
Fueron momentos de dramatismo. Nivaldo va como un tren en busca de un balón aéreo en el minuto once e impacta con su cabeza junto a la oreja izquierda de Fernando Llorente, que cae a plomo. A sus compañeros aún no se les ha quitado el susto del cuerpo. «Ha sido tremendo, tenía los ojos blancos, del revés, y no se movía», relató uno de ellos, que pidió el anonimato. Algunos futbolistas rojiblancos corrieron hacia la banda en busca de Joxean Lekue, el médico. «No se mueve, no se mueve» gritaban a voz en cuello.
Lekue narró a EL CORREO que Llorente estuvo en «torno a un minuto» sin conocimiento tendido sobre el césped. Por suerte, los ejercicios de reanimación surtieron efecto y, cuando era montado en la camilla, ya movía las piernas.
Se le trasladó en ambulancia al hospital público Pío Hortega y allí se le hizo un escáner, que no reveló lesiones cerebrales. En todo caso, por precaución se optó porque pasara la noche ingresado. El doctor Lekue se quedó a pie de cama, pero por suerte con la inquietud esfumada y mucho más tranquilo. Sus familiares se trasladaron a toda prisa desde Logroño.
En el vestuario se mostraba un tanto aturdido. En ese estado siguió un buen rato. Personas que hablaron con él en el hospital relataron a este periódico que, desde luego, no se acordaba de la jugada de la lesión y que, al inicio, ni siquiera sabía cómo iba el partido en el momento en el que lo abandonó. Al rato, ya podía relatar con todo tipo de detalles como había anotado Susaeta el 0-1.
Los jugadores rojiblancos estaban muy molestos con Nivaldo. Uno de ellos, que pidió no ser citado para no echar más leña al fuego, denunció que el central brasileño «fue como un animal a por un balón al que nunca llegaba».
Sin pedir disculpas
Si le hubieran escuchado al brasileño al concluir el encuentro, la indignación se hubiera elevado al cubo. El defensa salió ante los periodistas y sólo tenía dos asuntos para hablar, de su primer gol en España y de su expulsión. «No le toco a Ocio. Supongo que el club recurrirá la roja».
El central estuvo diez minutos de corrillo de prensa con tres radios. Acabó y se despidió. Entonces, este periódico le preguntó por el incidente. Se giró y ofreció explicaciones sobre un asunto que había obviado. «Ha sido una disputa por arriba. Hemos chocado cabeza con cabeza. Por suerte no ha pasado nada, aunque me he asustado porque estos golpes en la cabeza siempre son malos». Y, entonces sí se fue, aunque sin pedir disculpas ni interesarse por el estado del compañero.
No se dirigió al hospital, algo que a cambio sí hizo el presidente del Valladolid, Carlos Suárez, quien se presentó allí acompañado por algunos consejeros, un detalle que el Athletic valoró especialmente.
Los dirigentes locales coincidieron allí con los directivos rojiblancos, que encabezados por Fernando García Macua, permanecieron hasta las nueve de la noche en el centro sanitario público.
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