
Bernardino González Vázquez acabó ayer con un dolor agudo en el hombro derecho. El brazo no paraba de subir y bajar. Un resorte. Hizo historia el árbitro gallego y ya figura en el libro de los récords de la Liga. El colegiado mostró la friolera de diecisiete tarjetas amarillas -sí, lo han leído bien-, expulsó a cinco jugadores -dos del Athletic y tres del Racing- y todavía le dio tiempo a 'cargarse' al preparador físico del conjunto cántabro por hablar más de la cuenta. Todo ello en 90 minutos. Una marca a batir. La buena noticia de la tarde fue el resultado, el marcador, los tres puntos que ya figuran en una más que saneada cuenta rojiblanca.
El baile de las cartulinas comenzó en el minuto 19. Bien prontito, antes de la hora del bocata. Garay, central argentino cedido por el Real Madrid, extendió el brazo más de lo debido y golpeó a Toquero «sin intención de hacer daño». Lo dice el acta. Amarilla. Poco después le tocó el turno a Pedro Munitis, el jugador más silbado por San Mamés, y el 'hombre de negro' cogió carrerilla. Casi se le descose el bolsillo de tanto llevarse la mano al pecho. El primero en caer del Athletic fue Yeste. Agarró a Tchité y el hombre de las cinco nacionalidades diferentes se fue al suelo. Amonestado. Luego vio otra, en la segunda mitad, y enrojeció. Roja injusta. Ni fue penalti ni fue tarjeta.
Así que los primeros 45 minutos se cerraron con seis cartulinas amarillas -cinco para el Racing y una para el Athletic- sin que hubiera de por medio ni una sola entrada fea. Todo fueron faltas normales, hasta 'faltitas', pero González Vázquez abrazó su versión más autoritaria. Y lo peor vino en la reanudación. Lluvia de tarjetas y los jugadores sin paraguas. Expulsó a Yeste; se equivocó. Expulsó a Orbaiz; acertó. Expulsó a Marcano, a Pinillos, a Pereira; ¿acertó? ¿se equivocó? Es difícil saberlo. La sobredosis de sanciones anuló el buen juicio tanto del público como del propio colegiado. Antes, en el minuto 67, se 'cargó' al preparador físico del equipo cántabro por increpar a uno de los asistentes. Lo reflejó en el acta: «¡Joder, pítala, que le ha dado con el codo. No tienes ni puta idea, hostia, no nos pitas ni una. No te enteras de nada!». El deslenguado se fue a la calle.
El 'libro' de Caparrós
A pesar de la escabechina sancionadora, ninguno de los dos técnicos quiso cargar contra el árbitro. De hecho, Joaquín Caparrós ni siquiera mostró un atisbo de sorpresa. «He visto de todo en mi carrera. Podría escribir un libro, una enciclopedia. Pero una vez acabado el partido, no hay que echar más gasolina». Sobre todo cuando se gana. En el lado perdedor, Juan Ramón López Muñiz. «Son partidos de final de temporada y es normal que haya tensión. Todos nos jugamos mucho. El árbitro lo hizo lo más honradamente posible y no me corresponde a mí valorar su trabajo».
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