A Óscar de Marcos le pilló su fichaje por el Athletic en Laguardia, la villa amurallada de La Rioja alavesa que le vio nacer hace veinte años, entre viñedos y bodegas, donde es un ídolo a tan corta edad. La noticia sobresaltó el verano ordinario de un adolescente al que el fútbol le ha dado una oportunidad para el éxito. Antes de hablar quería cerciorarse de que el traspaso ya era formal. No pretendía meter la pata y ganarse un inmerecido tirón de orejas antes de empezar. La inocencia propia de quien corre a la velocidad de los acontecimientos.
-¿Lo ha dicho el Athletic?, preguntó en respuesta a la llamada de EL CORREO.
-Sí. Ya lo ha anunciado.
-Bien. Pues estoy muy contento. Ni me lo puedo creer.
La voz delataba su estado de excitación contenida. Desde la semana pasada sabía que su nombre estaba de nuevo en boca de los técnicos y dirigentes de la entidad rojiblanca, que era factible su traspaso, un giro vital. La espera ha sido tensa y larga. Y también ha colmado sus deseos. Los De Marcos tiran para San Mamés, igual que para Mendizorroza, por descontado. «La familia es del Athletic. Yo también siempre he sido del Athletic, desde crío», confesó el chaval. Así que sueño cumplido. ¿Y del Alavés? «Pues claro que soy del Alavés. Le estoy muy agradecido por lo que me ha dado», se apresuró a añadir para no herir sensibilidades en Vitoria. «Creo que mi venta es lo mejor para los dos». Lo es. «Salimos ganando. Yo voy a un club grande y el Alavés se beneficia con un dinero que le vendrá muy bien. Con esta oferta podrá sanear un poco su estado económico. Espero que les ayude a mis ex compañeros y a los nuevos jugadores», avanzó en su despedida de albiazul.
«No me asusta»
Ahora espera noticias desde Ibaigane. Su presentación oficial en Bilbao, su incorporación a la plantilla de Joaquín Caparrós... «Espero ir pronto. Creo que están concentrados en Huelva. A ver si voy para allá», expresó el centrocampista alavés. Sin vértigo ni miedos. Da un salto enorme. De Segunda B, la categoría a la que ha caído el equipo vitoriano, a Primera.
«No me asusta. Es un gran paso. Todo lo que sea subir está bien. Conoceré otras cosas. Espero hacerlo bien y espero quedarme en la primera plantilla». Lo tiene en sus manos, mejor dicho, en su botas, en el desparpajo que gasta como jugador de ataque. Luego, Joaquín Caparrós tendrá la última palabra. De momento, el utrerano ya cuenta con un segundo fichaje, otro hombre de corte ofensivo. Un diamante por pulir.
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