fue una pesadilla constante para la defensa del Sporting, a la que siempre superó, pero no tuvo fortuna de cara al gol. :: REPORTAJE GRÁFICO: FERNANDO GÓMEZ
JON AGIRIANO.-

No puede decirse que El Molinón fuera ayer un campo talismán para el Athletic. Y es que, tal y como se produjo, el empate a cero cosechado por los rojiblancos no dejó de ser un chasco, una magnífica oportunidad perdida. Hasta diez ocasiones despilfarró el equipo de Caparrós, una de ellas, allá por el minuto 57, un penalti que Gabilondo no acertó a transformar. Para no variar, habría que decir. Y, claro, así no se puede. Con ese porcentaje de acierto lo máximo a lo que se puede aspirar es a lo que consiguió el Athletic, es decir, a llevarse el puntito de la Federación, como suele decir Mané. Fue una lástima porque, sin necesidad de jugar al fútbol, simplemente tirando de arrestos y de ambición, a lomos de un Toquero más bravo que nunca, la victoria tuvo que caer del lado bilbaíno. El Sporting, maniatado durante los noventa minutos, siempre a expensas de que le funcionara de carambola alguna jugadita individual, estuvo muy lejos de merecerla.

Todo eran lamentos en el vestuario rojiblanco al final del partido y no es de extrañar. Los tres puntos los tuvieron ahí, en la mano. La defensa asturiana fue una bicoca. Por arriba, Hernández y Botía pasaron un tormento ante Llorente y Toquero, que estuvo en todas y acabó contagiando a su compañero riojano. Cada vez que el Athletic llegaba arriba, la sensación de peligro era inminente, algo que no ocurría en el área de Iraizoz. Es cierto que el Sporting dispuso de dos grandes ocasiones en la segunda parte, una de ellas casi al final, pero lo cierto es que la retaguardia rojiblanca se comportó con eficacia. Los dos centrales estuvieron firmes y los dos laterales rindieron a un buen nivel. Gurpegui cumplió con nota en el lateral derecho, dando muy mala vida a Diego Castro. En el otro costado, Castillo estuvo serio ante Morán. Cerrar bien los candados de las bandas dio mucha seguridad al Athletic en un partido que se avivó mucho en la segunda mitad, a medida que la lluvia comenzaba a calar.

Cuatro seguidas

La primera parte fue un tostón entre dos equipos que se temían lo suficiente como para no atreverse a arriesgar. Desde la perspectiva del Athletic, lo mejor de ese periodo fueron, con diferencia, los últimos diez minutos, durante los cuales acumuló hasta cuatro ocasiones de gol, una detrás de otra. En que éstas se produjeran tuvo mucho que ver Toquero, incansable en su incordio a la defensa sportinguista. De un balón rebañado por el vitoriano acabó llegando un chutazo tremendo de Javi Martínez que Juan Pablo despejó a córner. En el mismo saque de esquina, Llorente cabeceó fuera, agarrado por un defensa. Era el minuto 39. Dos después, tras una dejada de Toquero, Susaeta, que había salido al campo en sustitución del lesionado Iraola, golpeó cruzado un balón que olía a 0-1. No terminaron ahí las oportunidades. Casi en el descuento, Javi Martínez cabeceó fuera, entrando en carrera, un saque de esquina.

Así las cosas, el Athletic llegó al descanso con una certeza: a poco que bregaran y presionaran arriba, las ocasiones de gol irían llegando. Sólo se trataba de eso. La victoria no exigía ayer ni siquiera un poco de fútbol. De modo que el partido no podía ser más cómodo para los rojiblancos, a los que bastaba con hacer lo que más les gusta, aquello a lo que están más acostumbrados: pelear y tirar 'palante'. Tras sufrir un susto de José Ángel en el minuto 50, el Athletic se estiró y comenzó su festival de oportunidades fallidas. Un cabezazo de Toquero se fue por centímetros, junto al poste derecho de la portería de Juan Pablo. Poco después, el delantero vitoriano, cuyo estado de ánimo es el que tendría el cruce de un mulo y un rottweiler, estuvo atento a un mal saque de puerta del Sporting para robar el balón, entrar al área y engañar a Fernández Borbalán tirándose en el área.

Sin especialista

El penalti pareció decisivo. Era uno de esos partidos en los que bastaba con un gol. 0-1 y a correr. Lo que sucede es que, más que un regalo, para el Athletic los penaltis son un auténtico problema, un jeroglífico, el crucigrama de 'The Times', el rosco de 'Pasapalabra'. Qué sé yo. No hay un especialista solvente y, cuando llega el momento, por lo visto, se trata de que los jugadores se miren entre sí a los ojos, se tomen el pulso y descubran quién de los lanzadores habituales se encuentra con más confianza. Ayer éste debió ser Gabilondo, lo que no impidió que el donostiarra fallara la pena máxima. Juan Pablo le adivinó muy bien la orientación.

Quedaba todavía más de media hora, tiempo de sobra para enmendar los errores y hacerse con el botín. Los pupilos de Manolo Preciado no inspiraban mayor temor. Se fueron encogiendo bajo la lluvia, con su línea creativa (De Castro, De las Cuevas y Morán) atascada y con el pequeño Rivera sufriendo en cada charco. Le debió dar pena a Fernández Borbalán, que le perdonó una expulsión de libro cuando desvió un balón con la mano -el árbitro lo pitó- teniendo ya una tarjeta amarilla. Aunque, eso sí, para pena la del Athletic, que siguió pegándose tiros en el pie hasta el tiempo de descuento, cuando a a Llorente se le fue el 0-1 tras recibir de Muniain, al que aparrós sólo le dio ayer una migaja de tres minutos. Un cosa muy rara.

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