
Dijo Joaquín Caparrós el miércoles que el Athletic saldría al Weserstadium de Bremen en busca de «una victoria de prestigio», para lo cual el equipo necesitaría demostrar «mentalidad y cultura». Visto lo ocurrido en el partido, habrá que concluir que los jugadores rojiblancos o no entendieron el mensaje del técnico -tampoco sería de extrañar habida cuenta de la inquietante presencia en él de la palabra cultura- o recibieron otro bien diferente en vestuarios. Porque la realidad es que fue, precisamente, la falta de mentalidad del equipo, que entregó el partido de mala manera en una primera parte lamentable, la causa principal de una derrota que prolonga la mala racha histórica de los leones en Alemania.
Aunque volver de vacío de Bremen entraba dentro de lo previsible, el 3-1 dejó un mal sabor de boca. O más que eso: dejó una irritación general, parecida a la que acaban provocando, a base de tropezar en la misma piedra, los alumnos más cazurros y zoquetes. Y es que, la verdad, cada día resulta más difícil de aceptar la incapacidad del Athletic para entender algo tan obvio como es el estilo de juego que le conviene, el único que le hace competitivo. Ayer necesitó que el Werder Bremen le pegara un baño en la primera parte y dejara casi sentenciado el choque con dos goles -no fueron tres de milagro- para ponerse a jugar como es debido y brindar una segunda mitad más que aceptable, aunque no sirviera para remontar. De hecho, ni siquiera llegó a despertarse del todo esa esperanza, ya que al gol de Fernando Llorente en el tiempo de descuento le siguió casi de inmediato el penalti de Amorebieta que supuso el 3-1 definitivo.
Fue ver los primeros escarceos del Athletic en el Weserstadium y quedar con la moral por los suelos. El primer culpable de ello fue Joaquín Caparrós. El utrerano no acertó con el once titular. Colocar a Gurpegui en la banda derecha fue un estropicio, como lo fue la titularidad de Toquero, cuyo fútbol visceral es el que menos temen centrales como Naldo o Mertesacker. El delantero vitoriano pasó ayer una mala tarde, de las peores que recordará en el Athletic. Su juego de galeote fue intrascendente y, además, falló una ocasión clamorosa en el minuto 36. Tuvo su importancia porque fue la única jugada de peligro del equipo en la primera parte. Ahora bien, centrar la crítica en Toquero no tienen sentido. Fue todo el Athletic el que cayó, una vez más, en ese tipo de juego tosco e inútil que le aboca al abismo: balonazos desde Gorka Iraizoz y un ir y venir sin sentido de los jugadores sobre el campo. Nuestra vieja cruz.
A oleadas
Los jugadores del Werder Bremen eran felices viendo cómo sus rivales hacían justamente lo que a ellos más les convenía. Los hombres de Schaaf disfrutaron de lo lindo hasta el descanso. Son un equipo que juega a oleadas y que tiene el talento descompensado: casi todo se lo guarda arriba, en futbolistas como Hunt, autor del 1-0 en el minuto 18 gracias a una magnífica volea; Ozil, que provocó el penalti del 3-1 y pudo marcar en un par de ocasiones muy claras; Marin y Pizarro. Estos dos últimos fabricaron juntos el 2-0 en el minuto 40. Fue una bella jugada, culminada por el central Naldo, en la que tuvo una intervención decisiva Fernando Amorebieta, que se quedó enganchado como un juvenil y rompió el fuera de juego. Lo cierto es que no le viene mal al Athletic que el central de Cantaura se tome un reposo y baje sus pulsaciones.
La segunda parte fue otra historia. La verdad es que resultó duro comprobar cómo había desperdiciado el tiempo el Athletic hasta entonces. Los rojiblancos reaccionaron y se hicieron con el control del partido. Para ello no necesitaron la poción mágica de Panorámix sino algo al alcance de todos los equipos: sentido común. David López y Muniain entraron al terreno de juego en lugar de Gabilondo y Toquero. El chaval dio un recital de carácter y provocó todo tipo de dolores a la defensa alemana.
Mejorado con los cambios y con Yeste al mando, el Athletic se decidió a tocar el balón y pareció otro. El Werder Bremen se echó atrás para buscar alguna contra. Ya había hecho los deberes. Para los rojiblancos fue difícil dar la última puntada a las jugadas. Ni siquiera cuando los alemanes se quedaron con diez en el minuto 64 tras la expulsión del impetuoso Niemeyer, que duró en el campo un suspiro, hubo muchas opciones de crear peligro ante la portería de Wiese. De hecho, para acortar distancias hubo que llegar al minuto 91. En fin, que el Athletic volvió a equivocarse, a hacer lo que no se debe hacer. ¿Entenderá esta vez el equipo que las victorias de prestigio se obtienen de otra manera?
Todo la información de la final de la copa del rey: ATHLETIC - BARÇA
© EL CORREO DIGITAL,
S.L., Sociedad Unipersonal
Domicilio c/ Pintor Losada, 7 (48004) Bilbao
Inscrita en el RM de Vizcaya: Diario 229, Asiento 159, Tomo 3823, Libro
0, Folio 200, Sección 8, Hoja
BI-26064 C.I.F.: B-95050357
Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución,
comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos
de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y
escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción
y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa
con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos,
a la que se manifiesta oposición expresa.
Contactar | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Mapa Web | Master El Correo