
Íñigo Díaz de Cerio está listo para jugar al fútbol. Después de más de dos meses de silencio, recluido en la panza de las instalaciones de Lezama, de nuevo con los fisios y los médicos, vuelve a estar operativo y se convierte en la respuesta a las plegarias de Joaquín Caparrós. El delantero reaparece en el momento justo para aliviar las necesidades del Athletic, corto de efectivos para responder sin altibajos en las tres competiciones, y presenta su candidatura para el partido del jueves contra el Nacional. El entrenador tendrá la última palabra y entre hoy y mañana decidirá si le llama a filas para el choque de Funchal (21.05 horas), que podría dar a los rojiblancos la clasificación matemática para la siguiente fase de la Liga Europa. La luz al final del túnel empieza en Portugal.
Díaz de Cerio insuflará un poco de aire fresco en un vestuario castigado por las bajas. El calendario y el fútbol del Athletic, intenso y físico, ha llenado la enfermería y Caparrós precisa de efectivos sin abolladuras para coser un traje presentable para cada una de las tres competiciones. Toquero y Susaeta fueron los últimos en caer -acabaron sustituidos ante el Atlético- y en estos momentos un total de ocho futbolistas figuran en el parte médico. El donostiarra ya no está ahí; en realidad, sí, pero en forma de buena noticia. Ya tiene el alta y por fin enfila el camino de la alfombra verde... para quedarse.
El delantero sufrió una rotura de tibia y peroné el 8 de noviembre de 2008 cuando aún defendía los colores de la Real Sociedad. Fichó por el Athletic y tras nueve meses de ausencia Caparrós le alineó de titular en el partido de vuelta de la Supercopa ante el Barcelona. En el descanso se quedó en el vestuario. Mala señal. Pruebas posteriores revelaron que había sufrido una «rotura miotendinosa en el recto anterior de su pierna izquierda». Nada que ver con la lesión anterior, pero suficiente como para apartarle de los terrenos de juego durante otros dos meses. De nuevo, el silencio. Y vuelta a empezar.
El punta se entrenó ayer con normalidad junto al resto de sus compañeros. Uno más. Disputó el partidillo de rigor y golpeó la pelota con violencia. Buenas sensaciones. Antes, Caparrós había mantenido una improvisada reunión con ocho de los titulares ante el Atlético -sólo faltaban Iraizoz, Toquero y Susaeta-. La charla se prolongó durante cinco minutos y luego los jugadores enfilaron el túnel de vestuarios. Díaz de Cerio, mientras tanto, disfrutaba con el balón y ya tiene la vista puesta en el partido del jueves. Está listo, según los médicos, pero falta el visto bueno de su técnico. Del hombre que ha invocado su reaparición una y otra vez durante las últimas semanas. Ya le tiene. Si finalmente no le lleva a Portugal, por precaución o porque quiere que se quede en Lezama para trabajar con mayor intensidad, podría reaparecer ante el Racing en Liga. Justo un año después de que Zigor, portero del Eibar, le rompiera en Anoeta.
Es indudable que a Díaz de Cerio le falta el ritmo de competición, las sensaciones que sólo da el contacto constante con el balón y el rival, pero la única forma de que los recupere es que vuelva a jugar cuanto antes. Toquero será baja segura para los próximos partidos y Ion Vélez sigue ejercitándose en solitario con el objetivo de superar sus molestias y ponerse a las órdenes de Caparrós. En Madeira, salvo sorpresa, Llorente y Etxeberria formarán en ataque, aunque también De Marcos figura como opción de segundo punta. Pero el donostiarra podría disponer de minutos e ir asentando su vuelta.
Empezar desde cero
De momento, recuerda su último partido. El del Barcelona. Unos días antes había marcado dos goles en Llodio en un amistoso con el Bilbao Athletic ante el Gernika. Caparrós procesó los datos, calibró los riesgos -los médicos dieron su consentimiento- y le hizo futbolista de nuevo tras nueve meses de ausencia. Aguantó 45 minutos sobre la alfombra del Camp Nou y su cuerpo le mandó parar. «No quiero ponerme plazos», dijo hace unas semanas en Lezama, consciente de la necesidad de apurar todas las fases de su recuperación.
En el último año ha permanecido más de once meses de baja. Por fin ha salido de la enfermería. El cuerpo le responde y la pierna no se resiente. Tras 166 partidos con la camiseta de la Real, empieza desde cero. En rojo y blanco. El Athletic agradece su retorno y Díaz de Cerio acude en el momento más oportuno de la temporada. Las tres competiciones consumen a los futbolistas y el equipo precisa de una transfusión sanguínea. Una bocanada de aire fresco. «Necesitamos a todos como el comer», solía repetir Caparrós. El delantero ya está en la mesa; y con hambre.
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