
Son las diez de la mañana. Queda media hora para el entrenamiento del Sporting en Mareo. Jorge y Barral desayunan, en mesas cercanas pero separadas, en la cafetería de las instalaciones rojiblancas. Café con leche, tostada con aceite y el diario 'El Comercio'. Enseguida se ocupa el lugar que queda libre a su lado. Entran media docena de 'Ultraboys'. Llegan sedientos. Han sudado colocando las pancartas que recibirán a los jugadores en el entrenamiento. «Que tu fe nunca decaiga... Cabeza alta y a luchar», reza la primera. «Luchamos por ti, venced por nosotros». Jorge es el primero que se levanta. ¿Qué se debe? Está hecho.
Dos horas después, Iñaki Lafuente atiende a EL CORREO en esa cafetería. El bilbaíno Iñaki Tejada, segundo de Preciado, saluda. «Antes de venir me informé. Hablé con Juanjo Valencia, que había estado aquí, y con otra gente. Todos me dijeron lo mismo, que esto es una gran familia. Los jugadores y los directivos tenemos nuestro centro de trabajo en Mareo. Aquí te cruzas con el presidente cada poco. La cercanía es total. Me encanta el club».
Cuando para otros llega el momento de atornillarse en una escuadra a la espera de final de la carrera, a sus 33 años, Lafuente se presentó cedido a Gijón el 13 de enero. Con la condición de que no puede jugar ante el Athletic. Una campaña antes había militado en la misma situación en el Espanyol. Recuperado Cuéllar, lesionado en la primera vuelta en San Mamés, el portero de Retuerto ha cedido su sitio. «Me fastidia porque estoy muy a gusto y me tratan fenomenal. Además, es un momento en el que te apetece aportar para salir de abajo. De todas formas, cuando llegué, ya sabía lo que había. Desde fuera, aportaré para ayudar al Sporting».
Gijón vive estos días una especie de exaltación sportinguista. Anima a su equipo con una fuerza que se asemeja a la empleada en Bilbao para la final de Copa. Los taxis lucen lemas en favor de la permanencia en Primera. Las banderas rojiblancas cuelgan de los balcones. Las localidades de El Molinón se agotaron a las pocas horas de salir a la venta. La ciudad es un coro unánime en favor de su equipo.
En la mala dinámica
Ahogado por las deudas y sometido a una intervención judicial, el club sobrevivió tercamente durante diez años en Segunda, contrariamente a toda expectativa. El domingo, tras una racha de seis partidos seguidos perdidos, volvió a verse en descenso. «Hemos entrado en la dinámica mala, en la que uno se resbala en el momento menos oportuno, otro despeja y el rebote le cae a un delantero... Tenemos que romper la racha y esperemos que sea ante el Athletic».
A pesar de los infortunios, el club se ha conjurado para creer en la victoria. Se considera esencial para seguir en Primera. «Si ganamos, nos mantenemos. Seguro. La gente lo ha interiorizado así. La afición lo ha pasado mal los últimos diez años. Ahora que el club sale del pozo, ir de nuevo a Segunda sería un palo. El equipo se va a agarrar a Primera con todo. Gran parte del aspecto económico pasa por seguir en esta categoría porque es aquí donde se pueden saldar rápido las deudas».
Siete puntos separan al Athletic de los asturianos. Pero el equipo vizcaíno no puede permitirse un error esta tarde, según el diagnóstico de Lafuente. El portero mira hacia atrás y pone como ejemplo lo que le sucedió la pasada campaña en el Espanyol. «En la primera vuelta estábamos casi salvados. Empezamos a perder y nos dijimos 'no pasa nada, ya ganaremos', pero si la temporada dura tres jornadas más igual nos vamos para abajo». Aquel Espanyol de Ernesto Valverde concluyó la campaña con apenas dos puntos de ventaja sobre el descenso.
Aprovecha el recuerdo para poner sobre la mesa la situación bilbaína. «La gente dice que el Athletic está salvado. Ya, pero si les ganamos, nos colocamos a cuatro puntos y ellos con una final de Copa de por medio. Hay que andarse con cuidado. Además, si caen aquí, no podrán reservar jugadores para la final el sábado ante el Betis».
Cuando concluya el curso, Lafuente regresará al Athletic, en donde le queda una campaña de contrato. En Gijón se da por hecho que si el equipo se salva, negociará su fichaje. El portero no quiere mirar al porvenir, aunque admite que, llegado el caso, «sería receptivo» a este planteamiento. «Estoy a gusto y han apostado por mí. Es un club a mi medida, con gente muy unida y comprometida, algo difícil hoy en día». Lafuente ha encontrado una nueva familia en Mareo.
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