
Por las razones que sea, Getafe se ha convertido en un destino aciago para el Athletic. Son ya seis años visitando el Coliseum Alfonso Pérez y no hay forma de librarse de lo que ya parece una maldición. No sólo es que no gane allí ni a tiros, sino que acostumbra a perder y a pasar un rato muy malo. Es lo que hizo ayer en un partido que los rojiblancos, con tres errores flagrantes que costaron un penalti y dos expulsiones, pusieron en bandeja a los azulones de Michel. Lo cierto es que no pudieron dar más facilidades los pupilos de Caparrós, que llevan más de un mes sin ganar en Liga -desde que vencieron al Villarreal- y ya comienzan a meterse en problemas. Aquel espectacular botín de nueve puntos en las tres primeras jornadas todavía da juego, pero cada vez menos. No son eternos. Los ahorrillos se van agotando y el equipo se encuentra de nuevo en el alambre. O se gana al Atlético de Madrid el próximo sábado o la crisis se hará de nuevo presente.
«Es que siempre nos pasa algo». Lo decía un aficionado bilbaíno al término del partido y tenía más razón que un santo. Al Athletic, efectivamente, acostumbran a sucederle cosas extrañas o paradójicas que le impiden rendir con normalidad. No hay forma de que los astros se alineen a su favor. Y menos en Getafe. Y menos todavía con Undiano Mallenco sobre el césped. Ayer todo comenzó a torcerse al final de la primera parte, cuando Gurpegui cometió un error de colegial que le valió la segunda tarjeta amarilla. Undiano no se lo pensó. Ya se sabe lo que el árbitro navarro disfruta aplicando estrictamente el reglamento con el Athletic.
Definitivo
La expulsión de Gurpegui fue un rejonazo brutal para los rojiblancos, que hasta ese momento habían rendido a un nivel aceptable, sin perderle nunca la cara al partido. Es más, hasta que se le hizo de noche, el Athletic mostró ayer una actitud positiva. Su carácter estuvo por encima de su fútbol, siempre bastante descosido para no variar. Pero el Getafe no dejó de encontrar respuesta en los rojiblancos. Algo es algo. Al chutazo de Soldado al larguero en el minuto 7 le respondió Llorente con una gran jugada individual un minuto después. Del mismo modo, si el Getafe pudo adelantarse en una falta de Pedro León en el minuto 13 también pudo hacerlo el Athletic en un zurdazo alto de Llorente o en una falta de Susaeta a la media hora. En fin, que era un partido de ida y vuelta, sin un dominador claro; emocionante, por tanto, más allá de las imprecisiones de unos y otros.
La segunda parte fue todo lo contrario. El Getafe salió arreando y se encontró con un Athletic encogido por su inferioridad. Ya se sabe que los de Caparrós necesitan muy poco para perder la compostura y la ambición. Son muy volubles. De hecho, éste es uno de los síntomas más claros de su evidente fragilidad. Al primer aire esquinero pilla una pulmonía. El monólogo de los azulones, más dinámicos con la entrada de Albín y Gavilán por Manu y Celestini, tardó un cuarto de hora en reflejarse en el marcador. Un mal despeje de Ustaritz le llegó a Boateng, cuyo disparo acabó cayendo a Soldado, que fusiló sin problemas a Iraizoz.
El error de castillo
Diez minutos después, llegó la segunda gamba letal. Con ella terminó el partido. La ingenuidad fue cosa de Xabi Castillo, que en un libre directo salió de la barrera con los brazos abiertos y un espíritu kamikaze digno de mejor causa. El balón le pegó en el codo y Undiano Mallenco volvió a frotarse las manos, seguramente feliz de darle la puntilla al Athletic con un penalti de libro, producto de una jeremiada de cadete.
Parejo hizo el 2-0 y el resto del partido ya se jugó a beneficio de inventario. El Getafe disfrutaba. Se jugaba mucho ante los rojiblancos y tenía el partido donde quería. El último cuarto de hora fue uno de los más agradables que los pupilos de Michel jugarán en todo el campeonato. El Athletic estaba casi ausente y terminó desapareciendo con la expulsión de Ustaritz en el minuto 77. Fue otra jugada irritante por lo que revela de candidez, de falta de oficio: un agarrón descarado a Soldado cuando éste enfilaba hacia el área. Undiano Mallenco, casi tan gafe con el Athletic como lo es el propio Coliseum Alfonso XIII, sacó la roja como un rayo. Contra nueve, lo raro es que el Getafe no se diera un festín. Tuvo ocasiones, pero falló en la última puntada. De modo que el Athletic se libró al menos de la goleada. Algo es algo en un partido en el que salió mal todo lo que podía salir mal.
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