
«Un poco jodido, pero es normal. Me duelen la cabeza y el cuello y en el oído izquierdo siento como un zumbido, taponado como si estuviera en un avión», contestó Fernando Llorente cuando EL CORREO le preguntó por su estado instantes antes de comenzar ayer la rueda de Prensa en la que valoró el grave susto que vivió en Valladolid, en donde un cabezazo de Nivaldo provoco que permaneciera tendido sobre el césped treinta segundos sin respiración y un minuto sin conocimiento. La rápida y eficaz intervención de los doctores Joxean Lekue, del Athletic, Rafael Ramos y Pablo Grande, del Valladolid, le salvó la vida. Después de permanecer dieciséis horas en el hospital Pío del Río Grande recibió el alta.
Ayer apareció en Lezama. Entró en la sala de Prensa con el pulgar en alto, un gesto que indica que está bien pese al tremendo golpe recibido. Repartió sonrisas y a renglón seguido se centró en Nivaldo, el autor del brutal golpe. Como ya había adelantado este periódico, el jugador denunció la actitud y el juego del brasileño. El central del Valladolid se ha dedicado a propagar en los últimos días la idea de que fue un «golpe fortuito y un lance del juego», como ya se defendió en los vestuarios de Zorrilla ante este periódico.
Llorente no se lo traga. El domingo por la noche vio en la habitación del hospital la jugada en compañía de Joxean Lekue y de unos familiares. Ayer emitió su diagnóstico. «La entrada es muy dura. No me creo que haya sido fortuita ni que sea un lance del juego. Llega tarde, sin opción de jugar la pelota y a lo loco. Debería tener más cuidado porque podía haber provocado una desgracia. Espero al menos que lo sucedido le sirva para reflexionar».
De hecho, Llorente nota dolorida su oreja izquierda y agradece que el impacto fuera allí. «La cabeza es una zona muy delicada. Si me da unos centímetros más arriba, en la sien o en la zona de la nuca, igual no lo cuento. Con esa acción puso en grave peligro mi integridad física», relató.
Las imágenes de televisión no dejan duda. Nivaldo acudió a hacerle falta. Le entró de forma violenta sin posibilidad alguna de alcanzar el balón. Llorente ya lo había peinado hacia la banda cuando el brasileño estaba a medio metro de él. Aún así hizo el gesto de golpear la pelota, con lo que el daño fue mayor. Consecuencia: el riojano inconsciente, sin respiración y al hospital, y Nivaldo casi de rositas. El arbitro no pareció escandalizarse por la terrorífica escena. Una amarilla al central, y a otra cosa. Ahí se ve el rigor con el que árbitros como Mateu Lahoz protegen a los futbolistas. Llorente, en todo caso, no protesta por ello. «No quiero entrar a juzgar si era merecedora de roja o no».
Ni una llamada
El brasileño ni siquiera ha respetado uno de los códigos deportivos de estas situaciones, visitar o, si es imposible, telefonear al compañero. Drenthe (Real Madrid) lo hizo con Beltrán (Tenerife), que estará cuatro meses de baja. Iturraspe también llamó a Ricardo (Tenerife), a quien rompió la nariz en el Heliodoro. De Nivaldo, ni noticia. «Se presentó en el vestuario y nada más. Al hospital ni fue. Ya mejor que ni me llame», indicó Llorente.
No obstante, tuvo palabras de agradecimiento al Valladolid. «El club y sus médicos se portaron genial conmigo. En ese aspecto tengo que estar muy agradecido», apuntó. El propio Joxean Lekue insistió en poner el acento en ello. «El comportamiento de los doctores Ramos y Grande fue excepcional. Ayudaron en todo lo que pudieron y estuvieron a nuestro lado hasta que abandonamos el hospital».
En la habitación Llorente miró como algo ajeno las escenas de dramatismo que protagonizó en el césped de Zorrilla, cuando los médicos colocaron la lengua en su sitio y lograron que volviera a respirar y a tener consciencia. «No recuerdo nada. Miro esas imágenes y no me impresionan porque es como si fuera otra persona la que está en el suelo, como ver otro partido por la tele».
Llorente no tiene «ningún recuerdo del golpe ni de los instantes anteriores». Lo último que recuerdo es el gol que mete Susaeta y que nos abrazamos todos. Luego vuelvo hacia al centro del campo y, a partir de ahí, tengo un borrón. Sí soy consciente de que me están trasladando y que me hacen algunas preguntas que al principio no acierto a responder bien. Cuando llego al hospital ya estoy algo más consciente, pero un poco grogui y preocupado por si tengo algo, porque el susto fue muy gordo», añadió. El gol de Susaeta llegó en el minuto nueve y la agresión de Nivaldo en el once.
Protegerse más
Hubo quien le preguntó si la jugada de Valladolid va a significar el final de su hegemonía en el juego aéreo, si a partir de ahora se lo pensará antes de elevarse a por una pelota. Llegado a este punto, Llorente también quiso tranquilizar, aunque eso sí advirtió de que toma nota y ha aprendido la lección. «Seguiré siendo como hasta ahora. Yo siempre salto limpio e intentaré seguir haciéndolo así. Eso sí, a partir de este momento procuraré tener un poco más de cuidado para evitar golpes de este tipo. Esto me servirá para protegerme más».
La noche del domingo apenas pudo pegar ojo. «Me dolía la cabeza. Me dormía un rato y enseguida me despertaba. Menos mal que a mi lado estuvo toda la noche Joxean (Lekue) que me hizo compañía y estuvimos de charla, je, je...»
Ahora se encuentra bastante mejor, sobre todo cuando está tumbado. «A veces al levantarme me mareo, pero noto que mejoro rápido. El susto por suerte ha quedado atrás. Voy a tocar madera para no verme de nuevo en una de estas». Lo dijo con una sonrisa en su rostro y desapareció a saludar a los compañeros al vestuario.
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