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Un gol de Muniain permite al Athletic arrancar un empate en el nuevo José Zorrilla, donde se vivió un partido de frenopático
5 de octubre de 2009
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JON AGIRIANO.-

Bien mirados, los sucesos acaecidos ayer en el nuevo José Zorrilla tuvieron su punto de lógica. Y es que si al enfrentamiento entre dos equipos agobiados y con tendencias suicidas se le une un árbitro con el gatillo tan fácil y el criterio tan disperso como el valenciano Mateu Lahoz, hay muchas posibilidades de que el partido se convierta en una cosa de locos. Esto es lo que fue el Valladolid-Athletic, una riña de frenopático que terminó con empate a dos como podía haber terminado de cualquier otra manera. El partido fue malo, pero tuvo la emoción de las batallas disparatadas. A los Monty Phyton les hubiera dado mucho juego. Hubo de todo: goles, expulsiones, sustos tremendos, errores antológicos, vibrantes alternativas, todo tipo de cambios tácticos...Vamos, que los casi 4.000 aficionados rojiblancos presentes en la capital castellana aprovecharon bien el viaje. La realidad es que presenciaron un espectáculo.

El duelo sólo tuvo diez minutos de aparente normalidad antes de que estallaran los rayos y los truenos. Fue en el arranque. Valladolid y Athletic se estuvieron midiéndose un rato y descubriendo sus mutuas carencias. Y en esas Susaeta marcó el 0-1 de un gran derechazo desde fuera del área. Todo parecía bien encarrilado para los rojiblancos. En ventaja, era mucho más fácil que pudieran aprovechar los altísimos riesgos que asume en defensa el conjunto de Mendilibar.

Esa esperanza, sin embargo, se desvaneció muy pronto. Justo después del 0-1, en una disputa por alto, Nivaldo pegó un cabezazo brutal a Fernando Llorente. El riojano quedó inconsciente y tuvo que abandonar el terreno de juego. Joseba Etxeberria salió en su lugar. No era lo mismo, evidentemente. Como tampoco era lo mismo jugar con once que con diez, que es lo que le sucedió al Athletic en el minuto 21, cuando Mateu Lahoz comenzó su particular función. No quiso mirar a su linier, que había señalado fuera de juego, y dejó continuar una jugada en la que Ustaritz se inmoló con dos errores de bulto: uno al tragarse un bote y otro al placar a Costa cuando se iba solo. Está visto que Valladolid no es la plaza fuerte del central de Abadiño.

En inferioridad, con Etxeita en el campo en lugar de un Yeste tocado y con un gol de ventaja, el Athletic no lo dudó: se metió en la madriguera sin ningún recato, decidido a conservar su renta. Iba a ser una tarea muy ardua. Pero mucho. Se comprobó con el balonazo al poste de Cannobio en una falta en la que los rojiblancos, como ante el Sevilla, volvieron a poner la barrera con los pies. La verdad es que ver al Athletic echado atrás, intentado tapar todas las rendijas, suele ser una experiencia vertiginosa. Si encima el árbitro dispara a todo lo que se mueve, pues imagínese usted. Como para darnos un mal, oiga. De ahí el suspiro de la hinchada bilbaína cuando su equipo, tras salvarse de milagro en un par de oportunidades de Sesma, llegó al descanso todavía en ventaja.

Remontada local

La segunda mitad fue la marimorena. El equipo de Mendilibar, que mejoró con la entrada de Manucho en lugar de Borja, continuó el asedio a la portería de Iraizoz. Tras un cuarto de hora de esfuerzos le llegó su premio. Fue en una bella jugada entre Manucho y Sisí que culminó bien Costa. La cosa se ponía mal para el Athletic. El partido se decantaba hacia un victoria local. En el minuto 75, Iraizoz salió de su área y, en lugar de despejar de puños, se quedó en el aire cantando quizás 'O soave fanciulla'. Nivaldo hizo el 2-1 de cabeza y todo pareció quedar visto para sentencia. Era lo normal; es decir, justo lo que ayer no podía suceder de ninguna manera.

El último cuarto de hora del Valladolid-Athletic fue un disparate. Mateu Lahoz mostró la segunda amarilla a Marcos y dejó la pelea equilibrada. Obligado a reaccionar, el equipo de Caparrós lo hizo a través de Muniain, que había salido en lugar de Toquero en el minuto 62. El chaval es bueno y es muy listo. Hay que serlo para provocar tantos incendios con su edad. Y también para desmarcarse a hurtadillas y lograr, en un córner, un gol como el 2-2 que le convierte en el futbolista más joven en marcar en la Liga española.

Mendilibar quería que se lo tragara la tierra. Tras hacer lo más difícil, su equipo había vuelto a meter la zanca de la peor manera. El partido había vuelto a su equilibrio original. Sólo unos segundos. Nivaldo se fue a la calle al ver la segunda amarilla y el Athletic pudo jugar en superioridad los últimos doce minutos. No le sirvió de nada. A los de Caparrós les faltó convicción. No supieron si arriesgarse o conformarse. Aunque Javi Martínez en un chutazo lejano y después Muniain pudieron hacer el 2-3, el Valladolid forzó con nueve jugadores tres buenas ocasiones. Al final, los dos equipos tuvieron que conformarse con un empate que no dejó satisfecho a ninguno. Así es el fútbol.

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