
Desde que el pasado 22 de octubre abandonó San Mamés en el descanso del partido de Liga Europa ante el Nacional, enfadado después de que Caparrós decidiera cambiarle, pidió un taxi en un hotel cercano y se marchó a casa, Fran Yeste de lo único que había dado que hablar era de fútbol. De sus aciertos y sus errores, de sus lesiones y recuperaciones. Pero ayer, al basauritarra le volvió a jugar una mala pasada su temperamento.
Fue sin duda la imagen de la jornada en el entrenamiento de Lezama. Desde que Iraizoz hace dos años se ensañara con uno de los cristales de la puerta que da acceso a las instalaciones después de un mal día, no se había vuelto a ver algo parecido. El centrocampista se desahogó con una de la vallas de publicidad que jalonan el campo de entrenamiento del primer equipo hasta el punto de arrearle una patada, agujerearla y quedarse con el pie dentro. Todo ante el asombro de los espectadores que seguían en esos momentos la sesión, entre ellos varias decenas de niños de corta edad que no pararon de animar a los rojiblancos. Fue un arrebato, otro más.
Tras permanecer cerca de semana y media en el interior de las instalaciones recuperándose de aquella entrada sufrida en el choque frente al Espanyol que le supuso seis puntos de sutura en la parte interior del tobillo izquierdo, el interior regresó ayer al césped del campo 2 junto al resto de sus compañeros. Aunque en un primer momento dio la sensación de que iba a realizar una sesión más suave que el resto de la plantilla -al inicio se ejercitó en solitario con la ayuda de un fisioterapeuta como si estuviera probando la zona dañada-, pronto se comprobó que Fran Yeste estaba para algo más.
«Un pequeño cabreo»
A media mañana habló con el técnico y se incorporó a los ejercicios programados para el resto de sus compañeros, consistentes en realizar distintos movimientos con balón tanto a la hora de atacar como de defender. Luego, para cerrar la jornada, el entrenador programó el típico partidillo que en esta ocasión, al superarse la veintena de jugadores en el campo, se realizó a tres cuartos de cancha.
Fue en los últimos minutos de este choque cuando ocurrió lo que nadie se esperaba. Yeste, escorado a la izquierda de la portería, trató de chutar un balón en las inmediaciones de la línea de fondo. Al verlo, San José fue a cerrar el disparo y se lanzó al suelo, con tan mala suerte de que impactó ligeramente con el tobillo dañado del interior. Nada más producirse la acción el de Basauri se enfadó. Gritó un taco y soltó una fuerte patada con su pierna derecha contra la pancarta de publicidad ubicada en uno de los fondos. La atravesó y el pie se le quedó encajado. Lo sacó con suavidad y se sentó en el suelo. Se quitó la bota del pie dolorido y miró cómo estaba su tobillo. Mientras sus compañeros seguían con el partido, el masajista Juan Manuel Ipiña corrió en su auxilio. No hizo falta. Para cuando llegó a su altura Yeste ya se había levantado y se dirigía cabizbajo hacia el interior de las instalaciones con la bota en la mano.
Tras la ducha, el otro protagonista de la acción explicó lo ocurrido. «Iba a disparar y yo he ido a taparle. Le he rozado la zona dañada y se ha pillado un pequeño cabreo. En ningún momento le he ido a hacer daño. Luego le he pedido perdón y me ha dicho que esté tranquilo», relató San José. ¿Para mañana -por hoy- estará bien?, le cuestionaron. «Creo que sí», añadió.
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