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La convulsión en el seno de la directiva y la ausencia de un 'plan B' tras la negativa de Amorrortu abocan al club a un destino incierto
4 de julio de 2009

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El Athletic pierde el rumbo dos meses después de su mayor éxito en 25 años
García Macua, en primer término, y Zárate, en Ibaigane. / EL CORREO
IVÁN ORIO.-

El Athletic ha perdido el rumbo institucional y deportivo sólo dos meses después de disputar la final de Copa ante el Barcelona, su mayor éxito en los últimos 25 años. El período de tiempo que debía haber servido para afianzar el proyecto y dar un nuevo salto de calidad, como subrayó públicamente Fernando García Macua al día siguiente de la ya histórica cita del 13 de mayo, se ha convertido en un tormento que ha dañado sobremanera la imagen del club y le ha abocado a un destino incierto. Ni los dirigentes de Ibaigane, ni mucho menos los aficionados, podían intuir que la mayor movilización rojiblanca de la era moderna daría paso a una concatenación de errores a todos los niveles que ha colocado a la entidad ante una de sus crisis más profundas. Han sido 52 días de luchas internas, fichajes fantasmas, fallos de cálculo y gestiones equivocadas que han dejado el barco a la deriva en puertas de la pretemporada.

La incertidumbre impregna ya hasta el último rincón del Athletic. Joseba Inchaurraga, número dos de la junta y responsable de Lezama, ha dimitido al perder la batalla abierta con Macua; José María Amorrortu, el 'plan B' para la dirección deportiva ante la negativa de Cuco Ziganda, también ha rechazado la oferta; la confusión gobierna la factoría rojiblanca, con destituciones, amagos de ceses y baile de nombres; Ander Herrera, en realidad el único futbolista a tiro para reforzar la plantilla, ha renovado por el Zaragoza; y, salvo milagro, ninguno de los jugadores solicitados por Joaquín Caparrós -Raúl García, Joseba Llorente y Mikel Arteta- vendrán a Bilbao. Son demasiados frentes abiertos para creer en las casualidades e impropios de un club con el ánimo de crecer y de ver la última final de Copa otra vez como un objetivo, y no como una quimera.

La endeblez es palpable y el inexplicable silencio de la directiva en un contexto tan delicado ha alimentado las especulaciones. No era ningún secreto que en su seno convivían diferentes sensibilidades, algo lógico en una plancha que debe integrar al mayor número de sectores, pero el enfrentamiento entre el presidente y el llamado a ser su mano derecha era una bomba de relojería que podía explotar al menor movimiento en falso. Y éste surgió en Lezama, un terreno sagrado para el Athletic por su filosofía y por su necesidad urgente de fabricar productos propios para mejorar su competitividad. Pretender que la cúpula de la cantera rojiblanca trabajara con confianza cuando Macua e Inchaurraga defendían dos proyectos distintos era una meta imposible, como ha quedado demostrado. Ni siquiera el gran papel del juvenil División de Honor en la Copa ha favorecido la firma de una 'tregua' entre ambas partes para buscar una solución consensuada.

Un espejismo

El enroque de los dos mandatarios abrió un proceso de reflexión interna que se plasmó en la búsqueda casi desesperada de un hombre ligado tradicionalmente al club para tomar las riendas de un nuevo proyecto deportivo. La imagen ya estaba entonces muy deteriorada e Ibaigane necesitaba dar un golpe de efecto que acallara las críticas y recondujera la situación. Lo intentó en primer término con la figura de Ziganda, un ex futbolista y técnico muy querido en la casa rojiblanca, pero el navarro quiere volver a entrenar y dijo que no. La junta dirigió entonces su mirada hacia José María Amorrortu, una persona de la casa que conoce a la perfección los entresijos de Lezama y que ya había sido jefe deportivo entre 1994 y 2001. Mientras se producían estas negociaciones, la cúpula y los cuerpos técnicos de la fábrica de talentos han trabajado bajo el signo de la provisionalidad, ya que desconocían si sus decisiones tendrían o no valor con un eventual cambio en el organigrama.

Las conversaciones con el deustoarra iban por buen camino y, entretanto, el Athletic presentó oficialmente al goleador Íñigo Díaz de Cerio, el único fichaje hasta la fecha y con el que ya había un preacuerdo desde el pasado mes de noviembre. Fue un instante de respiro para Macua, presionado por la crisis y cuya incomunicación con Inchaurraga había alcanzado su grado máximo después de que el vicepresidente realizara en Orduña unas declaraciones que tensaron la cuerda con Osasuna. Fue un espejismo porque tampoco la 'vía Amorrortu' ha salido bien. El jefe de la cantera del Atlético ha rechazado la oferta de su club de toda la vida porque no le han concedido las cotas de poder que exigía y porque entiende que, en las actuales circunstancias, la directiva no está en condiciones de incentivar un programa ambicioso que trascienda los dos años que aún le quedan de mandato.

En Ibaigane no ocultan el mazazo que ha supuesto la negativa del entrenador bilbaíno. Macua se enfrenta ahora a una dura disyuntiva. Pocos profesionales desean embarcarse en un proyecto en tiempos revueltos y, mucho menos, como tercer plato, por lo que buscar a estas alturas otro director deportivo en el exterior es muy complicado. Pero hacerlo en el interior de Lezama supondría de alguna manera reconocer la validez del proyecto defendido por Joseba Inchaurraga, una opción a la que no parece estar dispuesto. Así las cosas, cuando sólo faltan tres días para que los futbolistas de la primera plantilla regresen al trabajo, no hay un director deportivo y, al menos oficialmente, tampoco se ha producido una reestructuración en el 'staff' de la cantera a pesar de que las salidas de Luis Solar y Julen Masach, las personas de confianza del hoy ex vicepresidente, parecen cantadas.

Los avales

Si no hay soluciones de urgencia en las próximas horas y las tensiones internas se recrudecen por la falta de medidas, Ibaigane podría encontrarse en el peor de los escenarios posibles: un goteo de dimisiones en el seno de la junta que hiciera temblar sus cimientos. Según ha podido saber este periódico, algunos directivos incómodos por esta coyuntura ingobernable ya habrían planteado al presidente su intención de irse si no se reconducen las cosas en un plazo asumible. A finales de año llegará la hora de aportar los avales que exige la Liga de Fútbol Profesional y, aunque García Macua ha asegurado que no habrá problemas para reunir el dinero, las aguas revueltas podrían entorpecer esa labor.

La dimisión de Inchaurraga es otro frente abierto para Macua, que deberá nombrar cuanto antes al nuevo directivo responsable de Lezama para intentar frenar una crisis galopante. Malos tiempos para el equipo finalista de Copa.

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