
«No tenemos nada que celebrar, porque no hemos ganado nada». La sentencia es de Markel Susaeta. El joven jugador la pronunció ayer, apenas seis horas antes de que una marea humana inundara las calles de Bilbao para agradecer a los futbolistas haberles permitido soñar con volver a ganar la Copa del Rey veinticinco años después. Minutos más tarde, su compañero Gorka Iraizoz profundizó en ella: «Nos tienen que entender que es un momento duro para nosotros. A veces necesitamos un momento de tranquilidad y reflexión». No había ganas de celebraciones en el vestuario rojiblanco. Todos querían pasar página, y cuanto antes. Las palabras de los dos futbolistas cayeron como una losa entre los responsables municipales y forales, quienes temieron que los subcampeones de Copa renunciaran a recorrer las calles para ser agasajados por la afición.
La opinión generalizada en la plantilla era que una recepción multitudinaria estaba fuera de lugar después de haber perdido la final y por un contundente 4-1. El vestuario estaba un poco aturdido por la situación a la que se enfrentaba: celebrar una derrota. Además, tanto los futbolistas como los propios dirigentes del club entendían que este tipo de actos devalúan el valor de futuros éxitos. Durante la jornada, hubo momentos en los que se llegó a poner en duda la participación de los jugadores en el paseo desde San Antón hasta el Ayuntamiento, que finalmente realizaron a pie - estaba previsto hacerlo en un autobús descapotable, lo que no gustaba a los futbolistas,- ante la masiva presencia de hinchas.
El paseo de los profesionales hasta el edificio consistorial resolvió todas las dudas y calmó los nervios del los responsables municipales y del Athletic, que temían que los futbolistas llegaran en su autobús oficial, lo que hubiera evitado el acercamiento con los hinchas.
Ante las dudas que surgieron sobre la programación del homenaje, el Ayuntamiento aseguró a este periódico que los actos estaban preparados desde hace tiempo, y que el Athletic estaba perfectamente informado de la existencia «de un plan A y un plan B»; es decir, «gabarra en caso de victoria, y recepción institucional en caso de derrota». El doble programa de actos se cerró con tiempo, e incluso el Ayuntamiento, que expresó su «sorpresa» por la inicial reacción negativa de los jugadores, ya había anunciado el miércoles por la mañana, antes de jugarse la final, una convocatoria para los medios el jueves en la que anunciaría la recepción.
La posición contraria de los jugadores no se gestó hasta el jueves. En plena resaca por la derrota frente al Barcelona, la plantilla tuvo conocimiento de que el consistorio bilbaíno había preparado una serie de actos , entre los que estaban un paseo en autobús descubierto para que la plantilla recibiera el calor de los aficionados.
Los futbolistas, muy tocados tras haber perdido la final, valoraron en el vestuario la inconveniencia de tomar parte en un acto como el de ayer. Nadie estaba con ganas de pasear por Bilbao, tal y como dejaron claro ayer por la mañana tanto Susaeta como Iraizoz. El eibarrés fue el más contundente a la hora de exponer su rechazo a participar en la fiesta, que calificó de «excesiva». «Lo del autobús descubierto es una tontería que no tiene ni pies ni cabeza. Vamos a intentar agradar a todos, pero con pocas ganas. El domingo hay un partido y no entra en ninguna cabeza que el viernes se haga un acto de estos», criticó.
Iraizoz, diplomático
Más diplomático fue Gorka Iraizoz, quien dijo entender la reacción de los aficionados, a los que se mostró «muy agradecido». «Es una invitación que hemos tenido del pueblo de Vizcaya y de Bilbao y como tal estamos agradecidos a toda esa gente que siempre está con nosotros. Pero nos tienen que entender que es un momento duro para nosotros y que hemos vivido momentos difíciles en las últimas horas», explicó el guardameta, que dejó claro que en la plantilla no hay espíritu para fiestas después de haber perdido la oportunidad de alcanzar un título tras 25 años de espera.
Todavía hundidos y con ganas de pasar página cuanto antes, Iraizoz se dirigió de nuevo a los aficionados rojiblancos. «Se les agradece que estén con nosotros, pero a veces necesitamos nuestro momento de tranquilidad y reflexión pero que es importante para salir adelante. Queremos que esto pase», pidió.
Iraizoz desveló cual hubiera sido la forma deseada por la plantilla a la hora de sentir el calor del público tras haber disputado una final de Copa 24 años después. «Nos hubiera gustado algo más íntimo, más adelante, por ejemplo en San Mamés cuando juguemos contra el Atlético».
Pero horas después, todas las reticencias quedaron atrás. El homenaje masivo de la afición rojiblanca caló en unos jugadores que disfrutaron de lo lindo de un momento único e inolvidable.
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