
Dice Luciano Martín (Lepe, 1972) que su vida es una peonza que gira las 24 horas en torno al fútbol. Lo analiza, lo trabaja y lo disfruta. Tres en uno. Es el segundo de Joaquín Caparrós, su hombre de confianza, amigo y confesor, fiel escudero que le acompaña desde los tiempos de La Coruña. Ahora el viento sopla a favor, aunque se haya perdido en Galicia, y los remos reposan en los costados del barco rojiblanco. 'Luci', apodo por el que se le conoce, se encarga de suministrar la mejor información al técnico andaluz. En las instalaciones de Lezama dispone de una sala de montaje en la que visiona vídeos. Los corta, selecciona las jugadas más relevantes y las edita. Una y otra vez. Disecciona la esencia del fútbol rival y se la sirve masticada al 'míster'. Venido de la tierra del sol, asegura que el cuerpo técnico del Athletic trabaja tanto que «ni nos damos cuenta cuando llueve». Están a gusto en Bilbao. Él se quedaría. «Y Joaquín también», puntualiza, aunque admite que hay muchos factores a tratar. «Habrá que esperar».
- «Es el segundo de Caparrós». ¿Le molesta la definición?
- No, soy el segundo de Caparrós. En el fútbol hay unas denominaciones y una de ellas dice que soy el segundo del 'míster'.
- ¿Nunca ha querido ser 'el primero'?
- No me lo he planteado. Cuando me hacen esta pregunta y contesto que 'no' parece que me falta ambición. Y no es eso. Soy un entrenador joven, en formación, y estoy muy a gusto donde estoy. Voy aprendiendo a diario, no sólo de Joaquín, sino también de la gente que me rodea.
- ¿Cómo es la vida de un segundo entrenador?
- No sé cómo será la de los demás, pero la mía es ajetreada. Al igual que la del primero, del entrenador de porteros... Mi vida es el fútbol, las 24 horas al día. Hago mucho trabajo en Lezama, pero luego hay más cosas. Analizo los entrenamientos, los partidos, facilito la información a los jugadores y luego me llevo el material a casa. Son muchas horas de dedicación, de acostarte tarde, de ver vídeos, de preparar sesiones... La principal función de un segundo es saber acoplarse a lo que quiere tu entrenador. Depende del club en el que estés y del 'míster' que tengas. Luego tú vas añadiendo aportaciones personales.
- Coincidió con Caparrós en el 'Recre' siendo jugador, pero su relación laboral se inició en La Coruña. ¿Cómo empezó todo?
- Jugaba todo con Joaquín. Era su futbolista de confianza, muy táctico, con una determinada virtud física y posicional. Nos entendíamos bien dentro del terreno de juego. Él se fue después al Villarreal y yo al Levante y, al dejar un poso muy bueno en Huelva, nació una relación de amistad. Cuando iba a determinados equipos me asesoraba. Incluso en el momento en el que decidí dejar el fútbol lo comenté con Joaquín. Terminé la carrera de Magisterio y, de hecho, él me animó a sacarme el título de entrenador nacional. El 'míster' estaba en el Sevilla y yo en Lepe, jugando en plan ocio, además de encargarme de la coordinación deportiva del Ayuntamiento, y solíamos hablar mucho.
- ¿Y cuando Caparrós salió del Sevilla necesitaba un segundo?
-Así es. Siempre le ha gustado la gente joven. Joaquín es muy innovador y le encanta que los jóvenes le aporten cosas nuevas. Se fue al 'Dépor' y me llamó. Lo dejé todo y me fui.
- Lo pasaron mal en La Coruña.
- No, qué va. Los años en La Coruña fueron muy buenos. Si pregunta a Arizmendi, Cristian, Dudu Aouate y Lopo, entre otros, le hablarán bien de nosotros. Pero los que salen -en referencia a los medios de comunicación- son los que no estaban contentos. No estoy diciendo que lo hicimos de maravilla y que fuimos los mejores. Lo que pasa es que nos tocó una época de transición, que había que hacer, y tuvimos que tomar decisiones impopulares. Como con la gente que había sido muy importante en el club, pero pensamos que había llegado el momento de hacer cambios por el bien de la institución. Se cambió la filosofía de estar arriba a la de empezar por abajo. Y ahí está el Deportivo.
«Cuando dice ya, es ya»
- Y entonces reciben la llamada del Athletic.
- No, no. Llevábamos dos años y teníamos firmado otro. Joaquín vive el fútbol las 24 horas al día y los que le acompañamos, también. Es nuestra vocación y él nos arrastra. Nos pide información en cualquier momento y se la tenemos que dar, adelantarnos a sus peticiones. Cuando dice ya, es ya. Pues bien, nos quedaba un año en La Coruña y Joaquín decidió perdonarlo y salir bien del club. Nos fuimos sin tener nada, absolutamente nada, y luego surgió la oportunidad del Athletic.
- Siga.
- Pasó una cosa: teníamos más ofertas de otros clubes. Entonces Joaquín se sentó con nosotros y nos dijo: 'Está el Athletic y también tenemos esto, esto y esto. Si esperamos al Athletic -había elecciones- a los otros les perdemos. Decidimos jugar la baza del Athletic.
- ¿No tuvieron dudas?
- No. A los demás les dijimos que estábamos esperando al Athletic y... se ganaron las elecciones.
- ¿Caparrós le pide más consejos o información?
- Somos un cuerpo técnico que se está transmitiendo información todo el día. Estamos juntos en el desayuno, en el vestuario, después del entrenamiento y, además, tenemos la suerte de vivir en la misma zona; el teléfono suena continuamente. No sólo con Joaquín, sino también con Javi (Reyes), Luis (Llopis) y Bernardo (Requena). Hablamos mucho. Por la tarde bajamos a tomar un café e intercambiamos datos; a las nueve de la noche te llaman para que subas un DVD de un partido. Lo que no tuvimos en La Coruña lo tenemos aquí.
- ¿En qué se centra usted?
- Lo que hago es un filtrado. Mi trabajo empieza el domingo y acaba el domingo siguiente. Visualizo vídeos, selecciono y edito jugadas y suministro la información a Joaquín. Porque la quiere ya, y hay que adelantarse y dársela al instante.
«Una maravilla de vestuario»
- Es un segundo muy activo. Se levanta, corrige y da instrucciones a los jugadores. Libertad de intervención.
- Sí, en ese aspecto Joaquín no pone ninguna pega porque compartimos una visión de juego. La verdad es que resulta difícil estar sentado todo el tiempo y tenemos bastante 'charlas' con los cuartos árbitros. Pero se portan bien y se enrollan ya que entienden la tensión que soportamos.
- ¿Habla más con los jugadores que el 'míster'?
- Creo que sí, pero es lógico. Joaquín habla de lo que tiene que hablar: de lo concreto. Él lo hace en el campo y yo, en el vestuario. Siempre estamos con el vídeo. Un ejemplo: nada más terminar el partido ante el Lemona -amistoso del pasado miércoles- nos llevamos el DVD a casa y lo analizamos. El día siguiente lo enseñamos a los futbolistas para que vieran qué se ha hecho bien o mal.
- ¿Es un vestuario difícil?
- Para nada. Es una maravilla de vestuario. La gran diferencia entre el Athletic y el resto de los equipos es la plantilla. En primer lugar, porque son amigos y, en segundo, porque la predisposición al trabajo es buenísima. Aquí no le puedes decir a nadie que apriete más en los entrenamientos. Lo dan todo al cien por cien. La cultura que hay en el Athletic es la del trabajo y la de saber valorar las funciones del masajista, del utillero... Hay una gran responsabilidad con la afición y eso se ve en la calle. El motor de un club es el sentimiento.
-Ha dicho en una ocasión que «esta filosofía debe mantenerse y reforzarse». ¿A qué se refería con 'reforzarse'?
-A que no se puede perder. No me refiero a la apertura de otras vías ni nada por el estilo. Somos conscientes de que es muy difícil competir como competimos, así que tenemos que ser los mejores en la formación. ¡Vivimos de eso! ¿Nos falta un lateral derecho? Está Jonás (Ramalho). ¿Tenemos que subirle con dieciséis años? Vale. Lo tenemos ahí, formándose y jugando partidos como el del Lemona. Nada más terminar le hicimos un filtrado para que lo viera y fuera corrigiendo cosas.
-¿Les ha sorprendido lo que es el Athletic y lo que le rodea?
-Sabíamos cómo era la filosofía, que la gente lo vivía con intensidad, pero reconozco que es más de lo que pensábamos. Ahora, estando dentro, nos gusta como somos. Quiero ser así y defender esto a muerte. Soy lepero, de Huelva, pero esto de ser del Athletic engancha. Entiendo por qué la gente defiende este modelo: porque somos distintos. No se trata de rebelarse contra el mundo, sino de defender una idea.
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