
Joaquín Caparrós está muy preocupado. No tanto por el juego del equipo, que en los últimos partidos ha sido objeto de una oleada de críticas, sino por lo que él considera un «mal estado de opinión que se está creando y que es perjudicial para el Athletic». En este contexto, el entrenador reclama «unidad» ante un año «complicadísimo» en el que el club afronta tres competiciones y, frente a quienes le censuran, defiende con uñas y dientes su gestión. Para ello, pone sobre la mesa algunos de los logros que, a su juicio, se han olvidado o infravalorado. «He conseguido resultados, he renovado la plantilla y todavía quieren que juguemos como la seda...», argumenta. El técnico mantiene que cuando se vaya dejará una plantilla «mejor que la que encontré, que era un equipo agonizante». Asegura Caparrós que su compromiso con la entidad es total, pero advierte de que es muy difícil trabajar en el Athletic. «Tres años en este banquillo queman muchísimo», sentencia en una entrevista concedida a EL CORREO el viernes, muy pocas horas después de aterrizar en Bilbao tras superar la eliminatoria de la Liga Europa en Tromso.
-¿Cómo se encuentra tras conseguir la clasificación?
-Muy satisfecho por haber cumplido el primer objetivo de la temporada, que era estar en la liguilla. Han sido partidos durísimos en una fase atípica para nosotros, pero se ha recompensado con encontrarnos en el bombo.
-Sin embargo, existe una opinión unánime entre los medios de comunicación y en un importante sector de la afición de que el equipo no gusta porque juega mal.
-Se está creando un estado de opinión malo para el Athletic.
-¿Y a qué se debe?
-A que llevo tres años aquí y eso son muchos años en un equipo y más en un club como el Athletic. No se profundiza ni se valora que este cuerpo técnico ha llevado a este equipo a dos finales, después de 25 años de ausencia, y a Europa, en donde no estaba en los últimos cinco años.
-¿Siente que ha perdido crédito?
-No vivo del crédito, sino de los resultados y de cumplir objetivos. Cuando llegué, el club estaba agonizando y hemos ido mejorando cada temporada y, además, renovando la plantilla. Pero por intereses mediáticos, porque quizá ya no gusta la cara del técnico ni el mensaje que da, se está creando un estado de opinión que no es bueno para el club.
-Pero no es sólo cuestión mediática. Es una sensación muy extendida entre los aficionados, donde cada día se le discute más.
-No estoy pendiente de esas situaciones. Tengo que vivir con ellas. Hay que ver la plantilla que cogí y la que hay ahora. Cuando me vaya, será mejor que la que encontré y además con jugadores de proyección. Vosotros recogíais en EL CORREO el dato de que el día del Tromso en San Mamés del centro del campo hacia adelante la media de edad era de 20 años y pico. Eso no se valora.
-La gran crítica es el fútbol. Se le reprocha que se juega al patadón...
-No estoy de acuerdo. Eso sucede cuando hace falta. Hemos tenido buenos partidos. Este año mismo contra el Barcelona aquí o la pasada campaña contra el Sevilla, sin ir más lejos.
-También se le censura que no haya conseguido dotar al equipo de un estilo de juego.
-Estilo es tener un equipo que compita cada partido y sacar el máximo rendimiento a los jugadores que tienes. A mí me encanta jugar bien al fútbol y esta plantilla ha demostrado que puede hacerlo. A excepción del Barça, todos los demás alternamos días buenos con otros malos. Ahora se nos critica el juego, pero es que nosotros nos hemos encontrado en competición en agosto, y con balas de verdad desde el 30 de julio. El partido anterior a mi llegada al club fue a vida o muerte ante el Levante. El primer año nos salvamos a falta de ocho o diez jornadas. El segundo, entramos en la final de Copa. En éste hemos alcanzado la Liga Europa. Ése es el mérito. He conseguido resultados y renovado la plantilla. Y, además, quieren que juguemos como la seda, pero bueno... Esto es así.
«En qué me he equivocado»
-Entonces, ¿por qué cree que se le discute?
-Pues porque es mi tercer año. Insisto, este equipo estaba agonizando cuando llegué. Sólo le faltaba quitarle la respiración asistida. Llegamos y empezamos a dar ilusión y resultados. Me hice con un equipo que luchaba por no bajar y hoy está en Europa. ¡Que me digan en qué me he equivocado! Sé cómo es el fútbol y sé también que si no hay resultados tendré que coger la maleta y 'arreando', que es gerundio. Tres años en un banquillo como éste queman muchísimo. En el ambiente parece que llevamos cuatro meses de competición y aún no hemos empezado la Liga.
-¿Quema más el banquillo del Athletic que otros?
-Sí, sí. Y es lo contrario de lo que debería ser, porque este debería ser un club con un entrenador con mucho tiempo para trabajar. Aquí no tienes futbolistas en el mercado para elegir. Hay que hacer los cambios con chicos de Segunda B y con jugadores de los alrededores. Y eso es complicado.
-¿Ha pensado alguna vez en romper su contrato con el Athletic e irse?
-No, no, en absoluto. Y eso que en verano tuve la oportunidad de irme porque me vino una oferta importante de un equipo italiano. Pero decidí quedarme porque estaba muy comprometido con el equipo, la afición y una junta y un presidente que han confiado en mí. Corté desde el principio cualquier posibilidad.
-¿De qué equipo habla?
-Prefiero no decirlo.
-Si al final de curso regresa ese equipo italiano con una oferta y le presenta Macua la renovación, ¿con quién se queda?
-No se puede pensar a tan largo plazo en el fútbol. Estoy centrado en mi equipo, y lo digo con mayúsculas porque me he metido en las tripas del club.
-¿Qué es lo que más satisfacción le produce de su gestión?
-Los resultados, trabajar en un club tan grande como éste y que hay jugadores que han crecido con nosotros. Cuando llegué, Amorebieta jugaba en la banda izquierda o no jugaba. Le hemos dado protagonismo. Con Llorente había dudas sobre si valía. Hoy son futbolistas pretendidos en Inglaterra. Espero que a ese grupo se incorporen chicos como Ustaritz, Muniain y De Marcos.
-En este escenario, ¿qué espera de la campaña que comienza?
-Va a ser un año complicadísimo. Pido unidad. Hay que estar todos con el equipo. El entrenador puede estar cuestionado, pero hay que trasladar confianza a los jugadores. Tenemos tres competiciones y eso es complicadísimo. Y si no, miremos al Zaragoza o Betis, que bajaron con grandes plantillas.
-El presidente manifestó a este periódico que el objetivo es «mirar de la mitad de la tabla hacia arriba». ¿Coincide con este listón?
-El objetivo para un entrenador debe ser competir día a día y luego el tiempo nos dirá a dónde podemos llegar.
-Pidió a García Macua una serie de fichajes de jugadores de cuajo, como Raúl García, Joseba Llorente y Arteta que no han llegado. ¿Cómo se lo toma?
-Hablé con el presidente de eso al acabar la temporada, pero no quiero acordarme de ello. Para mí sería fácil agarrarme a eso como excusa, pero no lo voy a hacer. El objetivo era traer a esos jugadores, pero no se pudo y hubo que mirar más abajo. Nuestros fichajes han sido los que han sido, chicos que vienen de categorías inferiores y dar protagonismo a jóvenes como Iturraspe y Muniain. No hay que darle más vueltas a lo que pudo haber sido.
- Da la sensación de que hay un cierto punto de frialdad en sus relaciones con el presidente a costa de los fichajes de relumbrón que no han llegado. ¿Es así?
-Mis relaciones con la junta y con él están bien. Son correctas, como siempre. No hay problema.
«Me reservo la opinión»
-El presidente también aseguró esta semana que los fichajes responden a una estrategia planificada. ¿Está usted en esta organización?
-Sí. Hemos traído a Castillo, De Marcos, San José y De Cerio. Al último ya lo seguíamos desde el año pasado y Castillo tiene experiencia en Segunda. Los otros son chicos jóvenes a los que hay que dar tiempo y confianza.
-En esa planificación, ¿tiene también parte en la decisión del club de presentar una oferta de renovación sólo por un año y a la baja a Yeste y Orbaiz?
-Dije en su día que la renovación de Ustaritz me parecía perfecta. Estoy al día de cómo van las gestiones con Yeste y Orbaiz, pero en el tiempo y en el dinero no entro.
-Ha citado a Ustaritz, quien le criticó la pasada campaña por maltratarle anímicamente. ¿Han reconducido su relación?
-Los entrenadores tenemos que tragar muchos sapos y decir, como los políticos, muchas mentiras ante los periodistas. Yo hablé donde tengo que hablar, que fue en el vestuario con el futbolista delante de todos los compañeros. Ahora él trabaja muy bien y hay que pasar página y olvidar. Un entrenador no debe ser rencoroso.
-Se le criticó la cesión de Balenziaga al año de ficharlo, al punto de que un destacado directivo, Juan Manuel Delgado, dijo no entender el paso dado.
-Me reservo la opinión.
-¿Pero cómo se explica ceder a un jugador al que un año antes se ha contratado con un traspaso de un millón?
-Debo ser entrenador de club. He cometido el error de comportarme así en este caso. El comentario de ese directivo ahí queda, para el entorno. Para mí lo más fácil habría sido quedarme con Balenziaga aquí, darle un dorsal y no complicarme la vida. Pero he creído que para el chico es mejor jugar en el Numancia y volver con ese bagaje que estar aquí para ser alineado en pocos partidos. Pero, insisto, dos años de entrenador en el Athletic queman mucho porque hay que tomar decisiones impopulares como sacar del club a futbolistas que llevan mucho tiempo para dar paso a chicos de abajo.
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