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RACING 0-2 ATHLETIC
El Athletic pesca una victoria valiosísima en el río revuelto de un Racing en caída libre
9 de noviembre de 2009

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Petróleo en El Sardinero
Fernando Amorebieta y el resto de integrantes de la zaga del Athletic no tuvieron problemas para frenar las escasas embestidas de un Racing desnortado. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ
JON AGIRIANO.-

No pudo llegar el Athletic a Santander en un momento más oportuno. La casa del Racing estaba en plena bronca, con la afición echando espumarajos, el consejo de administración afilando la guadaña, el equipo en caída libre y el entrenador en la picota; tanto que, convencido de que su triste destino ya estaba escrito, Juan Carlos Mandiá decidió ayer darse el gustazo de prescindir de dos capos del vestuario como Munitis y Colsa, con los que no ha congeniado precisamente. Pues bien, de todo este caudaloso río revuelto se aprovechó a conciencia el equipo de Caparrós, que ganó en El Sardinero silbando, con una comodidad extraordinaria.

Hay que hacer mucha memoria para recordar un triunfo tan sencillo de los rojiblancos fuera de su estadio. Muy pocas veces han necesitado tan poco para lograr tanto. Les bastó con una buena defensa, un poco de orden y aplicación en el centro del campo y una pizca de mordiente ofensiva para sacar petróleo de un campo hostil, llevarse los tres puntos con la gorra y situarse en los aledaños de la zona europea; es decir, en ese bello lugar donde la presión del resultado es menos agobiante y los equipos pueden pensar en disfrutar del fútbol.

La jornada, en fin, le salió redonda a un Athletic muy exigido por la acumulación de esfuerzos. Y lo cierto es que, antes del partido, había razones para no lanzar ninguna campana al vuelo. Quien más quien menos temía el desgaste de un equipo tan baqueteado como el rojiblanco, que desde que se levanta de la cama lo hace todo a toque de corneta. Eso por no hablar de la vieja costumbre de ejercer como buenos samaritanos ante sus rivales más pobres y necesitados. Por otro lado, faltaba Fernando Llorente, al que Caparrós convocó para luego dejarlo en la grada; algo muy extraño, la verdad. Pues bien, todas estas prevenciones se disiparon en apenas media hora. Marcar Gurpegui y desaparecer del mapa el Racing fue todo uno, de modo que el Athletic pudo rubricar una semana fantástica en lo que a resultados se refiere: afortunada victoria ante el Atlético, jugoso empate en Funchal y merecido triunfo en Santander.

Parece evidente que los rojiblancos van a llegar reforzados de moral al decisivo partido del miércoles ante el Rayo. Ahora bien, harían muy mal en confiarse. Y es que, visto lo visto ayer, el equipo de Pepe Mel se antoja un rival bastante más serio y comprometido que el Racing de Mandiá, un grupo que mucho y bien tendrá que fichar en el mercado de invierno -las pérdidas de Garay, Marcano, Jonatan Pereira y Zigic le han dejado más tieso que la mojama- si quiere tener alguna opción de lograr la permanencia. Lo de los cántabros ayer fue el calvario de un equipo deshecho. No sólo está cortísimo de talento sino encima no sabe a qué jugar.

Impotencia

La mejor demostración de la impotencia racinguista fue que, en toda la segunda parte y por detrás en el marcador, sus jugadores no fueron capaces de crear una sola ocasión de gol digna de tal nombre. Y no sólo eso: dieron toda la impresión de que tampoco la hubieran creado si el partido se hubiese prolongado hasta Nochevieja. No dirán que este dato no tiene su miga habida cuenta de la facilidad pasmosa con la que el Athletic -pensemos en los últimos cinco minutos ante el Nacional, por ejemplo- concede a sus rivales oportunidades flagrantes y deja a sus aficionados con el corazón encogido.

El partido sólo estuvo ajustado la primera media hora, un ir y venir aburrídisimo. Hubo un momento en que los dos equipos compitieron a ver quién lo hacía peor, quién perdía antes el balón y parecía más burdo y tosco. Gran parte del público se preguntaba qué hacía allí, con la tarde de perros que hacía, y soñaba con sofás mullidos y chimeneas encendidas. Lo poco que hilaba el Racing se estrellaba contra la nutrida defensa del Athletic como los mosquitos lo hacen contra los parabrisas. A los de Caparrós, que ensayó un trivote con Orbaiz, Javi Martínez y Gurpegui, les bastaba con ese tipo de refriega. No querían otra cosa. Se llegó así al minuto 31. Cristian se ganó una amarilla al golpear en un salto a Gurpegui. La falta la puso muy bien Castillo en el área pequeña, Toño se quedó debajo del larguero, Cristian falló en el marcaje y el gladiador de Andosilla marcó el 0-1 de cabeza.

Premio a Ion Vélez

El Racing ya no levantó cabeza.Es cierto que, en el minuto 42, Tchité tuvo una buena ocasión que desbarató Iraizoz, pero fue una jugada casual, de las que salen por generación espontánea. Ni de ésas las tuvo el Racing en la segunda parte ante un Athletic muy firme que se fue sintiendo cada vez más a gusto y cada vez más superior. El 0-2 fue un premio al saber estar del equipo y al trabajo de Ion Vélez, que volvió tras una larga ausencia y demostró que ya está para entrar en la cadena de montaje. Mikel San José no tuvo tiempo para hacerlo. Caparrós le dio entrada en el último minuto, poco antes que a David López, que entró en el descuento. Fueron dos cambios tardíos y evitables que hablan de lo fácil que lo tuvo el Athletic y del sentido del 'fair play' de Caparrós.

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