
Fernando García Macua y Joaquín Caparrós escenificaron anoche en el Palacio Ibaigane la renovación del andaluz hasta el 30 de junio de 2011 en un acto de marcado carácter simbólico en el que todo estuvo medido al milímetro para transmitir la imagen de unidad entre la junta y el cuerpo técnico. Presidente y entrenador, que con la firma del nuevo contrato sellan su compromiso hasta el final del mandato salvo que mediara alguna decisión traumática en los próximos meses, se cruzaron elogios en presencia de una nutrida representación de la directiva, sentada en la primera fila de la sala de prensa de la sede del club, y Gorka Arrinda, representante del responsable del banquillo rojiblanco.
El acuerdo oficializado ayer culmina un intenso proceso de negociaciones iniciado a primeros de año que ha tenido dos fases bien diferenciadas. En la primera fue Arrinda quien mantuvo los contactos con la directiva para conocer si había interés en que su patrocinado continuara en el Athletic. Confirmada esa impresión, entraron en escena en la parte final Macua y Caparrós para cerrar personalmente los flecos y pactar la mejora de las condiciones económicas. El trato, en palabras del presidente, ha resultado relativamente «fácil» con independencia del tira y afloja que suelen caracterizar a este tipo de conversaciones. Todo ello, añadió, para cumplir «el guión» escrito en julio de 2007, cuando el sevillano fue presentado en San Mamés. «Una primera temporada para olvidar las endiabladas campañas anteriores, una segunda para consolidar el proyecto y una tercera para empezar a crecer. Ha sido como hacer la quiniela un lunes», subrayó.
Exultante, pero al mismo tiempo relajado, Caparrós también echó la vista atrás para hacer un somero balance de su trabajo en Bilbao. Recordó, en este sentido, que la primera campaña el equipo luchó hasta el final por entrar en la UEFA y después en la Intertoto, que en la segunda se vivió la histórica final de Copa ante el Barcelona y que en esta tercera los jugadores y el cuerpo técnico tienen puesta «todas las ilusiones» en la Liga para intentar regresar a Europa. Su intención con esta introducción no era detenerse en el pasado, sino enlazar aquellos momentos con la situación actual del equipo para dejar claro que su motivación es igual o mayor que cuando aterrizó en la capital vizcaína, hace dos años y medio. «Tengo la misma o más ilusión que el primer día», proclamó el técnico en un claro mensaje tridireccional a junta, futbolistas y aficionados.
Las puertas de Europa
Son muchos los alicientes que ha sopesado el de Utrera para seguir un año, pero quizás el más relevante es su mayor conocimiento de los entresijos del club, de la plantilla y también de los seguidores. Son tres elementos de una misma estructura que le incentivan para que el Athletic «siga creciendo» y aspire a cotas importantes. «Ahora conozco bien la casa», afirmó gráficamente para resaltar su total integración en un club que, a día de hoy, tiene sus ojos puestos en la posibilidad de repetir en la Liga Europa o, por qué no, de luchar por la cuarta plaza que abre las puertas de la 'Champions'. «No me lo he pensado», contestó cuando se le preguntó sobre si en algún instante había llegado a cuestionarse su intención de quedarse en el Athletic hasta 2011.
A Caparrós no le gusta hablar de ciclos en un mundo, el del fútbol, en el que los focos están cada vez más centrados en los entrenadores y en el que algunos de ellos sólo duran meses en el puesto porque los resultados no les han sonreído. Pero sí reconoció de forma implícita que necesitaba una campaña más para cimentar y apuntalar los progresos de un equipo que, resaltó, «aún tiene mucho recorrido». «Lo cómodo hubiera sido no seguir», lanzó el técnico, quien argumentó que tanto ética como profesionalmente hubiera sido un error mayúsculo haberse marchado con la premisa de que «ahora arree el de atrás con lo que tiene». Un razonamiento que hizo extensivo a la labor de la junta. «Pero no se trata de cumplir o no un ciclo», insistió.
En su comparencia también aludió a la frase que lanzó al inicio de la presente temporada después de clasificar a los rojiblancos para la fase de grupos de la Liga Europa y en vísperas del comienzo del torneo doméstico ante el Espanyol: «Tres años en el banquillo queman mucho». Anoche explicó que por aquel entonces envió ese mensaje para asumir personalmente el interés mediático en un contexto en el que «se estaba siendo injusto» con sus jugadores. Ahora, meses después, prefiere atisbar con optimismo el porvenir y mostrar su orgullo por formar parte de la historia de un club de reconocido prestigio «a nivel mundial» que le ha dado «mucho». «He disfrutado cada día en el Athletic», añadió.
Esas expectativas, sin embargo, no le impidieron admitir que siempre se le quedará clavada la espina de la final de Copa de Valencia, con independencia de que el rival, el Barça, era casi invencible. «Las finales están para ganarlas, sobre todo cuando llevas 25 años sin jugar una». Caparrós tendrá otra temporada para intentar repetirlo.
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