
Las aguas ya bajaban revueltas en el Valladolid, en zona de descenso a cinco puntos de la salvación tras su derrota en San Mamés el domingo, pero en las últimas horas han adquirido el rango de turbulentas y amenazan con formar una cascada de consecuencias imprevisibles en las próximas horas. Su capitán, Alberto Marcos Rey, destapó ayer la caja de los truenos al cuestionar el compromiso de algunos compañeros y mostrarse partidario de «dejarles de lado» -apartarles del equipo- si no demuestran que «se juegan la vida» en cada encuentro. Sus palabras cayeron como una bomba en el club blanquivioleta, que ya ha destituido a José Luis Mendilibar esta temporada y cuyo supuesto revulsivo, la llegada de Onésimo Sánchez al banquillo, de momento no ha funcionado.
Harto de la imagen ofrecida por el Valladolid, sin duda uno de los peores equipos que ha pasado por 'La Catedral' esta temporada, Marcos aprovechó la presencia de los micrófonos para cargar contra parte de la plantilla y poner en duda su profesionalidad. «¿Dejarlos de lado? Sí, soy partidario. Y si yo soy el primero, a mí. No quiero amigos, al igual que ellos tampoco me deberían de querer a mí. Sólo quiero un tío que el domingo se juegue la vida por mí», exclamó el capitán antes de anunciar que, si el club le pide nombres en privado, no dudará en dárselos. «Si no lo hiciera, sería un hipócrita», agregó.
En su opinión, hay «muchos» compañeros que no son conscientes de lo que supondría para la ciudad que el Valladolid descendiera. No es lo mismo, dijo, que el Nuevo Zorrilla acoja a equipos de Primera que de Segunda a la hora de generar ingresos, sobre todo en el gremio de la hostelería. «De nosotros dependen 300.000 ó 350.000 personas. Mucha gente, incluso yo, que puede quedarse sin cobrar y que muchas familias se tengan que ir al paro porque con nuestra actitud y nuestra cobardía podamos bajar». Él tiene intención de quedarse en la capital castellana y no le gustaría que le «marcasen» o le señalasen con el dedo por no haberlo dado todo en el campo. «Siento los colores», manifestó en esta línea.
Otros dos meses
A Marcos no le importa que su rajada le cree enemistades en el seno del vestuario porque entiende que la profesionalidad debe primar sobre las relaciones personales entre los futbolistas. «Es muy fácil venir aquí a entrenar, haces lo que te gusta y fuera. No quiero que sea (la del vestuario) una convivencia fácil. Yo quiero venir aquí a entrenar y no quiero sonrisas ni lágrimas. No me valen. Quiero que hasta me desprecien, igual que yo les voy a despreciar. Son dos meses y el que lo quiera tener claro, lo tiene que tener claro», subrayó.
Según su criterio, la pésima campaña del Valladolid sólo es atribuible a los jugadores, y no a José Luis Mendilibar, al que «echamos nosotros», ni a Onésimo, a quienes «hay que dejar aparte». «Cuando estaba Mendilibar se decía que esta plantilla no era de sus características. Viene Onésimo, que es más de toque y le da algo más de criterio al balón. Ahora (los futbolistas) no queremos el balón. Si no queremos el balón y no queremos correr, ¿qué hacemos aquí?», se preguntó.
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