
La felicidad de Barcelona cabe en un balón de fútbol. El mismo que reventó Andrés Iniesta para ganarse el cielo, de color azulgrana. «Fue uno de los momentos más felices de mi vida», confesó el salvador de Fuentealbilla, elevado a los altares tras su derechazo redentor en Stamford Bridge. La Ciudad Condal, embriagada por el éxito y con la mirada escorada hacia Roma, destino en el que desembocan todos los caminos, amaneció ayer efervescente y con un solo tema de conversación. Con un solo nombre en los labios. Con un solo recuerdo; la de una noche mágica que prolongó el estado de euforia en el que habita el barcelonismo. Que nadie les pellizque; no piensan despertar.
El golazo de Iniesta transformó Barcelona, material dúctil, hecho de sueños, hasta convertirla en una ciudad de adjetivos. «Majestuoso», «imperial», «heroico», «éxtasis»... Los comentarios fluían por las calles, bares, parques, tiendas, restaurantes, taxis. Aguarda el 27 de mayo, la final, los 'diablos rojos'. Escaseaban periódicos, generosos con las fotos de los héroes. Rostros esculpidos por la felicidad. Las banderas colgaban de los balcones, había un desfile de camisetas en los aledaños del Camp Nou y la zona universitaria y la gente no se puso bufanda porque el mercurio se estiró casi hasta los 30 grados. Los barceloneses hablaban del «triunfo del fútbol», de la «fe» de los hombres de Guardiola y de que se «merecían» estar en la capital de Italia. Dentro de diecinueve días, el 27-M, los azulgrana disputarán su sexta final de la Liga de Campeones tras las jugadas en Berna (1961), Sevilla (1986), Londres (1992), Atenas (1994) y París (2006).
La clasificación, al igual que el triunfo ante el Real Madrid, encendió las calles de la capital. Estallido de júbilo. Cerca de 7.000 hinchas tomaron la fuente de Canaletas para celebrar el milagro de Stamford Bridge. Venerar la pepita de oro que envenenó a Chech. La alegría se desbordó y, según la Guardia Urbana, siete personas fueron detenidas por «desórdenes públicos y atentado contra los policías». No pasó de ahí. Un simple exceso de adrenalina. Ya a las cinco de la mañana, un millar de aficionados acudió al aeropuerto de El Prat para recibir a sus ídolos. Uno de ellos lanzó una propuesta al Ayuntamiento: «Lo que deberían hacer es dedicar una calle a Iniesta». Ya la tiene en Fuentealbilla, su pueblo natal, ya en el mapa, pero su gol bien se merece otra placa.
«Sin errores»
En torno al Barcelona se ha creado un aura de imbatibilidad que hace pensar que todo es posible. Un aficionado resumió ayer el sentir general de la grada: «Sólo se nos puede ganar si el equipo rival juega sin errores». Lo sabe bien el Chelsea, artillería pesada, equipo que se mueve con orugas. Blindaje contra el fútbol. Ajedrez 'versus' belleza. El conjunto londinense cometió un fallo, uno, y se gripó su corazón de acero. Al contrario de lo que ocurre en Inglaterra -la prensa, los aficionados y los jugadores echan pestes contra el árbitro noruego-, en la Ciudad Condal apenas se comenta la controvertida labor del colegiado. Por lo bajo se admite «un par de penaltis» no pitados.
De todos modos, el Chelsea ha enseñado el camino al Athletic. Lo que conviene hacer. Qué armas usar. Cómo sobrevivir a una máquina de fabricar fútbol. Javi Martínez debe emular a Essien, inmenso en su generosidad y despliegue físico; el centro del campo y la delantera han de arropar a sus laterales como lo hicieron Malouda, Lampard, Drogba y hasta Anelka; jugar como un bloque sólido y sin fisuras para cortocircuitar los conductos de circulación; y, por último, tener suerte. Los de Hiddink completaron una perfecta partida de ajedrez, aunque no fue suficiente para ahogar el talento y la fe de un Barça imperial. Los londinenses jugaron con los peones, los azulgrana mandaron a la guerra a la reina.
Mientras Drogba clamaba «esto es una jodida vergüenza»; mientras Hiddink aseguraba no haber visto nunca «una actuación arbitral tan mala en toda mi carrera»; mientras Bosingwa dudaba de si Henning Ovrebo era un «ladrón o colegiado»; y mientras la prensa inglesa bautizaba a Iniesta como el "rompecorazones" de los 'blues', el Barcelona ya piensa en el 'triplete'. En hacer historia. El domingo recibe al Villarreal y puede cantar el alirón liguero, siempre y cuando el Real Madrid empate o pierda contra el Valencia. «No tenemos prisa», decía ayer un hincha de Teruel que comparaba el tanto del manchego con el logrado por Bakero ante el Kaiserslautern en 1991. Un cabezazo del vasco en el último minuto metió al equipo en los cuartos de final de la 'Champions' ¿Roma puede desviar la atención de la Copa? ¿Que los de Guardiola se descuiden ante el Athletic? Todos coinciden en señalar que este Barça «tiene mucha hambre». Quieren los tres títulos, el poder absoluto. La criatura perfecta de Pep.
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