
Resulta difícil resumir lo que sucedió ayer en Valladolid. Pasaron más cosas que en la batalla de Trafalgar. A saber: el Athletic se adelantó en el marcador; Fernando Llorente sufrió un traumatismo craneoencefálico, con pérdida de conciencia, y fue evacuado al Hospital Universitario Río Ortega; el árbitro mostró doce tarjetas y expulsó a tres jugadores; los hombres de Mendilibar dieron la vuelta el marcador (2-1); y luego salió Muniain para firmar las tablas y rescatar un punto para los rojiblancos que terminaron con diez, y los blanquivioletas, con nueve. Una locura.
Y el que voló sobre el nido del cuco fue Antonio Miguel Mateu Lahoz. Un árbitro de gatillo fácil, pistolero valenciano, que desquició al Athletic en la primera parte y a los dos equipos en la segunda. No dio una a derechas, ni a izquierdas. Tampoco le funcionó el dispositivo para comunicarse con los jueces de línea, pero sí el muelle que tenía instalado en su hombro derecho. Le aplicaron hielo en el descanso para enfriar la zona dolorida de tanto levantar y bajar el brazo. Su actuación fue de dibujos animados: mostró once tarjetas amarillas y una roja directa a Ustaritz, que acabó en la ducha en el minuto 22. Pero ahí no acabó el carrusel de colores. También expulsó a los locales Nivaldo y Marcos por doble amonestación.
Mateu Lahoz convirtió un partido noble en una espiral de despropósitos. Ninguno de los dos equipos salió con ganas de bronca, de hacer daño -físico, se entiende-, pero el colegiado valenciano les infló a tarjetas. Empezó en el minuto 11, con el cabezazo de Nivaldo a Llorente, y acabó en el 82. Cualquier chorrada se teñía de amarillo, como la camiseta del trencilla, pero lo que no vio el valenciano fue un puñetazo que le soltó Pedro López a Koikili.
Cúmulo de desgracias
El partido se puso de cara para el Athletic con el gol de Susaeta y luego llegaron las desgracias. La de Llorente tras chocar con la mole Nivaldo -el tipo siguió como si nada- y la expulsión de Ustaritz. Tampoco está claro lo que ocurrió en aquella jugada. Era el último hombre y derribó a Diego Costa, de acuerdo, pero resulta que el juez de línea levantó el banderín para señalar el fuera de juego. O no. Quién sabe. Mateu Lahoz, el pistolero, mandó por si acaso al central a la caseta.
«Cada árbitro interpreta el reglamento a su manera», indicó Joaquín Caparrós nada más acabar el partido. Se mostró sorprendido por la actitud tarjetera del colegiado ya que, en su opinión, «no ha habido dureza en ninguno de los dos equipos». El técnico andaluz subrayó que «él es el que decide qué nivel poner en cada acción y la verdad es que nos ha surtido a todos bien de tarjetas».
Nada más adelantarse en el marcador, el Valladolid se quedó con diez por doble amarilla de Marcos. «Expulsión, córner y gol en contra», fue el resumen que hizo de lo ocurrido José Luis Mendilibar. Tres minutos después, Mateu Lahoz también se 'cargó' a Nivaldo. «El jugador me ha dicho que ni le ha tocado», manifestó en alusión a Ocio. «Habrá que ver bien las jugadas», concluyó el técnico vizcaíno. Ganas de castigarse.
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