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RACING 0-2 ATHLETIC
Gurpegui vuelve a anotar cuatro años después en un partido en el que su misión era socorrer a Iraola
9 de noviembre de 2009

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El gol del protector
Carlos Gurpegui celebra con los brazos extendidos el tanto que abrió el marcador ayer frente al Racing.
J. ORTIZ DE LAZCANO.-

Joaquín Caparrós se lo explicó por la mañana en el hotel de concentración del Athletic en Santander. «Debes proteger a Iraola, que saldrá al campo con un golpe que sufrió en Madeira». Ésa era la consigna y la explicación. Por tercera vez, Carlos Gurpegui iba a jugar como interior derecho. Hay dos antecedentes, el pasado curso en el último tramo del partido en este mismo campo de El Sardinero y esta campaña en Bremen.

«Lo que el míster me ha pedido es que ayudara a Iraola a cerrar a Serrano», explicó Gurpegui. Es llamativa la decisión de Caparrós. Podía haber colocado en ese costado a David López, Susaeta, De Marcos y hasta Etxeberria. Pero apostó por Gurpegui. Tenía claro lo que quería. Inmejorable disposición al sacrificio, dientes apretados y puños cerrados.

La medida funcionó. Y, además, con un regalo añadido. Gurpegui apareció a rematar y anotó el primer gol. Así que una medida que podía haber resultado delicada en caso de derrota se convirtió en una de las claves del triunfo.

En ese tanto, Gurpegui lo hizo casi todo. «Fue un gol de narices», bromeó ante este periódico al recordar la jugada. Balón a la banda derecha en el minuto 30 y el lateral izquierdo Christian le mete el codo. «Me da entre el ojo y la nariz. Me he llegado a tocar por si de nuevo tenía algo, pero por suerte no era nada», relató el navarro.

Castillo se fue a sacar la falta. Gurpegui vio llegar la pelota y tuvo un recuerdo. «Me he acordado del remate de De Marcos en Portugal en los últimos instantes. No la picó y el portero la pudo sacar. Por eso he intentado mandarla hacia abajo con la peinada». Gol y jugada perfecta. «He forzado una tarjeta y he marcado. Mejor imposible».

Se golpeó el escudo para celebrarlo. «Es algo que se me había olvidado». No es para menos. Su última diana fue en la jornada nueve de la Liga 2005-06 en un Athletic-Celta (1-1), un partido que será mejor situado si se recuerda que fue el último de José Luis Mendilibar en el banquillo rojiblanco. Por esas casualidades, es probable que otro entrenador caiga ahora también. Juan Carlos Mandiá tiene la horas contadas en el Racing después de haber sumado sólo un punto en cinco partidos en El Sardinero.

Desde aquel gol pasó año y medio de sanción por dopaje. Pero 73 partidos después volvió a anotar. «Dedico el tanto a quienes nunca han dudado de mí», proclamó.

Entre un verano en el que todas las miradas estaban en la lucha por entrar en la Liga Europa, hubo una situación que pasó sin demasiada polvareda. Gurpegui llegó a amagar con valorar irse del Athletic. Con sólo 19 partidos jugados la pasada campaña, la mayor parte de ellos de suplente, sólo quería estar para contar. De hecho, este periódico pudo confirmar que su agente, Iñaki Ibáñez, llegó a abrir sondeos con José Luis Mendilibar, técnico del Valladolid.

Mayor protagonismo

El técnico, sin embargo, estaba decidido a darle protagonismo. El criterio de Caparrós es que tras jugar sólo cinco partidos entre los cursos 2006-07 y 2007-08, la pasada campaña fue una especie de pretemporada larga para él. Superada esa fase, ya estaba en disposición de entrar con fuerza en el equipo. Así ha sido. Por el momento, acumula 16 partidos de un total de 19 disputados, unos números que le convierten en titular indiscutible.

Ante esta realidad, Gurpegui restó ayer trascendencia al hecho de que le desplazara del medio centro para jugar de interior. En el fútbol a casi nadie le gusta que le saquen de la posición en la que mejor rinde. El navarro se tomó de buen grado la novedad. «Es algo puntual. Mantengo continuidad de medio centro y no pasa nada», zanjó.

Caparrós, como no podía ser de otra forma, estaba feliz por el resultado de su decisión. «Me alegro de que haya marcado. Ha estado muy bien y además del gol ha dado mucho ritmo a la banda derecha», dijo el técnico.

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